miércoles 29 de abril de 2009

POZAS DE MAREA

Desde pequeño, más que la playa, que también, me han atraído las pozas que quedaban en las rocas al retirarse la marea. Todo un universo de vida, vegetal y animal que me entretenía muchísimo y aún sigue haciéndolo, pero a decir verdad, ya no hay la variedad ni abundancia de vida que se podía encontrar cuando era niño. Se podían encontrar gran cantidad de camarones, minchas, cangrejos, nécoras, erizos, pulpos y pececillos de todo tipo, sin embargo ahora a duras penas encuentras algún camarón despistado, un par de cangrejos escondidos, pocos pececillos, algún erizo, unas anémonas o actinias, cuatro mejillones de roca, unas ostras y poco más… las nécoras hay que peleárselas mucho más, y no digamos los percebes… ;-)
Aún así, sigue siendo entretenido y, con paciencia, se puede observar un micro universo de colores y formas interesantísimas. Con la retirada de la marea vuelve la aparente calma a las pozas, un hábitat tranquilo donde conviven aún una buena cantidad de seres de diferentes especies perfectamente integrados en su entorno. Desde el camarón que gracias a su transparencia pasa casi desapercibido hasta que se mueve, cangrejos camuflados entre las grietas de las rocas, gran cantidad de caracolas de varios tipos y colores que dejan marcados sus itinerarios recorridos lentamente, grupos de pequeños peces que se esconden entre las algas, actinias, anémonas, estrellas de mar y erizos inmóviles en rendijas inaccesibles o colonias de mejillones de roca apiñadas en las zonas que más bate el mar. Media jornada permanecen estas pozas en tranquilidad, hasta que las olas traídas por la marea cada seis horas vuelve a oxigenar y avituallar las pozas, pero que también deja paso a los depredadores que viven en el mar. Merece la pena dedicarle de vez en cuando un tiempo para ser testigo de este ciclo de vida, un universo que a nosotros se nos puede antojar pequeño e inactivo… pero que en realidad esconde una buena cantidad de vida y belleza.

jueves 23 de abril de 2009

San Jorge

Unos libros... Una rosa... Un dragón... ...y un jorge, hacen un día de San Jorge.
!Felicidades a todos los Jordis, Xurxos, Gorkas y Jorges!


SECCIÓN REGALOS... ;-)
Detalle de "la Patrona" ;-) Detalle de "Amiga Atlántica" ;-)

Com obliga la tradició... ¡MOLTES GRÁCIES!

viernes 17 de abril de 2009

DE GALICIA A ALICANTE EN EL “ELEPHANT BLEU”

Siete días exactos hemos tardado en recorrer las aproximadamente 850 millas entre el puerto de Riveira en A Coruña y Alicante, con dos recaladas, la primera en el pueblo portugués de Sesimbra y la segunda en el puerto almeriense de San José, además de una mini “pit stop” intermedia, de un par de horas, en Gibraltar en la que apenas pusimos un pie en tierra.
Acertadas fueron mis sospechas de que el agradable y añejo motovelero de 11 m., Elephant Blue, sería propenso a las averías y roturas, pero ninguna de importancia. Lógicas, teniendo en cuenta que debe hacer años que el barco no soportaba la caña de viento, mar y millas a la que se le ha sometido. Aunque en realidad el barco en sí se ha portado excelentemente. Han sido más bien elementos de su jarcia y mecánica interior las que no han soportado del todo el tirón. Pero en general todo ha ido estupendamente.
Menos acertadas, aunque a nuestro favor, fueron las previsiones meteorológicas, que aún siendo lo favorables que esperábamos, resultaron más fuertes de lo previsto. Quizá debido al retraso de 20 h. que supuso la parada en Sesimbra, puesto que por popa las condiciones iban cambiando rápidamente.
Zarpamos a las 10:00 h. del martes 7 de Abril desde el puerto de Riveira en la parte norte de la Ría de Arousa, con un día soleado y tranquilo de brisa suave al principio, navegando a motor (un viejo Ford de 75 cv.) con mayor y mesana desplegadas.
En cuanto dejamos a estribor la Isla de Sálvora la mar de fondo del NW se hizo notar, abriendo el rumbo para separarnos de la costa y encontrar el viento NW anunciado. Pronto cesó el terral y saltó el esperado NW de entre 12 y 15 nudos, con la mar de unos 2 m. por la aleta de estribor.
Desplegamos la génova y navegamos cómodamente a un largo el resto del día, haciendo entre 6 y 6,5 nudos de velocidad. Después de comer, y tras una primera siesta en la cubierta de proa, reconfortante debido al madrugón, los vientos portantes me permitieron ir descubriendo y experimentando con el “ropero” del barco. La primera en salir a cubierta fue una vela roja que probé como trinqueta, pero que una vez izada resultó ser una vela entrepalos, así que la arriamos y volvimos a izar entre el palo de mesana y el palo mayor, con excelente resultado. A media tarde el cielo se fue encapotando de nubes altas, pero permitiéndonos disfrutar de una primera y bonita puesta de sol en la mar, abriendo aún más durante la noche, iluminados por una luna casi casi llena. Establecimos las guardias. Yo haría la primera, de 23:00 h. a 02:00 h., y la tercera, de 05:00 h. a 08:00 h., mientras el armador, José María, haría la segunda, de 02:00 h. a 05:00 h., y la cuarta, de 08:00 h. a 11:00 h.
La noche fue fresca pero muy tranquila. Aguanté la vela de entrepalos hasta poco antes de las 02:00 h. que el viento se fue más al W y la arrié para dejarle el aparejo más despejado a José Mari durante su guardia.
Poco antes del mediodía siguiente pasábamos ya entre el Cabo Carvoeiro y el grupo de islas formadas por las Berlengas y Farilhôes. El día nos permitió experimentar con una nueva combinación de velamen, izando el tormentín a modo de trinqueta, navegando de nuevo con cuatro velas a buen rendimiento y que despertó la curiosidad de un grupo de delfines que durante la noche anterior sólo nos había hecho visitas esporádicas. A última hora de la tarde el viento empezó a arreciar y una vez pasado Cabo da Roca arriamos la trinqueta y trasluchamos para arrumbar hacia Cabo Espichel, al sur de Lisboa, con la luna por la amura de babor y el sol poniéndose por la aleta de estribor. Ya de noche el viento roló un poco más al W y navegamos a orejas de burro hasta doblar el Cabo, con rachas de unos 25 nudos, donde arrumbamos hacia el puerto de Sesimbra, al que arribamos a las 00:30 h para pasar el resto de la noche.

El jueves 9 amaneció un día magnífico, con mar rizada y una suave brisa del sur que debería aumentar y entablarse, en el transcurso de la mañana, del oeste, según nos pronosticaba la meteo del Ugrib.
Tras una buena ducha en las instalaciones del Clube Naval de Sesimbra, y haber repostado gasoil en el muelle pesquero, zarpamos a motor con rumbo sur. Al cabo de poco más de una hora comprobamos que el motor se calentaba, no funcionaba la refrigeración ni cargaba el alternador. Tampoco achicaba la bomba de la sentina y parecía que el nivel de agua en la misma aumentaba, así que media vuelta y de nuevo nos dirigimos hacia el puerto.
Amarrados de nuevo había que buscar un mecánico rápidamente, pues era la tarde del jueves santo y los tres días siguientes eran festivos en Portugal. Afortunadamente José Mari encontró un viejo mecánico amante de los motores Ford, y entre ambos terminaron solucionando los problemas mecánicos bien entrada la tarde. Una vez todo a punto, nos fuimos a hacer una magnífica comida-merienda-cena al Tic-Tic, pues no podíamos dejar Sesimbra sin tomar el delicioso arroz tamboril.
Finalmente, a las 21:00 h (hora española) zarpamos con rumbo a Cabo San Vicente, ya con un fuerte oeste de 25 nudos, con los primeros chubascos pisándonos los talones y una mar empezando a formarse, navegando de través con 1/3 de la mesana, 2/3 de mayor y otros 2/3 de génova desplegados. Durante la noche el viento siguió arreciando hasta los 30 nudos con rachas de 35, rolando al NNW, y la mar creciendo hasta una fuerte marejada bien formada, casi gruesa, que zarandeaba al barco, así que recogí toda la mesana y la mayor, dejando 1/3 de génova y arribé unos grados para coger la mar más de popa, mejorando notablemente la navegación. Durante toda la noche también nos alcanzaron numerosos chubascos que podían distinguirse perfectamente en la pantalla del radar. Amaneció a pocas millas ya de Cabo San Vicente, donde trasluchamos y doblamos el cabo como si del propio Hornos se tratase ;-) Al irnos tapando por Punta Sagres la mar fue disminuyendo, lo mismo que el viento, a la vez que abría el cielo.
Dado el buen viento favorable del que disfrutábamos y debido al tiempo ya perdido en Sesimbra, decidimos prescindir de la posible recalada prevista en Cádiz, poniendo rumbo hacia Trafalgar y dirigirnos directamente hacia el Estrecho.
Durante toda la mañana el viento se estabilizó en unos 20 nudos del NW, permitiéndonos navegar cómodamente a orejas de burro, con 2/3 de génova atangonado y otro tanto de mayor desplegada. Comimos muy agradablemente en la bañera, pero después del mediodía el viento y la mar volvieron a arreciar, formándose algunas rompientes que rugían por popa. En alguna de ellas el barco cogió planeos de hasta 9,8 nudos de velocidad, todo un record para este pesado barco de quilla corrida. Ya de noche intenté reducir un poco el génova para repetir la configuración de velas de la noche anterior, desatangonándolo y recogiendo la mayor, pero se atascó el enrrollador y tuve problemas para reducir trapo hasta que finalmente conseguí recogerlo del todo. También fue difícil reducir la superficie de la mayor, dado que ejercía mucha presión sobre la jarcia, aunque cazando la escota conseguimos también reducirla a 1/3.
La noche fue dura también en cuanto a viento y olas que produjeron un par de trasluchadas involuntarias. La primera de ellas se llevó por delante uno de los manguerotes de ventilación situados sobre la cabina del puente, así como las dos palancas de los stoppers de largado y recogida de la mayor situados en el mismo lugar.
La segunda trasluchada reventó una de las poleas de escota de mayor, que pude subsanar cambiando el sistema reduciendo su desmultiplicación.
A esto había que añadirle el hecho de que José Mari sufría una dolorosa contractura en el cuello que apenas le permitía moverse, así que hice su guardia nocturna para ver si descansando más horas seguidas en su litera hacía efecto el anti inflamatorio.
Con el nuevo amanecer, cerca de Trafalgar, viento y mar volvieron a suavizarse, permitiéndome aclarar la maniobra de proa y volver a desplegar la génova.
Esa mañana, la del sábado, doblamos Isla Tarifa, con viento suave de poniente y mar tranquila, recorriendo el Estrecho agradablemente con mesana, mayor y génova al 100%, nuevamente a orejas de burro, con una velocidad de 7 – 8 nudos gracias a la corriente favorable. Decidimos hacer una pequeña recalada en Gibraltar para volver a arreglar la bomba de achique y rellenar gasoil (aprovechando que allí es más barato). Al doblar Punta Carnero, volvimos a tener problemas para recoger la mayor y el motor empezó a calentarse de nuevo. Amarrados en el muelle de espera de la gasolinera de Ocean Village, se nos adelantó un mega yate inglés, de esos que se tiran no sé cuánto tiempo para repostar, mientras tanto aprovechamos para reparar la bomba y revisar la refrigeración del motor, pero debido a la tardanza, y echando cálculos, optamos por pasar del gasoil y continuar viaje. A las 16:00 h. doblábamos Punta Europa poniendo rumbo a Cabo de Gata. El parte meteorológico daba vientos de poniente fuerza 4 a 6.
Esa tarde la navegación, con viento de popa de unos 15 nudos, fue muy agradable, con toda la vela, disfrutando de otra bonita puesta de sol. Al anochecer volvió a arreciar repentinamente el viento y con él aumentaron también las olas, y mientras recogía toda la vela de mesana, la mayor nuevamente pegó una trasluchada involuntaria que rompió la otra polea de su escota, quedando la botavara suelta haciendo presión directamente contra el obenque de sotavento, lo que hacía peligrar la jarcia. Afortunadamente pude recuperar el control de la botavara gracias a que llevaba amarrada a su extremo un cabo de retenida que utilicé para separarla. Tuvimos nuevamente problemas para recoger la vela mayor, obligándonos a atravesarnos a la mar hasta aproarnos y así poder recogerla completamente.
De nuevo a rumbo, continuamos navegando ya sólo con 1/3 de génova, con el barco bien equilibrado, navegando rápido pero estables, con 25 nudos de viento y la mar por popa.

La noche resultó ser de las más bonitas. Más o menos por la zona de Málaga, un aviso a los navegantes emitido por VHF desde Málaga Radio por una voz de mujer de lo más cálida y agradable, que se agradece. Nada que ver con algunas estaciones costeras que han sustituido las emisiones de los partes meteo y avisos a los navegantes por una voz robotizada repulsiva e impersonal.
Esa noche tuve una nueva visita de los delfines, y para evitar la fugacidad de las anteriores decidí silbarles algunos temas marineros, y por lo visto funcionó. Asomado a la bañera por la banda de sotavento los veía a mi lado, a poco más de un metro, recortadas sus aletas dorsales contra el reflejo de la luna, a veces saltando completamente fuera del agua. Me acompañaron tanto rato que se me acabó el repertorio y ya me dolían los labios y los mofletes de tanto silbar, aún así me pidieron tres bises… ;-))
Si la noche estuvo bien, el amanecer no desmereció en nada, y más con las vistas por mi babor de las cumbres de Sierra Nevada cubiertas de nieve. Según se alzaba el sol, el viento y la mar iban bajando y paulatinamente fui largando más vela, después de haber reparado los desperfectos de la noche anterior. Aunque de vez en cuando aún llegaba alguna ola que desentonaba. Atravesando el Golfo de Almería nos cruzamos con el buque Cornide de Saavedra del Instituto Oceanográfico, con base en Vigo. A media mañana, con el calentamiento del aire, el viento de popa fue increscendo de nuevo. No pude resistirme a largar todo el trapo de nuevo y atangonar la génova en orejas de burro. A medida que nos acercábamos a Cabo de Gata el viento siguió subiendo hasta los 25 nudos y la jarcia del Elephant Bleu empezaba a crujir bajo su presión, hasta que ya en el cabo decidí volver a reducir vela antes de que fuera demasiado tarde, en vista de las dificultades anteriores. Con la mesana y la génova no hubo problemas, pero para reducir la mayor tuvimos que aproarnos al viento de nuevo.
Con 2/3 de génova recorrimos de cerca la espectacular costa del Parque Natural de Cabo de Gata – Níjar hasta que a las 15:30 h. arribamos al pequeño puerto de San José, donde pretendíamos pasar la noche. Una vez amarrados, el viento soplaba ya con gran fuerza, nos enteramos que la gasolinera no abría al día siguiente, y aunque esta se encontraba justo enfrente del amarre, con las fuertes rachas de viento atravesado, el poco espacio dentro del puerto y la relativa maniobrabilidad del Elephant Bleu decidimos desistir de la idea de sacar el barco para repostar. No encontramos tampoco ningún bidón disponible en el puerto, pero dado el parte de viento para los dos días siguientes y los litros que aún nos quedaban, estimamos que teníamos suficiente gasoil hasta el final de la travesía.
La escala en San José, donde mi hermano y mi cuñada tienen casa, fue reconfortante y José María aprovechó para ponerse en manos de un masajista deportivo alemán que lo dejó como nuevo. No había más que verlo moverse por el barco a partir de ahí ;-)

A las 13:00h del lunes zarpábamos de nuevo para hacer la última etapa de la travesía, esta vez nos acompañaba mi hermano. Abandonamos San José con 15-18 nudos de viento del SSW aparejando mayor, mesana, génova y trinqueta. El viento se mantuvo bastante constante tanto en intensidad como en dirección y la mar no pasó de marejadilla, así que resultó un día muy agradable de navegación rumbo a Cabo de Palos.
A la hora de la puesta de sol, una visita inesperada. Un avión CASA del servicio de aduanas, seguramente con base en San Javier, nos hizo tres pasadas, TRES, en vuelo rasante, a menos de 50 m. y por debajo de la altura de los mástiles… (qué manera de malgastar el dinero del contribuyente). Sospechábamos lo que vendría después, pero no fue hasta las 23:00h, a la altura de Cartagena, cuando salió de la oscuridad, por sotavento, una patrullera de aduanas. Se situó cerca de nuestra aleta de babor y, como es habitual, encendieron su cegador foco sobre nosotros. Ya no es la primera vez que me interceptan estos fantasmas..., con el mismo “modus operandi”. Sin mediar palabra de sus intenciones, sin identificarse, ni pedir permiso, nos abordaron.
Sólo cuando tres de ellos ya se habían subido a bordo, vestidos con traje de aguas, cada uno de su padre y de su madre, o sea sin uniformar, con arnés salvavidas, en una maniobra no carente de riesgo, nos dijeron que se trataba de una inspección rutinaria. Nos pidieron nuestra documentación y la del barco, y tras dar unas excusas ridículas y agradecer nuestra colaboración, llamaron a la nave “nido” (según su jerga peliculera) que volviéndose a abarloar por nuestro costado de sotavento, los recogió y se largaron.
Podríamos llevar tres o cuatro inmigrantes ilegales escondidos a bordo y la sentina llena de fardos de droga, porque ni miraron. (y eso que veníamos de la Ría de Arousa ;-)
Dada la sensibilidad actual con el tema de los abordajes de piratas, y con esa forma de actuar, se juegan que un día alguien asustado los reciba con un bicherazo en los dientes o separe su barco en el momento en que saltan a bordo. Creo que es una maniobra peligrosa, desproporcionada e injustificada. En cualquier caso no critico tanto lo que hacen, sino como lo hacen.

Después del incidente continuamos con una navegación tranquila y de madrugada trasluchamos para doblar Cabo de Palos, por dentro de las Islas Hormigas, con rumbo a pasar por dentro de la Isla de Tabarca. El mar, como una lámina de papel de plata, reflejaba la luz de la luna, con una belleza que reblandecía el alma, mientras navegábamos con las velas llenas de viento, y en la radio sonaba esta canción:
“Cuando nadie me ve, puedo ser o no ser.
Cuando nadie me ve, pongo el mundo al revés.
Cuando nadie me ve no me limita la piel.
Cuando nadie me ve…
A veces me elevo, doy mil volteretas.
A veces me encierro tras puertas abiertas.
A veces te cuento por qué este silencio,
y es que a veces soy tuyo y a veces del viento…”
A.S.

A primera hora de la mañana dejábamos atrás Tabarca, para enfilar ya, con buen viento de la aleta, la bocana del Puerto de Alicante, a donde por fin arribamos a las 10:00 h del martes 14, justo una semana después de la partida.
P.D. Gracias a José María por esta travesía, a Marisa por las ricas viandas de la despensa, a mi hermano por acompañarnos en el tramo final, a mi cuñada por darnos cobijo y descanso en San José y al Elephant Bleu por llevarnos hasta buen puerto…

sábado 4 de abril de 2009

PREPARANDO LA PRÓXIMA TRAVESÍA

Si nada lo impide, el próximo martes zarparé en una nueva travesía desde Galicia hacia el Mediterráneo, concretamente hasta Alicante, acompañado del armador de un coqueto motovelero de 11 metros aparejado en ketch. Ayer estuvimos revisando el barco después de haber estado una temporada en astillero reparando la superestructura de madera y algunos detalles de motor. El barco es antiguo y sofisticado, una combinación perfecta para que algo se estropee, pero es acogedor, parece robusto y está bien equipado con onda media, vhf, navtex, sonda, equipo de viento, radar, gps conectado a un portátil con maxsea y piloto automático. A ver si todo funciona correctamente. Meteorológicamente hablando lo ideal hubiera sido salir esta semana pasada, pero el barco no estaba listo y, sin ser lo ideal, parece que el martes habrá NNW de entre 10 y 15 nudos, al menos por aguas portuguesas , con tendencia a ir a menos, y además para cuando lleguemos al Estrecho parece que habrá levante medio-fuerte… Que se le va a hacer, el calendario hace que haya que elegir por lo menos el momento menos malo.
Tengo ganas ya de navegar unas cuantas millas del tirón, después de un invierno con salidas cortas, aunque sea un camino ya bien conocido, me apetece estar unos días en la mar.
Tengo también curiosidad por ver cómo navega este barco. Lástima que todo apunte a que no encontraremos condiciones de portantes fuertes, pero en 8 ó 10 días la meteo puede siempre darnos algún alegrón, o todo lo contrario. ;-)

jueves 2 de abril de 2009

HISTORIAS DE MI PADRE

En unas memorias que dejó escritas mi padre cuenta como por circunstancias de la vida, allá por el año 1944, se alistó en la Armada, a pesar de no irle demasiado lo de la disciplina militar, atraído sobre todo por su amor a la mar.
Su primer destino fue a bordo del guardacostas “Finisterre” con base en Huelva, un antiguo paquebote reconvertido en carguero de fruta al principio de la guerra civil, capturado y vuelto a reconvertir en guardacostas, colocándole una ametralladora en cubierta y forrando una de las bodegas con corcho, donde dormía la tripulación colgada de sus cois. Las condiciones de vida a bordo del guardacostas eran bastante penosas, y por casualidad, en una de las recaladas en el arsenal de La Carraca en Cádiz, se encontró con un antiguo amigo de la familia que era jefe de máquinas a bordo del destructor “Lazaga”, gracias al cual consiguió cambiar de destino y embarcarse a bordo del destructor. Destructor clase Alsedo ("Lazaga")
Ahí se convirtió en aprendiz de radiotelegrafista y pasó a embarcarse en el crucero “Navarra”, que era la escuela de transmisiones de la Armada con base en Vigo en principio, trasladándoles posteriormente a la base naval de Ríos, donde estaría la nueva sede de la escuela. Crucero "Navarra" Cañonero clase Dato
A la terminación del curso embarcó en el cañonero “Pizarro”, en donde navegó a lo largo de toda la costa española, pero debido a la inquietud propia de mi padre y su deseo de aventura, no pasó mucho tiempo antes de conseguir ser trasladado a la base de submarinos de Cartagena, en donde los radiotelegrafistas, el que menos era cabo primero mientras mi padre era un simple especialista, y donde todos habían realizado previamente un curso de submarinos menos él.
Al día siguiente de su llegada a la base tuvo ya que salir a la mar a bordo del submarino “General Mola”, y como novato que era le tocó la guardia de madrugada. Submarino clase Archimide "General Mola"
El submarino navegó en superficie toda la noche y poco antes del amanecer bajó a la estación de radio el oficial de guardia para preguntarle si no había recibido alguna orden, a lo que mi padre simplemente le comentó que había oído unos pitidos raros. El resultado fue que al despuntar el día, de los siete submarinos que habían zarpado de Cartagena, sólo el “General Mola” permanecía navegando en superficie. Los otros seis habían desaparecido.
Los “pitidos raros” que mi padre había oído no eran otra cosa que la orden de inmersión para la flota de submarinos. En esos momentos creyó que su corta aventura submarina terminaría en un penal, hasta que se aclaró el equívoco.
Existe un código “Q” internacional en morse para todo tipo de navegación y además un código “Q” de la Armada, que eran los dos códigos que él dominaba… pero resulta que los submarinos tenían otro código “Q” secreto, que mi padre desconocía, ya que se aprende en el curso de submarinos que él no había realizado y del que además nadie le había hablado.
Bochorno espantoso que pasó cuando subió a la torreta del submarino y observó que navegaban solos, bajo la mirada inquisidora que le lanzaba el oficial de guardia. Se encogió de hombros y desapareció rápidamente por la escotilla hacia el interior del submarino.
Afortunadamente para él el incidente se quedó en anécdota y no supuso el fin de su aventura submarina, sino que llegó a navegar en todas las unidades de la flota, con oportunidad de vivir unas cuantas situaciones tensas más, aunque no debidas a él.

Como cuando saliendo de la base naval de Mahón, con un grupo de militares novatos en esos menesteres, se les avisó que iban a hacer el “pino”, maniobra de inmersión rápida en la que el submarino desciende en vertical. La situación cogió por sorpresa a los militares novatos que, pálidos, se agarraron donde pudieron mientras el resto de la tripulación sonreía, hasta que chocaron contra el fondo, lo cual no estaba programado, y entonces fue el resto de la tripulación la que se puso pálida.
Tuvieron la suerte de que el fondo era de fango y arena, pero precisamente ese fango del fondo era tan sutil que se metió por las bombas de achique y las inutilizó. Tardaron dos horas en desmontarlas, limpiarlas y volverlas a montar, hasta que tras varias tentativas lograron subir de nuevo a superficie, con gran alegría y sonrisas, no sólo de los militares novatos sino también de toda la dotación.

Pero susto gordo se lo llevaron en otra ocasión, durante unos ejercicios de ataque y seguimiento de buques, en el cual se pasaron cuarenta días sin ver el sol, ya que sólo salían a superficie durante la noche.
Por entonces mi padre se había hecho hidrofonista (escucha e interpreta los ruidos fuera del submarino) y estando de guardia notificó al puente que detectaba un buque de máquinas alternativas acercándose, casi encima del submarino. En el puente, puesto que navegaban a cota de periscopio, estaban observando otros barcos alejados, cuando de pronto notaron un gran golpe. Inmediatamente el submarino se puso de nuevo “haciendo el pino”, bajando rápidamente hasta una profundidad de cien metros, mientras crujían las cuadernas debido a la presión. Se detuvieron a esa cota y alguien les comunicó que habían abordado a un pesquero pero que estuvieran tranquilos. Cuando salieron a superficie lo hicieron al costado del buque que habían abordado, que resultó ser un barco americano tipo Liberty de 20.000 toneladas.
Tuvieron suerte que desde el buque habían observado el periscopio y viraron en redondo, recibiendo el impacto de la proa del submarino contra su casco, pero al virar libraron la torreta del submarino, causándole sólo algunas abolladuras, en lo que podía haber sido una catástrofe.
Regresaron navegando en superficie hacia Cartagena, en cuyo arsenal revisaron los daños que se limitaban a algunos destrozos exteriores. Estos se cortaron y les pusieron una superestructura de cartón piedra pintada de gris, pues tenían que zarpar inmediatamente hacia Castellón, a cuyas fiestas estaba invitada la flota de los siete submarinos.
Una vez allí se acoderaron los siete, uno al lado del otro, colocando el submarino dañado el último, ya que durante las fiestas el público podía visitar los submarinos, pero sólo hasta el quinto, evitando que visitaran el sexto y el séptimo para que no apreciaran el cartón piedra.

Cosas de nuestra Armada.