jueves 26 de junio de 2008

TRAVESÍA DEL MEDITERRÁNEO VII. 3ª ETAPA

Un día y medio permanecimos amarrados en los pantalanes del club náutico del Puerto de Santamaría, donde desembarcaron tres tripulantes, Julián, Toni y el tocayo Jorge (espero que le haya ido bien en su examen cálculos de navegación para C.Y.). Otros dos embarcaron, Fátima y Jesús. El sábado temprano largamos amarras para dirigirnos al vecino Puerto Sherry para hacer gas-oil, y a media mañana zarpamos hacia la salida de la bahía para dirigirnos al Estrecho. El parte meteorológico anunciaba levante fuerte para la zona del Estrecho, sin embargo en principio teníamos un SW flojo con mar rizada que nos permitió alternar la navegación a motor con la navegación a vela en ceñida. Pronto se fue yendo el viento más a la proa, a la vez que iba arreciando y la mar creciendo. Cuando llegamos a estar al través de Cabo Trafalgar el viento ya había llegado a los 30 nudos acompañado de una mar algo incómoda. Tomamos un rizo a la mayor y al poco tiempo metimos el segundo, pero poco duró, pues casi inmediatamente reventó en ollado de amura de ese rizo, así que tuvimos que meter el tercero, lo cual no vino nada mal. Varias veces escuchamos el Pan, Pan, Pan que avisaba de la desaparición de un buzo por la zona en que nos encontrábamos, así que navegábamos rodeados por dos embarcaciones de salvamento marítimo, una de la guardia civil y dos helicópteros. El parte meteo del VHF anunciaba rachas atemporaladas en el Estrecho para esa noche, y dado que no habíamos venido a sufrir y que había que cuidar el barco, decidimos recalar en el puerto de Barbate para pasar la noche.
Cenita buena a base de productos locales en el pueblo y chupito de licor café a bordo antes de acostarse, mientras el viento silbaba en los obenques. A la mañana siguiente el viento había desaparecido, aparentemente. Tras prepararlo todo y consultar los partes meteo, dejamos el puerto. Antes de salir por la bocana, y librar la almadraba que hay enfrente, ya empezó de nuevo a soplar. No tardó mucho en alcanzar los 35 nudos de proa, y antes de llegar a Isla Tarifa las rachas superaban los 40. Penoso avance hacia el Estrecho, contra viento, mar y corriente. Buscando, dentro de lo posible, una mar más cómoda, navegábamos pegados a la costa, a pesar de que ahí la corriente era de 2 nudos en contra. Navegábamos sólo a motor y los rociones eran constantes, pero a primera hora de la tarde doblábamos Isla Tarifa, donde ya íbamos por el carril de corriente favorable y en menos de quince minutos las condiciones mejoraron espectacularmente. Salimos del Estrecho con una suave brisa y el mar plano. Cosas del Estrecho ;-), al igual que el intenso tráfico, sobre todo cruzado, al pasar por delante de Algeciras y Gibraltar. Esquivamos algunos buques e izamos la vela mayor, pero debido a la escasez de viento tuvimos que mantener la propulsión a motor.
A la salida del Estrecho pudimos ver ballenas, en concreto calderones, una tortuga y muchos delfines, que siempre animan, dándonos la bienvenida al Mediterráneo. La tarde transcurrió con tranquilidad, una suave brisa y mar como un plato. Llama la atención la increíble diferencia de las condiciones de mar y viento entre las pocas millas que separan la entrada y la salida del Estrecho… A la puesta de sol, el chef Jesús, que el día anterior nos había preparado un delicioso pollo al curry con arroz, ahora nos deleitó con unas costillas de cerdo a la miel acompañadas de una ensalada de tomate para la cena, ¡para chuparse los dedos! ;-). Da gusto tener a bordo tripulantes cocinillas ;-)
La noche continuó en calma, navegando con mayor y a motor haciendo unos 6 nudos de velocidad. Dos guardias, compuestas por dos tripulantes, de tres horas de duración (de 24:00h a 03:00h, de 03:00h a 06:00h, de 06:00h a 09:00h y de 09:00h a 12:00h).
A la hora de tumbarme en la litera me quedo dormido escuchando el agua correr a través del casco, qué mejor nana… ;-) Por la mañana, con brisa de poniente, continuamos a motor. Llamo al puerto de San José para preguntar si el surtidor de gas-oil funciona sin problemas, pero el amable capitán de puerto me avisa de que están haciendo obras de reforma, así que cambio el rumbo para dirigirnos hacia la marina de Almerimar. Al rato recibo llamada del armador comunicándome que ha hablado con un velero amigo en Torrevieja para hacer la reparación del ollado del rizo de la mayor roto. Haciendo unos cálculos comprobamos que tenemos combustible suficiente para llegar hasta allí con cierto margen, teniendo en cuenta que el parte meteo de VHF da vientos del W fuerza 2-3 para Almería oriental, así que volvemos a cambiar de rumbo. Todo indica que tendremos que seguir ayudados por el motor.
Por lo demás, pocas novedades, salvo el cruce con un precioso bergantín de tres palos, con velas cuadras en el mástil de trinquete y aparejo de cangreja en el mástil mayor y de mesana. Esa tarde alcanzamos el Cabo de Gata, recorriendo toda la costa del espectacular parque natural a menos de una milla de tierra. Me encanta esa costa con sus altas montañas que forman los cabos a su llegada al mar. Al dejarlas atrás, oscuras nubes se acumulan en sus cumbres llegando desde el Oeste, mientras nosotros seguimos a rumbo directo hacia la siguiente “esquina” de la derrota, Cabo de Palos, que alcanzamos esa madrugada. Dejamos las Islas Hormigas por babor y recorremos las últimas 18 millas de la etapa hasta Torrevieja (Alicante), único tramo en que pudimos disfrutar algo de la navegación a vela, con viento del 140º. Arribamos a la novísima Marina Salinas al medio día. Poco después de amarrar llegó a bordo el velero para recoger la vela mayor que había que reparar, así como el bimini para hacerle unas modificaciones. Fregado de cubierta, algunas reparaciones de poca importancia, arranchado general y antes de disponernos a comer otro apetitoso plato preparado por el chef Roberto, a primeras horas de la tarde, volvió el velero con el trabajo terminado. Im-Presionante ;-) Con el estómago lleno, el calor ya se hacía notar y se imponía una merecida siesta, después una reconfortante duchita, colada y volver a montar el bimini (que nos protegerá del incisivo Lorenzo) y la mayor.
Al anochecer llegaron a bordo el armador junto a unos invitados, con lo que ahora éramos ocho.
Quedaba por hacer una compra y repostar gas-oil, por lo que la intención inicial era pasar la noche en la marina y zarpar por la mañana hacia Formentera, una vez solventados esos dos puntos, pero hubo cambio de planes.

viernes 20 de junio de 2008

TRAVESÍA AL MEDITERRÁNEO VII. 2ª ETAPA

En Bayona se bajaron tres tripulantes y embarcó uno, con lo que en esta segunda etapa hacia Cádiz la tripulación del “Cadenote Uno” está formada por cinco miembros. Julián, Toni, un servidor, Roberto y Jorge (el tocayo;-)
Pasado el pequeño frente del SW, el lunes a media mañana fueron aumentando los claros en el cielo a la vez que empezaba a entrar el viento del Norte, momento en el que zarpamos de Bayona, en principio hacia la salida de la Ría y, doblado el Cabo Silleiro, pudimos ya arrumbar prácticamente hacia el Sur. Foto de Jorge Cª.Cabañero
El parte meteo anunciaba viento Norte de entre 15 y 20 nudos, más intenso cuanto más separado de tierra, así que optamos por ir a buscarlo hacia afuera hasta entrar en la zona de 20-25 nudos y poder corregir el rumbo hacia las Islas Berlengas y Faralloes. Pronto se despejó el cielo y navegamos con mayor, trinqueta y génova a un largo, haciendo entre 7 y 8 nudos de velocidad con unos 15 nudos de viento en una navegación ciertamente placentera. Según iba trascurriendo el día el viento se entabló del Norte pero fue aumentando en intensidad, 15, 20, 25, 30 … nudos. La mar también fue creciendo paulatinamente, de rizada a marejada y hasta llegar a una fuerte marejada bien formada, sobre la que el barco patinaba veloz, prácticamente sin bajar de 10 nudos, con puntas de 14 y 15 nudos que en alguna ocasión rozaron los 18 nudos de velocidad de planeo. Foto de Jorge Gª CabañeroAunque el piloto automático se hacía perfectamente con el barco, disfrutamos de estas condiciones con el timón a la mano y todo el trapo arriba ¡Qué buen navegar! Foto de Jorge Gª Cabañero
Las olas crecían por popa y deshacían sus crestas en espuma, mientras el barco arrancaba a planear deslizándose a gran velocidad. A última hora de la tarde optamos por tomar un rizo a la vela mayor, recoger el génova y seguir navegando con la trinqueta con intención de pasar la noche con mayor tranquilidad. Sin embargo el barco siguió navegando a 10-14 nudos de velocidad.
Es difícil plasmar en fotografía el tamaño de las olas, no obstante lo intenté y el resultado fue al menos orientativo de las condiciones reinantes. Antes de ocultarse el sol por el Oeste, la luna ya lucía alta, casi llena, por el Este, la cual nos iluminó durante gran parte de la noche, que transcurrió movidita. La mar y el viento se mantuvieron fuertes durante toda la noche y la mañana siguiente. Temprano, después de haber trasluchado al amanecer para acercarnos hacia tierra, avistamos ya por la amura de babor las Islas Farilhao y Berlenga. Seguimos unas horas con rumbo de aproximación a tierra hasta que volvimos a trasluchar para continuar paralelos a la costa, con menos mar, antes de Cabo da Roca. Una nueva trasluchada en la bahía de Lisboa para enfilar hacia el Cabo Espichel, y dada la mejora de la mar aprovechamos para realizar tareas pendientes en el palo. No es que fuese extrictamente necesario, pero apetecía hacer también alguna foto desde el palo ;-) El estado de la mar también nos permitió cocinar nuestra primera comida caliente a bordo. Deliciosos macarrones del chef Roberto ;-)

A media tarde doblamos Cabo Espichel para dirigirnos hacia Sesimbra. Al socaire del cabo la mar estaba llana, pero el viento, lejos de amainar, arreció, a pesar de encontrarnos bajo una costa muy alta que en teoría debería protegernos del viento del Norte. Orzamos hasta un descuartelar navegando a 8-9 nudos y enseguida arribamos al marinero puerto de Sesimbra con intención de pasar la noche. Tras una reconfortante ducha, cena en el “Tic-Tic”, restaurante portuario en el que ya anteriormente tuve ocasión de saborear el delicioso arroz tamboril, al que esta vez acompañó un jugoso y gran pescado a la brasa de leña, aunque caro hay que reconocer que estaba muy bueno.
Después volvimos al barco, donde estuvimos viendo un DVD de la Vendée Globe antes de acostarnos (por si no hubiésemos tenido suficientes olas y mar ;-). Revisión de amarras y al catre.
El miércoles amaneció otro día estupendo, aunque en principio con bastante menos viento, y zarpamos a las 10:30 HRB con rumbo a Cabo San Vicente, que se encuentra a unas 86 millas al Sur.
Durante las primeras millas, y durante la travesía, prácticas de posicionamiento con el sextante por parte de mi tocayo Jorge, sólo unos 4 minutos de error ¡muy bien!
Rápidamente fue aumentando el viento que venía de la aleta con 12-15 nudos de intensidad. Estupenda ocasión para probar el nuevo gennaker. Izamos el “calcetín” de gennaker y sin esfuerzo enseguida estaba tirando del barco a 8-9 nudos de velocidad, luego le siguió la trinqueta, con lo que pronto nos encontramos navegando con mayor, trinqueta y gennaker a unos 9-10 nudos de velocidad con una mar estupenda en una luminosa mañana azul. ¡Precioso! Hay barcos con los que puedo tardar más o menos millas en sentirme cómodo y cogerles cariño, con el “Cadenote Uno” ha sido como una especie de flechazo, enseguida me ha mostrado su potencial y sus virtudes marineras. Estoy contento de que esté a mi cargo, es un buen barco, cómodo y veloz.
Mientras comíamos, el viento llegó a los 18-20 nudos y el piloto no pudo detener una orzada. Era el momento de recoger el gennaker. También arriamos la trinqueta y desplegamos el génova.
Al poco de terminar de comer, un aviso por VHF sobre unas prácticas de fuego real de la Armada portuguesa. Tras recoger las coordenadas de la zona de exclusión comprobamos que nos encontrábamos recorriendo uno de sus límites, y a continuación vimos aparecer la flota compuesta por seis buques en formación que pasaron a dos o tres millas por nuestro babor. Pronto dejamos atrás la zona y disfrutamos de una tranquila y agradable tarde de navegación con viento en popa. Entre siestas, charla, lectura o escritura de estas líneas, fue pasando la tarde, aunque también hubo tiempo para la simple contemplación. A pocas millas de Cabo San Vicente, puesta de sol, buscando el rayo verde ;-) y salida de luna, siempre un espectáculo.

Foto de Jorge Gª Cabañero

Al doblar el cabo trasluchamos y arreció el viento, navegando a un largo amurados a babor, haciendo 9-12 nudos de velocidad con unos 25 nudos de viento, entre el brillo de la luna llena y el haz de luz del faro… Buf! Qué puedo decir, hay que vivirlo. Una maravilla ¡!! Fotos nocturnas cortesía del tripulante Toni
Al cabo de un par de horas el viento y la mar fueron amainando hasta que finalmente, de madrugada, se quedaron casi por completo. Así que al sur de Faro recogida de génova y 1.500 revoluciones al motor. Mar en calma y olor a pinares en el aire… el Algarbe portugués.
Con las primeros rayos de sol, el cruce con el buque escuela polaco “Podoria” rompe un poco con la monotonía, y seguimos haciendo rumbo 102º hacia la bahía de Cádiz, a la espera de que salte el viento térmico. Ahora navegamos a unos 6 nudos, y si todo va bién estimamos llegar a primera hora de la noche al Puerto de Santamaría.
En estos momentos escucho movimiento de maniobra en cubierta, están desplegando el génova y han bajado las revoluciones del motor hasta apagarlo. El repetidor que tengo en la mesa de cartas indica unos 8-9 nudos de viento real de ceñida, lo que nos permite hacer entre 4 y 5 nudos de velocidad. A ver qué pasa… Por lo de ahora el viento ya ha bajado un poquito, a 7-8 y la velocidad en torno a los 4 nudos…
Por fin se ha entablado el viento del NE con 12-14 nudos de intensidad y marejadilla, lo que nos permite navegar a unos 6-7 nudos de velocidad en ceñida. Una mañana magnífica en la que se hace notar la luminosidad del sur. El barco navega alegre guiado por el piloto de viento, mientras el Max Sea va grabando las polares del barco. Esto de las nuevas tecnologías es la leche, aunque donde estén unas buenas lanillas en los obenques… ;-)
Es medio día y el viento ha rolado al sur pero se ha venido abajo. Recogemos génova y volvemos a encender motor.
El sol empieza a apretar, por lo que desplegamos el toldo para comer en cubierta, incluso alguno se ha dado un bañito de sobremesa.
Estamos a 25 millas de Cádiz, así que llegaremos a primera hora de esta noche.
El parte meteorológico anuncia vientos de componente Este, fuerza 4-5, para el sábado en el Estrecho. Mala suerte, a ver si se equivocan.

Por fin arribamos a los pantalanes del Puerto de Santamaría pasadas las 12 de la noche, en donde permaneceremos hasta mañana por la mañana. Si de alguna manera tuviese que definir esta segunda etapa desde Bayona hasta Cádiz diría que ha sido una travesía rápida y agradable.

domingo 15 de junio de 2008

TRAVESÍA AL MEDITERRANEO VI

PRIMERA ETAPA

Por fin ayer sábado 14 de junio zarpamos como estaba previsto. Salíamos por la bocana del Puerto de Sada a medio día, tras efectuar las típicas tareas de última hora, a motor hasta la salida de la ría, y una vez fuera pudimos izar mayor, génova y trinqueta para navegar a un través a 7–8 nudos de velocidad con rumbo 270º hacia las Islas Sisargas.
Para esta primera etapa siete fuimos los tripulantes del “Cadenote Uno”, y en cuanto pusimos el barco a andar pudimos disfrutar de un ágape en cubierta por cortesía de los armadores del barco (Beti, muy rica la empanada de xoubas ;-) Un brindis a vuestra salud !!!
Navegamos a buen ritmo hasta pasadas las Islas, con la ya habitual visita de los delfines, donde el viento empezó a decaer, momento en que nos cruzamos con el catamarán ketch de la organización de investigación oceanográfica “Océana”.
Más tarde el viento se vino abajo por completo, con unas condiciones de mar poco habituales en la zona, que junto con la llegada de las primeras nubes del frente que se avecinaba, presentaba una estampa de serena belleza, presagio de que las condiciones iban a cambiar, como así fue.
Anocheció ya navegando a motor y con la mayor izada, y bien entrada la noche comenzó a soplar el viento por proa, acompañado de chubascos, ligeros al principio, que alcanzaron más intensidad junto con unos 25 nudos de viento al amanecer. Con poca visibilidad pasamos las Islas Cíes, dejándolas por nuestro babor, hasta que pudimos enfilar hacia la boca de la Ría de Bayona, y finalmente, a las 09:00h. de esta mañana arribamos al Monterreal Club de Yates de Bayona, en cuyos pantalanes nos encontramos amarrados en este momento.
Mañana lunes zarparemos de nuevo rumbo al Sur, hacia Cádiz, bajando a lo largo de la costa portuguesa.
Ni que decir tiene que el barco, en su travesía inaugural ha estado a la altura de las circunstancias. Bravo por el “Cadenote Uno” ;-)

viernes 13 de junio de 2008

TRAVESÍA DEL MEDITERRÁNEO V

Los últimos días antes de zarpar es una vorágine de trabajos de última hora a bordo. El "Cadenote Uno" esperando en su amarre para zarpar
En velería hacen los últimos ajustes a las velas, cambio de patines al grátil de mayor así como modificación de sables forzados superiores, remate de trinqueta y su funda de cubierta, además de terminar el gennaker con su “calcetín”. Nuestra velera jefe, Aurora, revisando el trabajo.
Los electrónicos rematan también la instalación de instrumentos y aparatos, mientras en cubierta terminamos con los detalles de la jarcia con la sustitución del estay de trinqueta, babystay y colocación de lazy jacks, amén de la colocación de un tercer rizo a la mayor y completar el acastillaje de cubierta.
Por otro lado se han subido y estibado a bordo todos los elementos de seguridad y menaje.
Se ha incorporado a bordo un ordenador portáti con acceso a Internet que posiblemente me permita seguir actualizando el blog durante las travesías, además de instalar el nuevo software de navegación MaxSea.
El jueves hemos salido al mar para calibrar la electrónica y puesta a punto de las funciones del GPS plotter-radar.
En definitiva, hoy se rematarán las tareas pendientes para poder zarpar hacia el Mediterráneo, con todo completo, mañana sábado por la mañana.
Lástima de condiciones meteorológicas, ya que durante las últimas dos semanas hemos gozado de un buen viento del Norte y una climatología estupenda, sin embargo para mañana se prevé una disminución de la intensidad de viento así como la aparición de nubes, que pueden convertirse en lloviznas para el domingo, con un cambio de viento que irá rolando hacia el Oeste hasta llegar al Suroeste. De todas formas la predicción para los próximos días, por aguas portuguesas vuelve a ser de Nortes y mejoría del tiempo.
Muchas millas y días por delante hasta llegar a nuestro destino en Baleares. Muchos más aún durante los próximos tres meses a bordo por aguas del Mare Nostrum. Eso sí, con uno de los barcos más completos, en cuanto a equipamiento, que he tenido el placer de navegar últimamente.
Espero, con el paso de los días, llegar a dominar completamente todas las novedades que se han instalado a bordo y que Neptuno y Eolo nos acompañen ;-)

sábado 7 de junio de 2008

A LAS MADURAS Y A LAS DURAS

Ajetreada semana esta, después de bajar desde Sada hasta Moaña el Bavaria 31 el fin de semana pasado, dos barcos más han corrido la misma suerte esta semana (o casi), exponentes de que en esto de navegar hay que estar a las duras y a las maduras.
El pasado martes fueron las maduras… mi hermano me acompañó a bajar también desde Sada hasta Vigo una Bavaria 37 Sport. Los barcos de motor siempre me han atraído menos, pero he de reconocer que tiene su punto hacer de vez en cuando las 130 millas que separan los dos puertos en menos de siete horas. La verdad es que es bastante espectacular navegar por las aguas de Vilán, Touriñán y Fisterra con marejada bien formada a 20-25 nudos de velocidad. La Bavaria 37 va equipada con dos motores de 300 cv. , con un casco que le permite navegar rápido con mucha comodidad aún con olas, además de una habitabilidad extraordinaria para una motora, o barco, de estas características. Mejor aún cuando no era yo quién tuvo que “echarle de comer”, pero como se repita unas cuantas veces corro el “peligro” de acostumbrarme… ;-)

Salimos de Sada a medio día del pasado sábado. Un día estupendo de sol, con marejadilla al principio y viento del norte, aunque el viento en este caso me importaba menos. Me costó un rato acostumbrarme a la velocidad y a la sensación que produce ser impulsado por 600 cv. de potencia, amén del hecho de tener que moverse firmemente agarrado todo el tiempo.
La rapidez con la que se suceden lo cabos, que normalmente me suele llevar varias horas alcanzar, siempre me llama la atención, las pocas veces que he hecho este recorrido en barcos de motor. El ruido constante es lo peor. En muy poco tiempo alcanzamos las Islas Sisargas, que pasamos evidentemente por dentro. Pronto pasamos Punta Nariga, el Roncudo, Cabo Vilán, Touriñán y Fisterra, aunque por esta zona la mar ya había crecido considerablemente viniendo por popa, sin embargo el barco superaba las olas cómodamente, como cabalgando sobre sus crestas y senos sin apenas inmutarse bajo el mando del piloto automático. Algo después de las 19:00 h ya embocábamos el Canal Norte entre Cíes y Cabo Home entrando en la Ría de Vigo, dentro de la cual probamos a ponerla por encima de los 30 nudos durante un instante, para probar pero sin forzar.
Durante la travesía, mirando hacia la estela blanca entre las olas, me hacía pensar en a sensación que deben producir los veleros Open 60 y los Volvo 70 cuando navegan a esas velocidades a vela…
Me quedé un par de días más en Vigo junto con el nuevo armador, para ponerle al día en el manejo e intríngulis del nuevo barco. He de decir que me trató a cuerpo de rey, instalándome en un magnífico hotel a pie de ría. Un tío espléndido de verdad.

El jueves por la tarde empezaron las duras… enlazando con la subida de un pequeño y mal mantenido velero Arcoa Tarantelle de 7,80 metros de eslora, junto con sus nuevos, jóvenes e inexpertos aunque entusiastas armadores, desde Vigo hasta Sada.
Lo malo era que el parte meteorológico anunciaba vientos del Norte, de fuerza 4 - 5 y posiblemente 6, marejada a fuerte marejada y un desconocimiento total del estado del barco y del motor aunque al menos tenía un juego de velas casi nuevo.
En cualquier caso había que intentarlo.
Zarpamos a eso de las 18:00h con viento de la boca de la Ría, a motor y con mayor. La corredera no marcaba bien, pero calculo que navegaríamos a unos escasos cinco nudos.
Salimos de la Ría de Vigo con rumbo Norte hacia el interior de las Islas Ons y Onza, con el fin de evitar todo lo posible el mar que había por fuera. A la puesta del sol abríamos rumbo ya a vela, navegando con 17-18 nudos de viento del través, para salir a mar abierto dejando la Isla de Sálvora por estribor. Hasta ese momento todo iba de maravilla. Anocheció mientras teníamos el sector rojo del Faro de Corrubedo por la amura de estribor, y rápidamente la mar se fue notando más grande. En cuanto libramos los bajos de Corrubedo orzamos para enfilar rumbo hacia el faro de Fisterra que ya se distinguía en la lejanía. Ceñíamos al viento, pero la mar dificultaba el avance, por lo que nos ayudamos del motor Yanmar de unos teóricos 18 cv.
A pesar de que de noche aumenta la sensación de velocidad calculo que haríamos unos escasos 3 ó 4 nudos de velocidad, en algunos momentos creo que incluso 1,5 ó 2 nudos.
La noche fue larga, casi interminable, pues tardamos unas 15 horas en alcanzar Fisterra, ya a primera hora de la mañana siguiente. El viento y la mar venían justo de la proa y el motor empezó a fallar ya desde media noche, encendiéndose la alarma de temperatura, lo que nos obligaba a navegar a vela dando bordadas de ceñida hasta que se enfriaba un poco y volvíamos a apoyarnos en él para remontar.
A uno de los armadores le imponía más eso de navegar de noche, así que creo que no disfrutó demasiado, además de que su equipamiento dejaba que desear. Navegar durante muchas horas mojado y frío no ayuda mucho.
A duras penas alcanzamos Finisterre, a cuyo puerto arribamos a eso de las 09:00 h.
Dormimos poco más de una hora y nos pusimos manos a la obra para intentar sustituir el rotor de la bomba de refrigeración del motor, pero nos faltaban las herramientas necesarias para desmontar la inaccesible bomba. Buscamos un mecánico en el pueblo que nos pudiese echar una mano, pero no fue posible conseguir alguien que pudiese hacer una reparación de emergencia.
Nos informamos bien del parte meteorológico, que lejos de amainar anunciaba un ligero recrudecimiento de las condiciones, aún así decidimos ordenar y aparejar bien el barco para intentar seguir hasta la siguiente ría con intención de llegar hasta Camariñas donde poder dejar el barco en caso de no poder continuar.
Con fuerzas renovadas, mayor tensión en la jarcia, un rizo en la mayor y el génova al 35 % abandonamos el puerto rumbo al cabo al socaire del mismo. Lo bordeamos pegaditos buscando todo lo posible la protección de la costa y pronto remontábamos en ceñida la marejada con unos 20 nudos de viento. Al pasar Cabo La Nave ya teníamos 25 nudos y fuerte marejada. A primera hora de la tarde ya teníamos 30 nudos de viento de la proa y unas olas que cada vez escupían más espuma sobre nuestras cabezas. En vista del penoso avance que conseguíamos, y dado que uno de los armadores no estaba dispuesto a pasar otra noche navegando en esas condiciones, decidimos desistir y poner popa al viento y la mar antes de alcanzar Cabo Touriñán para dirigirnos al puerto más cercano en donde poder dejar el barco hasta que mejorasen las condiciones y se reparase el motor, es decir, rumbo a Portosín, en la Ría de Muros y Noia. Tampoco el barco ofrecía muchas garantías.
La cosa cambió como de la noche al día en cuanto nos pusimos a navegar en popa a buena velocidad planeando las olas, con el barco estable y secos.
La cara apesadumbrada de uno de los armadores por tener que desandar lo que tanto nos había costado remontar contrastaba con la cara de alivio del otro.
Una vez dejado atrás de nuevo, pero en el otro sentido, el cabo Fisterra enfilamos el canal de los Meixidos rumbo a Monte Louro, en la entrada de la Ría de Muros-Noia, a unas 20-22 millas hacia el Sur, en una placentera navegación ya sin ola y con portantes. Aún tuvimos que volver a navegar en ceñida una vez dentro de la Ría para remontar el viento que en ella se encañonaba del NE hasta que a última hora de la tarde llegamos al Náutico de Portosín.
Está claro que para poder navegar por estos mares con barcos pequeños pensados para navegar en las rías o en mares tranquilos, hay que esperar a que las condiciones sean óptimas, sin cabida para las prisas.
Vuelta a casa por tierra, muy cansados todos, pero contentos, y creo que al menos la experiencia les habrá merecido la pena.
Así es la mar. A veces no deja pasar y siempre hay que aceptarlo con humildad.

lunes 2 de junio de 2008

QUITARSE LAS TELARAÑAS

Ha sido un invierno de muy poco movimiento fuera de la Ría, bueno, más bien ninguno. Así que esta travesía ha servido para desentumecer músculos y quitarse las telarañas del invierno.
Había que bajar un Bavaria 31 de Sada hasta Vigo y me apetecía navegar solo. La predicción meteorológica para el sábado y domingo era idónea, como así fue. Viento de componente Norte de entre 12 y 24 nudos, con buen tiempo, marejadilla a marejada y visibilidad buena a regular. Al medio día del sábado zarpé del Puerto de Sada, con un día soleado y luminoso después de muchas semanas de lluvia incesante. A motor mientras salía de la Ría y una vez fuera, a vela en un delicioso través con 12 – 15 nudos de viento y marejadilla hasta las Islas Sisargas. ¡Qué maravilla! Pasadas estas, a las cinco de la tarde, apareció una ligera bruma, pero mientras navegaba a un largo a seis nudos me eché una siesta en cubierta, sólo interrumpida por alguna que otra levantada de cabeza para otear el horizonte y por la visita de los delfines que vinieron a saludar. A lo largo de la tarde el viento fue arreciando y la mar levantándose, yéndose a la popa según iba variando el rumbo más hacia el Sur, hasta que tuve que trasluchar. La mar llegó a su máximo más o menos entre Cabo Vilán y Cabo Touriñán, el viento arreció hasta los 24-25 nudos. Suficiente en este barco para que empezase a campanear un poco, por lo que aproveché para llevar el timón a mano un rato, ya que al piloto automático le costaba anticipar la ola, disfrutando de otra bonita caída de sol en la “costa da morte”. A última hora de la tarde aparecieron oscuras nubes por popa que hacían pensar en un posible empeoramiento de las condiciones con posibles chubascos, y decidí reducir un poco la vela mayor para estabilizar más el barco y facilitar el trabajo al piloto.
Al desaparecer el sol, el viento hacía refrescar sensiblemente la temperatura, y anocheció bajo unas condiciones algo desapacibles y tenebrosas, al paso por Cabo Fisterra.
Como suele ser habitual cuando sopla Norte la mar y el viento mejoraron al sur del cabo y aún navegando a vela encendí el motor para cargar baterías. Tras unas cuantas horas con el piloto, la electrónica, el plotter, el VHF y el equipo de música, la batería se resiente, a lo que ya de noche había que sumarle las luces de navegación.
Las nubes se disiparon y quedó una noche estrellada pero sin luna.
Bastante antes de llegar a estar al través de la luz del faro de Corrubedo volví a coger el timón, más que nada para combatir el sueño y aprovechar para mantener las velas en orejas de burro con el viento en popa cerrada. Una vez librados los bajos de Corrubedo, y a la vista de la luz de los faros de las islas Sálvora y Ons, trasluché de nuevo, cerrando el rumbo a un largo amurado a babor para pasar entre las Islas de Onza y Cíes, apuntando hacia el canal norte de la ría de Vigo.
Al ser fin de semana no encontré tráfico de pesqueros por la noche, lo cual se agradece, pero sí coincidí con un gran trasatlántico, iluminado como una verbena, antes de embocar el estrecho canal norte. Me alcanzó desde popa y pasó a menos de una milla por mi estribor. Al poco rato amaneció, ya en el canal, una mañana apacible, y una vez dentro de la Ría de Vigo el viento amainó y la mar se presentó como un plato, por lo que volví a encender el motor. Una hora y pico me llevó llegar hasta el fondo de la ría, mientras aproveché con calma para ir arranchando el barco, recogiendo velas y preparando la maniobra de atraque, y a eso de las 08:30h llegué al puerto deportivo de Moaña, frente a Vigo, puerto base del barco y donde me esperaban los armadores.
Una buena travesía en la que el barco se comportó de maravilla y yo logré quitarme las telarañas ;-)