Por primera vez hago un relato prácticamente en directo.
A las 11:00h, una vez que terminé de arranchar el barco y las gestiones previas a abandonar la Marina, salia por la bocana del puerto, icé la mayor y desplegué el génova con 10-11 nudos de viento del Norte y enseguida me puse a navegar por encima de los 7 nudos de velocidad, con una espléndida mar rizada.
Como la previsión meteorológica anuncia vientos del Este estoy navegando a un descuartelar 30º por encima del rumbo debido en previsión de que role el viento.
Desde la escotilla sobre mi cabeza veo el trimado de las velas al tiempo que escribo estas líneas. El viento ya ha empezado a irse unos grados a la proa y he cazado mayor y génova, navegando ahora a 40º de ceñida suave.
Esta sensación de navegar solo, sobre todo en estas condiciones, es indescriptible.
Por el horizonte, a sotavento, veo acercarse al buque rápido de Balearia “García Lorca”, que me señala la dirección directa hacia Formentera.
Por ahora todo va bien.
A media tarde el viento se fue quedando poco a poco hasta llegar a hacer menos de tres nudos de velocidad y finalmente se fue al Este, de la pproa. Me resistí lo que pude antes de encender el motor, pero de seguir a esa velocidad llegaría a Formentera al día siguiente.
Un buen rato después de ir con la mayor y “Pentagramix” el viento roló al SE aumentando a 10 nudos de intensidad, pero apenas me da a rumbo con una ceñida cerrada, y ya puestos prefiero llegar al fondeadero de día.
Me doy cuenta de que me muevo por el barco como un orangután, no suelto una mano hasta que con la otra me he asido a algo firme, y me viene a la cabeza uno de los primeros consejos marineros que me dio mi padre: “una mano para ti y otra para el barco”.
En singladuras como esta me llego a sentir como un ermitaño, ligero de ropa (o,o ;-), sintiendo el viento salitroso en la piel y bañado por el sol mediterráneo, dejando que el barco me lleve bajo el mando de “Ray”, el piloto.
Suena una canción en el equipo de música, subo el volumen y no puedo evitar subir a cubierta y ponerme a bailar… “Pomba Cor de Cal” de Silvia Torres.
Me sorprende cuando me preguntan si no me aburro navegando solo!
El sol ya está bajo por la popa y sólo me faltan unas 4 millas para llegar al fondeadero.
Ahora, tras fondear, me queda la engorrosa tarea de arriar y plegar la mayor en la botavara. A ver si en estos días me decido a terminar de colocar los Lazys ;-)
Bueeeno. Ya está. Son las 22:00h y he terminado la maniobra de fondeo, arriado y plegado de la vela mayor.
Todo está en orden y tranquilo en Cala Ferreiro y aquí nos quedaremos el Cadenote Uno y yo durante dos o tres días, antes de zarpar de nuevo hacia Palma.
P.D. Antes de llegar he vuelto a oír un MayDay (repetido una sola vez. Supongo que porque era poco grave ;-) por el 16 VHF de un yate que estando ya fondeado en Illetes se ha quedado sin batería para encender el motor…Me pregunto qué mensaje enviarían si se estuvieran hundiendo… (¿) En fin, aún así Salvamento Marítimo de Ibiza les ha atendido con diligencia y amabilidad…¡Santo Job!


Costa que fuimos dejando atrás algo antes de la puesta de sol, quizá la más bonita de todas.
La noche fue increíblemente buena. Temperatura y buenas condiciones de navegación fueron nuestros aliados. Apenas hubo que hacer ningún reajuste a las velas, que parecían almidonadas. El piloto automático se encargó de mantener el rumbo, mientras el barco mantuvo una media de 7 nudos de velocidad. Nosotros, en la cubierta a proa del palo, sólo nos ocupábamos de observar el firmamento, las estrellas fugaces (record de “Rosarillo”) y las luces de algún que otro velero que nos fuimos cruzando.
Sólo a falta de pocas millas para llegar a la Punta de Cala Figuera, en la entrada a la Bahía de Palma, nos dejó el viento. Primero arriamos la trinqueta, para apurar al máximo la débil brisa con el gennaker, pero en poco tiempo tuvimos que arriar este también.
Tráfico intenso en la Bahía hasta que finalmente amarramos en los pantalanes de Yates Alemanes en el Club de Mar de Palma. .jpg)
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Una siesta en el barco y vuelta a tierra para tomar unos mojitos en el pigichiringuito de playa “El Tiburón”, donde se monta un curioso circo en torno a la puesta de sol.
Las jornadas solían terminar a bordo en largas tertulias, sobre todo de manos del grupo formado por “Kandemor”, “Rosarillo”, “Konka” y un tal “Kapi” ;-) resistiéndose a dar por terminado el día, saboreando la tranquilidad de la noche, con los reflejos de las luces de fondeo de los demás barcos flotando en el agua lisa, como farolillos chinos. 
Quizá esta isla ya no es la que era, pero sigue teniendo un encanto especial. En cualquier caso pasamos unos días muy agradables en ella.
Fue precisamente al llevar a cabo esta maniobra cuando al tripulante Jesús se le cayó al agua su reloj, un regalo importante para él. Intento, improbable, de sumergirse en las oscuras aunque limpias aguas del puerto para recuperarlo. Gafas de bucear, aletas, una pequeña linterna submarina y al agua… Primera zambullida infructuosa, segunda inmersión y … ¡Bingo!¡ Lo encontró !!!
Primero 12 nudos, pronto subió a los 20-25 nudos por la amura. Izamos la trinqueta y fuera motor… uhmmm!!!, de nuevo sólo con el sonido del barco abriéndose paso entre las olas, a unos 6 ó 7 nudos de velocidad, a rumbo directo. ¡Muy bien!
A eso de las 19:00h fondeamos en Illetes, cerca de la bocana del puerto de La Savina y en cuanto terminamos la maniobra nos faltó tiempo para darnos un chapuzón en las cristalinas aguas azul turquesa… qué maravilla!!!
En cuanto estuvimos duchados apareció la potente neumática de la goleta que venía a buscarnos para llevarnos a tierra.