miércoles 17 de junio de 2009

TODO LISTO PARA LA PRÓXIMA TRAVESÍA

Faltan pocos días ya para iniciar la próxima travesía desde Formentera hasta Sada a bordo de un 49´, el “Comillas”, que nos espera con ganas de retornar a Galicia, después de haber cruzado el Atlántico hasta Newport y vuelta, haber bajado hasta el Mediterráneo, por donde deambuló un tiempo, ahora vuelve a casa. En alguna etapa aún queda alguna plaza libre, pero de todos modos vamos bien de tripulación. Si todo sigue bien, saldremos de Formentera hacia Denia el lunes 22, para desde ahí, el 23 empezar el descenso por el Mediterráneo hacia el Estrecho, que espero que en esta ocasión nos trate mejor que en la última ;-), y nuevamente a remontar el Atlántico, primero hasta Cádiz, después Cascáis, Bayona y finalmente Sada, a donde estimamos llegar el 2 de julio. Ojalá Eolo y Neptuno sean benévolos con nosotros…

lunes 15 de junio de 2009

EL TELEFONICA AZUL DE NUEVO MUERDE “EL POLVO”

En la salida de la novena etapa de la VOR, entre Marstrand y Estocolmo, el Telefónica Azul, patroneado por Bowe Bekking, se ha vuelto a comer una roca… Es algo que le puede pasar a cualquiera, pero en una competición de esta índole, con proyectos en los que se inyecta mucho, casi demasiado, dinero para hacer fichajes estelares entre los mejores navegantes, parece que no debería ser tan habitual.
Si la próxima edición la hacen con barcos de radiocontrol probablemente sería más barato y seguro. El navegante del Telefónica Azul, Simon Fisher, creo que aún sigue pidiendo perdón. A otros, por mucho menos, los han apeado del barco.
No sé qué tiene Bowe Bekking contra los barcos españoles… Primero perdió el Movistar, durante la última etapa de la edición anterior. En la actual edición, en la salida de Quingdao para la 5ª etapa se dio contra la primera piedra y ahora en la 9ª, saliendo de Marstrand se han comido la segunda.
Al menos su perro aún lo saluda. Con su presupuesto podían optar por la primera o segunda plaza del podio, pero visto lo visto, vale con que demuestren que los barcos españoles saben navegar sin irse dando con las piedras.
Parece ser que ha costado mucho desempotrar el barco del bajo rocoso, gracias a la ayuda de guardacostas y demás barcos han conseguido volver a tierra, sanos y salvos para evaluar los daños. Con una fuerte vía de agua, un winche roto, una orza de deriva rota, y quién sabe qué más daños en su quilla, parece mucho más que probable que el Telefónica Azul pierda sus opciones de subirse al segundo escalón del podio en esta vuelta al mundo. Lo siento, sobre todo, por el amigo Pepe Rives, que no para de comerse un marrón tras otro desde que navega con Bekking.
¡Mucho sentidiño, chicos! Espero que se pueda arreglar y terminar esta, ya demasiado larga, vuelta al mundo.

domingo 14 de junio de 2009

11 AÑOS DEL ADIOS A UN NAVEGANTE

El 14 de junio de 1998 el mítico navegante francés, Eric Tabarly, desaparecía en el mar al caer por la borda del barco de sus amores, el Pen Duick I, en un temporal rumbo a Irlanda.
Ironías del destino?
Detractor del uso del arnés. A bordo de su primer y último barco. El Pen Duick I , primero de una saga ilustre, que había sido recuperado por su padre, del cual lo heredó, y vuelto a recuperar de su letargo por él mismo. Muchas fueron las hazañas náuticas de este gran navegante, pionero de una forma de navegar y entender las regatas, innovador de tecnologías aplicadas a sus barcos, maestro de otros grandes navegantes oceánicos, pero también polémico por su defensa del navegante libre de ataduras. ”Un navegante que cae por la borda no tiene sitio a bordo de un barco”…
“Prefiero mirar la muerte cara a cara que estar atado por un arnés”…
Premonitorias frases.

Hay una leyenda urbana que dice que le habían diagnosticado una enfermedad terminal y acabó fundiéndose con el mar en la última travesía a bordo de su barco más querido.
No cabe duda que, desde su punto de vista, su final estuvo impregnado de cierto romanticismo.
Sea como fuere, ahora, navega libre, Eric, eternamente…

miércoles 10 de junio de 2009

NAVEGANDO DE FORMENTERA A LA CORUÑA III (4ª y 5ª etapas)

01/06/09
Sólo un par de horas duró la escala portuguesa, como un pájaro que se apoya en la cubierta para coger aliento y continuar. Lo suficiente para estirar las piernas, desayunar, ir al baño, repostar gas-oil, reponer la botella de gas y comprar un par de cosas. A las 11:00h dejábamos el puerto de Cascáis, izamos mayor y a la altura de Cabo Raso desplegábamos el génova para navegar de ceñida rabiosa hacia los acantilados de Cabo da Roca de los que pasamos muy cerca. A partir de ahí a rumbo directo hacia el paso entre Cabo Carvoeiro e Isla Berlenga.
La brisa, de componente norte, a ratos nos dejaba desplegar el génova (NNW) y a ratos rolaba a la proa (N) y nos obligaba a recoger y continuar con mayor y motor.
Esa fue la tónica general durante el resto de costa portuguesa que nos quedaba por recorrer. Al menos no nos encontramos con norte fuerte, lo que hubiese hecho más penoso el ascenso por Portugal.
Abrió el día pero permaneció una ligera bruma con brisa fresca. Mientras seguíamos ganando Norte el ambiente a bordo era de lo más relajado, entre siestas y charlas alcanzamos Cabo Carvoeiro, en la punta de Peniche, última población que veríamos hasta última hora de la tarde del día siguiente. Por babor, la bruma apenas nos dejaba ver las Islas Berlengas y Faralhôes. Pasamos próximos al cabo, entre un bosque de banderitas de los aparejos de pesca. Una nueva puesta de sol en el mar y noche tranquila y fresca. Durante nuestra guardia de la noche, Ignacio y yo nos dedicamos a hacer algunas fotos para pasar el rato. Poco tráfico y poco de todo. 02/06/09
El día siguiente fue igualmente tranquilo, quizá con más brisa aprovechable. En cuanto tuvimos que desplegar el génova, nuevamente el enrollador dio problemas, por tanto…, sí, otra vez palo arriba. Esta vez Fátima lo grabó con la cámara de Jesús. No sé si hay photoshop para los vídeos, pero quizá poniéndole el Cabo de Hornos detrás… je,je. Sin embargo era un día singular, celebrábamos el cumpleaños de Jesús!, que nos invitó a comer al “Salón Acapulco”, con deliciosa tarta de manzana lisboeta y soplado de linterna incluido. Brindis con brut tinto portugués y, por supuesto, regalo: un vistoso delantal de cocina típico portugués… muy chic ;-)
Descubrimos el paradero secreto de una polizón que se embarcó en Formentera y que aparecía y desaparecía todos los días. No había más que mirarla a los ojos para saber que era ella, Maya. El gris nos siguió envolviendo, casi todo el día, por cielo y mar. Al final de la tarde, entrando en aguas gallegas, con el Monte Tecla marcando la desembocadura del Miño por la amura de estribor, la luz resultaba bastante mágica. Apenas había luz cuando llegábamos a Cabo Silleiro. Ayudó que, según anunciaron en los avisos a los navegantes, la luz de la baliza cardinal norte que marca “El Lobo de Silleiro”, estuviera restablecida.
Serían casi las once de la noche cuando amarramos en el M.C.Y de Bayona, y como aún no eran las doce y seguía siendo su cumpleaños, Jesús nos invitó a cenar, esta vez de verdad, en el primer sitio que nos dejaron entrar a esas horas. Y bien que estuvo.
03/06/09
Por la mañana, temprano, hicimos todo lo que teníamos que hacer, y nos dirigimos al pantalán del gas-oil para repostar, una vez más por detrás de una “motorita” de bandera inglesa que le echó casi seis mil euritos de combustible, vaya, lo justito para llegar hasta Gibraltar. A las 11:30h abandonábamos el puerto de Bayona proa al paso de las Estelas, con calma chicha y día gris con una ligera bruma. Pasamos por dentro de las Islas Cíes y al salir por la boca norte de la Ría de Vigo empezó a soplar una brisa que pronto nos permitió navegar a vela con unos 13 nuditos del WNW y que nos duró prácticamente todo el día. El cielo se tornó en azul luminoso haciendo la navegación a vela aún más placentera, navegando a un descuartelar dejando las islas Onza, Ons y Sálvora por estribor, con rumbo a librar los bajos de Corrubedo, donde caímos unos pocos grados más a estribor para dirigirnos ya a rumbo directo hacia el aún lejano Cabo Fisterra. Aunque el sol lucía, el aire era fresco, y nos permitía poner la ropa de aguas a ventilar en cubierta. Por fuera de Ons vimos una especie de ballenas piloto blancas, raras en la zona, una de las cuales pudimos grabar jugando en la proa, pero mucho más serias que los delfines. La jornada transcurrió tranquila y entretenida entre fotos a la tripulación, cruce con pesqueros y multitud de veleros del norte de Europa que ya bajan en tropel, seguramente hacia el Mediterráneo. Por la tarde, aún con el sol bastante alto sobre el horizonte, alcanzamos el mítico Cabo Fisterra, manso como un corderito sin apenas viento, del que pasamos cerca, justo por fuera del Islote del Centolo, pegados también a Cabo La Nave. Pero antes de llegar al siguiente cabo, Touriñán, un frente negro de nubes bajas se aproximaba rápidamente por barlovento. En el parte habían anunciado posibles chubascos y visibilidad regular a mala por brumas o niebla, así como el aviso de que la luz del faro de Islas Sisargas estaría apagada.
Al paso por Touriñán oscureció casi de golpe y el siguiente cabo importante, Cabo Vilán, lo pasamos ya de noche. A pesar de que conozco esta costa perfectamente, nunca me confío, y dado que el plotter manual no tenía cartuchos de detalle tuve que recurrir a la carta para no tener problemas con las piedras del Farelo y el Bufardo así como para trazar el rumbo hacia Sisargas, y dada la coyuntura, aprovechamos para “jugar” a identificar el período y la frecuencia de los faros. Quizá esto inquietó un poco a algún miembro de la tripulación, pero es como se viene haciendo tradicionalmente, y más con la mala visibilidad que había.
Cenamos unos estupendos macarrones calentitos y una vez ya a rumbo hacia Sisargas, sólo había que estar atentos a los pesqueros y, sobre todo, a los numerosos palangres, así que me eché un rato en el sofá del salón.
Serían las dos de la madrugada cuando sonó la alarma de temperatura del motor. Lo apagamos inmediatamente y abrí la tapa del motor para ver qué pasaba. De entrada el depósito de expansión del circuito interno de refrigeración estaba casi seco. Rellené con líquido refrigerante y, lo peor es que se había soltado el alternador, empotrado en una esquina del motor, y por tanto se había soltado la correa que sirve tanto al alternador como a la bomba de refrigeración, de ahí la subida de la temperatura.
Afortunadamente localicé todas las piezas que estaban desperdigadas por la sentina del motor. Montamos de nuevo el alternador y la correa, lo conectamos con sus cables, que también se habían soltado, y en cuestión de unos cuarenta minutos teníamos de nuevo propulsión y energía.
A partir de ahí quedamos de guardia Fátima, Ignacio y yo. La noche estaba absolutamente negra, pero también por fortuna, se había restablecido la luz del faro de Islas Sisargas.
Al doblar las Islas, como es una zona especialmente conflictiva por la multitud de aparejos de pesca que hay a su alrededor, Ignacio se fue de serviola a la proa y los tres estuvimos ojo avizor hasta que dejamos atrás las Sisargas.
Desde ahí, teóricamente, con buena visibilidad se puede divisar ya la luz de la Torre de Hércules, pero tardamos un buen rato en poder distinguirla.
En el mar había una fuerte “ardora” (fosforescencia del plancton) que, en la negrura de la noche nos mostraba los bancos de peces al agitarse a nuestro paso, como si de un foco submarino se tratase, todo un espectáculo.
04/06/09
Amaneció con la Torre de Hércules por nuestro través de estribor. Nos adentramos en la Ría de A Coruña y, a la hora prevista, aunque con un día de retraso, entrábamos en la dársena para amarrar en los pantalanes de RCN de A Coruña.

Doce días y mil y pico millas después habíamos terminado esta travesía desde Formentera hasta A Coruña, en la que encontramos un poco de todo, incluido un buen temporal, corto pero intenso, nieblas, sol, viento y calma que sufrieron y disfrutaron los cinco tripulantes que participaron en ella. Manel, Fátima, Jesús, Ignacio y Juan, gracias a todos, y como dicen en los aviones: espero volveros a ver pronto a bordo ;-)

lunes 8 de junio de 2009

NAVEGANDO DE FORMENTERA A LA CORUÑA II (3ª etapa)

29/05/09
En la escala de Barbate hubo cambios en la tripulación. Manel se tuvo que ir pero, como dije, llegaron Jesús (amigo y compañero de muchas travesías que se apunta a un bombardeo), su sobrino Ignacio (etee… tripulante dispuesto a toodo, che) y Juan (armador de un flamante 36 pies en busca de experiencia).
El día de descanso en Barbate lo aprovechamos para ordenar y limpiar bien el barco, de cualquier rendija salía arena. Plegar velas, rellenar depósitos de agua y reparar el tangón; con unos sables de repuesto, cabo fino y cinta adhesiva pudimos hacer un apaño de emergencia, pues se preveían más vientos de popa. La previsión meteorológica anunciaba que a última hora de la tarde el viento iría amainando.
Al mediodía fuimos andando hasta el pueblo, talmente como beduinos del desierto del Teneré pues el viento mezclado con la arena hacía bastante incómodo deambular por la calle.
Era fiesta local (la feria se tuvo que aplazar un día por el viento) y esos días se celebraban las jornadas gastronómicas del atún. Casi todo estaba cerrado, pero encontramos un restaurante donde degustar un delicioso atún y más tarde aún dimos con un supermercado donde hacer una compra.
De vuelta en el barco, por la tarde, se notaba el descenso del viento. Quizá podíamos haber zarpado a última hora de la tarde, pero teníamos que rellenar el tanque de gas-oil y la gasolinera no abriría hasta la mañana siguiente, así que a descansar. Cenamos a bordo una buenísima tortilla de patata, creo que obra de Fátima y Jesús, y pronto a dormir.
30/05/09
El día amaneció tranquilo. Duchas, desayuno, liquidar con la marina y hacia la gasolinera. Aún tuvimos que esperar un poco ya que se nos anticipó un yate a motor que salía a pescar, y a eso de las once y pico salíamos por la bocana. ¡Qué diferencia con la entrada!
Izamos la vela mayor y desplegamos el génova II, abriéndonos de la costa para librar los bajos de Trafalgar antes de poner rumbo directo a Cabo San Vicente. En cuanto salimos de la influencia de Punta Camarinal el viento arreció, empujándonos velozmente en popa entre 8 y 10 nudos de velocidad, pero aún no habían pasado un par de horas cuando una de las costuras del génova se abrió, agrandándose la rotura rápidamente.
Lo arriamos y doblamos sobre cubierta para guardarlo en su saco.
El viento venía justo 180º del rumbo al que debíamos ir y como manteníamos una buena velocidad sólo con la mayor y aún había que hacer un par de trasluchadas, esperamos un rato hasta sustituir la vela de proa por un génova III.
Por fin el viento roló lo suficiente para hacer rumbo directo hacia C. San Vicente, a la vez que bajó un poco de intensidad. Trasluchamos por segunda vez, izamos el génova III y preparamos el tangón para ponernos a orejas de burro. Era la prueba de fuego para la reparación que habíamos efectuado el día anterior, y aguantó bien. La mar aún se apaciguó un poco y pudimos disfrutar de un maravilloso día de navegación a vela, con el aparejo en orejas de burro, en popa cerrada y el barco bien equilibrado. Pronto llevábamos por popa un aparejo al curricán, pero creo que íbamos demasiado rápido.
Al atardecer el viento se fue yendo más a la proa, desatangonamos el génova y cazamos escotas, y aunque la intensidad del viento había disminuido, al ir a un rumbo más cerrado manteníamos aún una buena velocidad. El viento del WSW venía demasiado húmedo, lo que me daba mala espina. Distribuimos nuevamente las guardias, la primera compuesta por Ignacio y yo, la siguiente por Jesús, Fátima y Juan.
Después de cenar, a las 23:00h empezamos la primera guardia, en una noche fantástica, con un buen trozo de luna, mar tranquila y suave brisa. Cuando volvimos a cubierta en la tercera guardia, a las 05:00h, el panorama había cambiado radicalmente. Cerrado de niebla, noche negra y el poco viento que había venía de proa, así que a recoger génova y a encender motor.
Sin radar ni un plotter en condiciones había que agudizar bien los sentidos, además el día de la salida de Denia el reflector de radar cayó desde el tope del mástil en la bañera, a un metro de Fátima, y se deshizo contra la teca, ¡Buff, por los pelos!.
Por unos instantes pudimos distinguir las luces de dos pesqueros portugueses, uno cerca por estribor y otro un poco más alejado por babor, pero tan pronto como podíamos ver malamente sus luces, desaparecían en la oscuridad. Ignacio por una banda y yo por la otra forzábamos inútilmente la vista y tratábamos de oír algo, cuando escuchamos nítidamente un silbido. ¿Has sido tú? Nos preguntamos mutuamente. No.
Dimos un par de bufidos con la sirena de niebla, pero no volvimos a oír nada. Luego pensé que probablemente habría sido por el VHF y nos pareció que venía de fuera.
31/05/09
Clareó el amanecer y aunque seguíamos inmersos en la niebla mejoró un poco la visibilidad.
Según avanzaba la mañana, poco a poco la niebla se fue convirtiendo en bruma hasta que pudimos avistar Punta Sagres por la amura de estribor y algo más tarde Cabo San Vicente. Empezaba a soplar una brisa algo más intensa y abierta, pero no pudimos desplegar el génova. Como el génova III tiene el grátil más corto hace que la driza se líe con el enrollador, con lo que tocó subir al tope del mástil.
Efectivamente la driza de génova se había enganchado, así que la desenganché y pudimos desplegar el génova. Un poco más tarde volvimos a tener problemas con el enrollador y otra vez a lo alto del palo. Esta vez sustituí la driza de génova por una de spi, y parecía que la cosa iba mejor. Aproveché el viaje para hacer alguna fotillo desde arriba. Esta iba a ser la etapa de los pájaros. Primero una pareja de palomas, agotadas, se posaron en cubierta, descansaron, les dimos de comer y beber y en cuanto estuvimos cerca de tierra “soltaron lastre” y se fueron volando. Doblamos el espectacular Cabo San Vicente y al poco nos cruzamos, bien cerquita, con el precioso buque escuela portugués “Sagres”. ¡Qué bonita estampa! ¡Qué bien cuidado! Un rato más tarde aterrizó en cubierta una especie de garceta. Esta sólo quería descansar un poco. Durante todo el día la mar estuvo como un plato y pudimos aprovechar la brisa para navegar a vela. Cuando la velocidad bajaba de tres nudos nos ayudábamos del motor, y a la que volvía a subir un poco la intensidad del viento lo volvíamos a apagar. Así, tranquilamente, transcurrió la jornada.
Al ir oscureciendo unos observaban delfines en la proa o charlaban en cubierta, Fátima leía en el salón mientras Jesús preparaba la cena. La noche también fue tranquila, sin demasiada visibilidad pero sin niebla, sólo se cerró algo más al amanecer cuando faltaban pocas millas para llegar a Cascáis. Lo teníamos en la proa y sólo a falta de un par de millas pudimos distinguir primero los petroleros fondeados en la bahía de Lisboa, inmediatamente después ya pudimos distinguir el espigón de la marina de Cascáis, y a las 09:00 HRB (08:00h portuguesa) estábamos amarrados en el pantalán del gas-oil. Teníamos una hora antes de que abriese la gasolinera y nos fuimos al pueblo a desayunar y comprar cuatro cosas.
Iba a ser una escala rápida, para recuperar un poco el día “perdido” por el temporal.

domingo 7 de junio de 2009

NAVEGANDO DE FORMENTERA A LA CORUÑA I (1ª y 2ª etapas)

Con una nueva travesía por delante el sábado 23 de mayo cogí mi petate y me subí en un avión con destino a Barcelona para enlazar con otro que me llevaría hasta Ibiza. Desde allí, a bordo del jet de Formentera hasta el puerto de La Savina a donde llegué a primera hora de la tarde. ¡Qué tranquila encontré la isla en estas fechas!

Nada más llegar me puse manos a la obra, pues había mucho que hacer en el barco, un Sun Fast 52 de 1.992. Limpieza, envergar la vela mayor y el génova II, revisar drizas y escotas, preparar el equipo de seguridad, comprobar los instrumentos de navegación, plotter, radar y equipo de viento no operativos, sólo una VHF y un plotter de mano con cartografía general. Embarcar menaje, cartas de navegación, poleas de repuesto…
Los trabajos a bordo me llevaron hasta bien entrada la noche. Después de cenar con el armador y algunos amigos, me retiré tarde y cansado al barco a dormir. Cuatro horas de sueño y vuelta al tajo, pues quería salir durante la mañana del domingo hacia Denia.
24/05/09
Cambio de baterías, tensar la correa del motor, reparaciones de última hora, una pequeña compra en el supermercado, rellenar gas-oil y por fin a las 13:00h pude zarpar, en solitario, rumbo a Denia.
Con una ligera brisa del sur, izo la vela mayor que estabilizará y ayudará junto al motor.
Mientras navegaba seguía preparando elementos de la maniobra, cabullería, jarcia y un montón de detalles más. El barco llevaba mucho tiempo parado y había que ponerlo a punto para una navegación larga como la que teníamos por delante.
Algo más tarde fue abriendo el día, subiendo la temperatura y el viento empieza a arreciar, permitiéndome largar el génova y navegar a un largo, llegando a alcanzar al final los 8 nudos de velocidad. Navegar solo, en estas condiciones, siempre me relaja.
A las 22:30h frente a la bocana del puerto de Denia me aproo para arriar y preparar la maniobra de atraque, y una vez todo listo me dirigí a la Marina de Denia para atracar.
Cansado pero contento por ir cumpliendo con el plan previsto, ceno algo ligero y esa misma noche llega a bordo el primer tripulante, Manel, con el que ya había navegado a bordo del Cadenote Uno el pasado septiembre.
A la mañana siguiente llegaría Fátima, también antigua tripulante en el Cadenote Uno. Ambos me acompañarían durante las dos primeras etapas de la travesía, Fátima incluso hasta el final. 25/05/09
Antes de la llegada de Fátima, Manel me ayuda a subir al palo para colocar el estay de trinqueta y quitar la bombilla de la luz de tope que no funcionaba.
Poco después llegó Fátima, fuimos a hacer una compra de vituallas y al mediodía, después de una merecida duchita, dejábamos el puerto con motor. Una vez cosidas las fundas de los sables, izamos la mayor. Al doblar el cercano Cabo San Antonio, y antes de alcanzar Cabo La Nao podemos largar el génova, con unos 12 nudos de viento de la amura. Dada la buena mar aprovecho para subir de nuevo al palo y sustituir la bombilla de la luz de tope. El día transcurre sin altibajos, compaginando las velas con el motor. Durante la primera noche, con unos 15 nudos de viento de la proa, navegamos sólo con motor y mayor.
Distribuimos las guardias, que serían de tres horas cada una. De 23:00h a 02:00h y de 05:00h a 08:00h las harían Fátima y Manel. De 02:00h a 05:00h sería mi guardia, de forma que la próxima noche de navegación cambiaríamos los turnos de guardia.
Durante la primera guardia sufriríamos el primer sobresalto. De un brinco dejé mi litera al escuchar que nos llamaba salvamento marítimo por VHF, pues en un pantocazo aislado y especialmente violento se había activado nuestra radiobaliza. Tras desconectarla y comunicarles que se trataba de una falsa alarma todo continuó tranquilo. Un susto, pero nos sirvió para comprobar que la radiobaliza funcionaba y que en poco tiempo se puede poner en marcha el dispositivo de salvamento.

El parte meteorológico anunciaba, en principio, vientos portantes para esa madrugada que paulatinamente irían arreciando, pero la noche continuó con brisas suaves de la proa.
26/05/09
Durante todo el día navegamos entre Cabo de Palos y Cabo de Gata, alternando períodos de vela con períodos de motor y vela, predominando claramente estos últimos, pues la previsión de vientos portantes de fuerza 5-6 no apareció, por lo que al final del día las reservas de combustible estaban en las últimas. Con la puesta de sol, a lo largo de la costa del parque natural de Cabo de Gata-Níjar, el viento fue por fin increscendo poco a poco y la recorrimos navegando en popa, con la única novedad del alcance cercano por parte de un mercante que nos pasó por estribor a poco más de un par de cables de distancia. Debido a la escasez de gas-oil decidimos cambiar el puerto previsto de recalada de Almerimar por San José, a donde arribamos a eso de las 23:00h para amarrar en el muelle de la gasolinera. Allí nos esperaba mi hermano, junto al atento vigilante del puerto.
Después de un paseito por el pueblo para estirar las piernas, cenamos a bordo, prolongando la velada en agradable tertulia hasta tarde.
El viento había ido arreciando definitivamente hasta fuerza 6. Es reconfortante oír silbar el viento en los obenques al estar en puerto. Desde mi litera escuchaba también el chapoteo del agua agitada contra el pantalán, pero no tanto contra el casco. Por el portillo abierto de mi camarote entraba el viento, todo lo cálido que puede ser el viento nocturno, en una agradable sensación que me llevó hasta el sueño profundo.
27/05/09
Nos levantamos temprano para darnos una ducha antes de que abriese la gasolinera. Llenamos el tanque y nos fuimos a hacer una pequeña compra al supermercado. Fuera se veían los borreguitos formados por el fuerte levante que ya había estado soplando durante la noche, así que al poco de salir por la bocana largamos 2/3 de génova y en cuanto abandonamos la bahía pudimos arribar popa al viento y la mar, empezando a planear con puntas de 10 y 11 nudos de velocidad con rumbo al Estrecho. Pronto dejamos atrás cabo de Gata y momentáneamente bajó un poco la intensidad del viento, por lo que desplegamos completamente el génova II y nos dispusimos a preparar un segundo génova para relingar atangonado por barlovento. Al ir a izar se enganchó la relinga y en lo que tardamos en desengancharla el viento volvió a arreciar, así que no fue hasta más tarde que realizamos esa maniobra.
Navegando en popa cerrada con el génova II por sotavento y un génova III atangonado por barlovento, sin la mayor, el barco corría equilibrado con la mar de popa. Mantuvimos esa configuración de velamen aproximadamente hasta estar a la altura de Motril, por donde nos cruzamos con una manada de calderones y más tarde nos acompañó, durante toda la noche, un grupo de delfines. ¿Querrían decirnos algo? Al ponerse el sol el viento fue cayendo en intensidad, pero la mar tardó más en suavizarse, hasta que de madrugada ambos se calmaron casi completamente, mostrándonos un amanecer tranquilo. 28/05/09
Según avanzaba la mañana y nos íbamos aproximando a la entrada del Estrecho, el viento volvía a arreciar entablándose por la popa. Los partes meteo por la VHF anunciaban vientos de fuerza 7-8 en principio para esa zona, más tarde daban vientos de levante fuerza 8-9 para el Estrecho, así que nos fuimos preparando. Navegábamos con el tercer rizo de la mayor metido y en principio todo el génova II desplegado, con 20-25 nudos de viento. Preparamos los arneses de seguridad, cerramos algunos grifos de fondo y aseguré las escotillas.
El piloto automático seguía gobernando sin problemas, pero pronto hubo que cogerlo a mano.A medida que nos acercábamos a Punta Europa el tráfico se iba intensificando y una visibilidad regular por bruma empezó a dejarnos entrever por la proa el Peñón de Gibraltar. Los avisos a los navegantes nos habían alertado de una zona de ejercicios de tiro para ese día, justo al otro lado de Isla Tarifa, en la salida del Estrecho, que nos obligaría a prolongar la derrota hacia el Este bastante más allá de lo habitual antes de poder trasluchar para arrumbar hacia Cádiz.
Poco antes de llegar a estar al través de Punta Europa arriamos la vela mayor y aferramos bien la botavara, pues la mar y el viento empezaban a apuntar maneras… Según íbamos dejando atrás por nuestra banda de estribor Pta. Europa, la bahía de Algeciras y Punta Carnero, el viento seguía arreciando paulatinamente al mismo tiempo que íbamos reduciendo la superficie del génova y antes de pasar por delante del Centro de Control de Tráfico, el viento ya alcanzaba la fuerza 8. Al través del faro de Isla Tarifa superaba la fuerza 9, y ya había que timonear a mano.
Ya era tarde para virar hacia el puerto de Tarifa para buscar refugio. Corríamos casi a palo seco, sólo con poco más que el puño de escota del génova desplegado.
Nosotros ya nos habíamos enfundado los trajes de agua y enganchado los arneses de seguridad, pues en cualquier momento podría perder el control del barco y dar una tumbada. Encendí el motor para tener más gobierno en el seno de las olas, que seguían creciendo, haciéndonos surfear en algunos planeos espectaculares en los que el barco se lanzaba al caer de las olas, a pesar de lo cual seguía notando el empuje del viento en mi espalda, presionándome en las rachas contra el timón.
Pocas opciones nos daban las olas y el viento, prácticamente sólo podíamos correr en su dirección. Aunque entre ola y ola intentaba ir orzando poco a poco para acercarnos a tierra y reducir el fetch de las olas con intención de arrumbar al puerto de Barbate buscando refugio. Pero eso también nos iba metiendo en la zona de exclusión de las puñeteras prácticas de tiro, algo que al cabo de un rato, y dadas las circunstancias, dejó para mí de tener la menor importancia.
La fuerza 8-9 anunciada se había convertido en algunos momentos en fuerza 10-11. El panorama se tornó, en muy poco tiempo, en algo bastante dantesco. Olas grandes, la mar blanca pulverizada por el viento que mostraba colores irisados sobre la superficie del agua, una imagen verdaderamente espectacular, que junto al ruido, impresionaba y preocupaba, pero de una belleza indescriptible. La concentración a la rueda del timón era máxima y el comportamiento de mis dos tripulantes, Fátima y Manel fue encomiable, los tres, por supuesto, enganchados por los arneses en todo momento, y con todo, ellos, se permitieron aún hacer alguna fotografía. Lamento no haber podido hacer ninguna foto durante el máximo apogeo del temporal, pero dudo que hubiesen podido plasmar la situación.
Hubo momentos en los que la fuerza del viento llegaba a deshacer la mar, aplanándola, lo que ayudó a poder acercarnos suficientemente a tierra frente a Zahara de los Atunes, donde la altura de las olas disminuyó considerablemente, no así el viento que hacía volar la espuma del mar como polvo de nieve en ventisca. ¡Precioso! A buena velocidad, próximos a la costa, nos acercábamos al puerto de Barbate, cuya bocana, abierta justo en la dirección en la que venía el viento, apenas se podía distinguir. Tampoco alcanzábamos a localizar la almadraba que se encuentra justo delante de la entrada del puerto.
Cuando nos encontrábamos a poco más de media milla de la bocana, la vedad es que tenía mala pinta, y no invitaba demasiado a entrar. Parecía que el viento apretaba aún más e intenté aproar el barco al viento con la esperanza de que en un receso de intensidad se viese la cosa más clara. Con el motor a toda avante viré todo el timón a babor, y al atravesarnos al viento el barco escoró fuertemente sobre su banda de estribor, pero la proa no consiguió remontar la dirección del viento y sólo abatíamos. Tras un par de intentos infructuosos más, hacia bandas alternas, había que elegir, o salir de allí y proseguir en esas condiciones unas horas más hasta Cádiz, o meterse en la boca del lobo enfilando hacia el centro del canal y buscar refugio en la dársena pesquera, pues el puerto deportivo me parecía demasiado arriesgado.
Consulté la opinión de la tripulación, mientras me planteaba interiormente cuánto tiempo, y más aún de noche, iba a poder mantener la concentración suficiente para gobernar en esas condiciones.
Un par de minutos más tarde volvíamos a enfilar hacia la bocana.
A falta de unos 200m, con mis gafas opacas por el salitre, pudimos ver “in extremis” por la proa las boyas y la baliza que marcaba el extremo de la almadraba. Metí todo el timón a estribor y la libramos por los pelos.
Ya no había vuelta atrás, nos encontrábamos en el canal de entrada en medio de un agua marrón por la arena removida y doblamos hacia el puerto pesquero con intención de abarloarnos a los pesqueros que se encontraban amarrados a barlovento.
Teníamos preparadas las defensas y los cabos de amarre. Manel, en la proa, listo para saltar a un pesquero con la amarra de proa, recibía las sacudidas de las escotas de génova. Una vez que saltó al pesquero, la policía local lo entretuvo diciendo que no podíamos amarrar allí. Supongo que creyeron que pretendíamos amarrarnos en el hueco del la gasolinera pesquera en vez de abarloarnos a un pesquero. Aún así daba igual, sólo quería aferrarnos a algo, después, si lo consideraban oportuno que nos multasen, pero su actitud en tales circunstancias me sorprendió casi tanto como me cabreó.
El caso es que quedamos sueltos, con Manel en el pesquero, y tuve que dar un par de vueltas en redondo en el interior de la dársena. El mar en el interior del puerto hervía, y al agua pulverizada había que sumarle ahora la arena que dolía en la cara. Finalmente, junto a un grupo de pescadores, parece que comprendieron la situación y nos indicaron una parte libre del muelle donde pudimos amarrar. El resultado fue sólo la rotura de la punta del tangón contra el muelle al salirse por la borda y algunas magulladuras que recibió Manel con las escotas.
Una vez amarrados tuve que improvisar más defensas de refuerzo hechas con cabos viejos, pues el viento nos empujaba violentamente contra el muelle.
Se hacía muy incómodo permanecer en cubierta con la arena que lo barría todo, y sólo en el interior del barco podíamos encontrar un poco de descanso.

No tardaron en llegar a bordo los tres tripulantes que nos esperaban en Cádiz para embarcar y a los que ya habíamos avisado del cambio de planes, Jesús, Ignacio y Juan.
Prepararon una buena cena a bordo y les pusimos al día de las incidencias de la jornada.
A las seis de la madrugada la calma me despertó y aprovechamos el receso del viento para dirigirnos rápidamente al puerto deportivo donde amarramos en un atraque mucho más cómodo y protegido.
No duró mucho la tregua y pronto volvió el viento con toda su fuerza.
En cubierta, incluso dentro, había montones de arena que nos costó un buen rato limpiar.
Cuanto más regábamos la cubierta más arena salía. Ordenamos el barco y después de una merecida ducha nos premiamos con un buen desayuno en el bar de la marina.
Desde allí la mar se veía espectacular, aunque la bocana parecía más decente, sin embargo el parte meteorológico nos anunciaba que el fuerte temporal duraría aún un día más. Unos vecinos ingleses en un 54 pies nos decían que su anemómetro estaba marcando 53 nudos de viento.
Los lugareños nos decían que no recordaban nada igual. ¡En Barbate!!! No nos vendría nada mal un día de descanso en puerto para reponer fuerzas y preparar bien el barco para continuar.

Ni que decir tiene que después de esta etapa me volví a reconciliar completamente con el barco, demostrándome una vez más que es un barco duro, rápido y seguro.