lunes, 6 de octubre de 2008

ÚLTIMA PARADA: “COSTA DA MORTE”.

Como si fuese el anuncio de próxima estación de Metro, esta fue la última recalada de la travesía antes de llegar al puerto de destino, Sada, a pesar de que la idea era hacer la etapa del tirón.
Cumpliendo con el calendario previsto y como en casi todos los finales de etapa, en Bayona, hubo cambio de algunos tripulantes. Desembarcó Manuel y subieron a bordo los bilbaínos María José y Rafa y otra antigua tripulante del Cadenote Uno, Camila.
El lunes amaneció un día espléndido en la Ría de Bayona, sol radiante y ausencia de viento con mar en calma, sin embargo el parte meteorológico anunciaba para la tarde fuerza 5-6 del N-NE con fuerte marejada a partir de Fisterra.
A las 11:30h doblamos la punta del espigón para enfilar el paso de Estelas y navegar a motor por el interior de las Islas Cíes, Onza y Ons.
Por unas horas no coincidimos con Unai Basurko que zarparía algo más tarde desde Vigo a bordo de su Pakea Bizkaia hacia Bilbao después de instalar los chupones para los tanques de lastre, la potabilizadora y los paneles solares de cara a la próxima Veénde Globe. Él navegaría hacia mar abierto en busca del role del viento al NW para arrumbar directamente a Bilbao. Nosotros en cambio pretendíamos subir pegados a la costa para protegernos del NE anunciado.
Al paso por el canal entre la Isla de Ons y el faro del Camouco salimos ya de la protección de las islas, dejando la Isla de Sálvora por estribor. La brisa aumentó lo suficiente para poder navegar de ceñida con toda la mayor y el génova al principio, pero pronto arreció y al través de los bajos de corrubedo cambiamos el génova por la trinqueta, navegando en bordadas acompañados por los delfines. Avanzando la tarde el viento y la mar fueron creciendo justo de la dirección a la que debíamos ir, así que a última hora acabamos navegando de nuevo con mayor, con el primer rizo metido, y motor para poder hacer un rumbo más directo.
El viento fresco y la mar fría obligaron a enfundarse ropa de abrigo y el traje de aguas, atrás quedaron ya las cálidas aguas del Mediterráneo, finalmente por la noche incluso tuve que calzarme, lo que me resultó una sensación extraña después de tanto tiempo andando descalzo. La costa da morte nos recibía en su salsa.
A media noche, con una negrura espesa, las circunstancias hicieron que le plantease a la tripulación la opción de recalar en el puerto de Fisterra, y ante la instantánea unanimidad variamos unos grados el rumbo para dirigirnos al presunto abrigo del puerto. Es curioso como cambia el ánimo de la tripu ante una meta cercana, a nadie le gusta sufrir.
Entramos en el puerto, poco protegido del NE, abarrotado de embarcaciones de pesca amarradas en sus fondeos que hubo que esquivar como en una gymkhana hasta encontrar un pequeño hueco libre en el muelle, entre dos pesqueros. De nuevo tengo que volver a acostumbrarme a tener en cuenta las mareas.
Cenamos a bordo una comida caliente a base de macarrones y pulpo capaz de reconfortar cualquier espíritu y a descansar. Antes del amanecer había que estar en pie para zarpar con las primeras luces del alba. Ya con luz de día bordeábamos el Cabo Fisterra, pasando por dentro del islote del Centolo, a motor y con dos rizos en la mayor, retomando la subida para ir doblando los sucesivos cabos de esta costa. Cabo la Nao, Touriñán y Vilán, del que pasamos bien cerca para poder saludarle.
Pasado el medio día las condiciones habían mejorado sensiblemente y atajamos por el interior de las Islas Sisargas. Los grados caídos a estribor, junto a un leve role del viento al N, nos permitieron volver a navegar a vela, con dos rizos en la mayor y trinqueta. Aún así navegábamos a una media de 8 nudos rumbo a la boca de la Ría de Sada, con sol pero con el viento fresco típico del NE. Dejamos la Torre de Hércules a estribor y para celebrar la llegada a casa entramos en la ría pasando entre el islote de La Marola y tierra. Como reza un dicho marinero local: “quien pasa La Marola, pasa la mar toda” ;-) Dentro de la ría, ya sin ola, desplegamos también el génova para alcanzar los 9 nudos y que el Cadenote Uno arribase a casa orgulloso tras su periplo de más de 4.000 millas navegadas este verano, exactamente tres meses y medio después de haber zarpado del puerto de Sada. Tiempo durante el cual él ha sido mi casa y yo su inquilino permanente. El barco se ha portado de maravilla, sus instrumentos también, perdonando el pequeño lapso que tuvieron “Ray”, la VHF y el equipo de viento después de las muchísimas horas de trabajo casi ininterrumpido.
Mi agradecimiento también a los tripulantes que nos acompañaron, unos durante la travesía completa, otros en alguna de las etapas, de vuelta a casa: José Manuel, Pablo, Manel, mi hermano Eugenio, Jesús, Roberto, Manuel, María José, Rafa y Kamila. Espero que, como yo, hayáis disfrutado de la travesía.
Llegados a los pantalanes de Sada donde nos esperaba Miguel, el armador, abandonamos el barco con cierta premura debido a que la gran mayoría tenían que emprender su viaje de retorno a casa, por lo que no pude despedirme debidamente del barco, cosa que hice con calma al día siguiente. No obstante, este fin de semana ya he vuelto a navegar en él y espero que nuestra relación se mantenga durante bastante tiempo, y es que tiendo a cogerle cariño a los barcos con los que comparto suficientes millas.

2 comentarios:

Manel dijo...

Me alegra saber del final feliz de la travesía de vuelta. Un placer el haberte conocido a ti, al resto de tripulantes con los que compartí algunos días en el mar (José Manuel, Pablo y Eugenio) y, claro está, al Cadenote Uno. Espero que podamos volver a coincidir en otras singladuras. Manel.-

Jose Manuel dijo...

Aunque suene "pelota", he de decir que ha sido un gran placer conocer a semejante pedazo de Patrón. Gracias, de nuevo, por las enseñanzas y por la paciencia. Miedo me da decirlo (que, luego, se apunta todo "quisqui" y me quedo sin plaza en la próxima; si la hay), pero ha sido una de las mejores experiencias que he vivido. Y no me refiero solo al barco. Que también. Espero que se repita. Aprovecho también para "ensalzar" a los compañeros tripulantes. Jesús, Roberto, Manel y todos aquellos con los que hemos compartido risas, pesca con sacacorchos, guardias, Moët Chandon, pollo al curry y "pescaito frito". Un abrazo fuerte a todos y hasta muy pronto.