miércoles 15 de julio de 2009

ENCONTRO EN MUROS

El pasado domingo, pudimos llegar al último día del “IX Encontro de Embarcacións Tradicionáis de Galicia” celebrado en la marinera villa de Muros. Buen ambiente, a pesar de que al parecer acudieron a la cita menos embarcaciones de las esperadas y del día tan gallego que amaneció el domingo, orballando hasta bien entrada la tarde. Pero los tres primeros días fueron estupendos, según me contaron. El “encontro” también se produjo entre blogueiros del mar, y aunque llegamos tarde, tuve la suerte de encontrar y poder conocer en persona a Mar y Tin, de “Una Mirada a la Ría de Vigo”, Fernando de “Dornablog”, y algunos más, pero por poco me quedé sin conocer a Joan Sol de “El Mar és el Camí”, lástima, otra vez será. De todas formas me hizo mucha ilusión, fue un verdadero placer.

En el agua pudimos apreciar todo tipo de proas, cada cual más bonita, de Dornas, Polveiras, Xeiteiras, Gamelas, Botes, Galeones y Traineras, con sus aparejos tradicionales, alguna “Poutada”, tradicionales anclas artesanales. Todo tipo de vergas, perchas, botavaras y baupreses… Pero también vimos al Alefriz y otros barcos menos tradicionales que no faltan a ninguna cita.
En tierra un montón de actividades, charlas, libros, actuaciones, películas y exposiciones… y sobre todo, un pueblo, el de Muros, que se volcó con el acontecimiento. En todas las calles, casas y comercios encontrabas motivos marineros que te transportaban a un tiempo en el que la mar se vivía de otra manera. A ver si en la próxima ocasión llegamos a tiempo y podemos disfrutar, además, de la navegación en alguna de esas embarcaciones tradicionales que tanto me gustan.

domingo 12 de julio de 2009

EL PARAISO PERDIDO. 37º 48.09´N / 14º 15.01´W

Hará cosa de un año hice una subida al blog para hablar del Amigo Ramón Prat y de nuestro encuentro en Las Pitiusas. Él llegó a bordo de su Paradisse y yo me encontraba con el Cadenote Uno. Durante este tiempo, Ramón hizo realidad su sueño de cruzar el Atlántico con el Paradisse. En una larga travesía que le llevó desde Cataluña hasta las Islas Canarias, recalada en las Islas de Cabo Verde y cruce, con los Alisisos del NE hacia las Islas del Caribe. Por ellas fue subiendo hasta que llegó la hora de retornar. Salto hasta Bermuda, cruce con los contra alisisos hasta la Azores, y de ahí el último ataque hacia el viejo continente. Ramón en el Bar de Peter, recalada obligatoria en Azores para los navegantes del Atlántico

Por desgracia su travesía se vio truncada a falta de unas 360 millas para Cabo San Vicente, exactamente en la posición: 37º 48.09´N / 14º 15.01´W
Una fuerte vía de agua dio al traste con todo y les obligó, a él y su compañero de travesía Ángel, a abandonar el barco.
Afortunadamente una pareja que se encontraba a 15 millas por su proa a bordo del Dike, acudió en su ayuda rescatando a Ramón y Ángel, que ya han llegado a tierra, sanos y salvos.
Podría pensarse que con la pérdida del Paradisse fracasó la culminación de su sueño, pero por el contrario creo que el Paradisse le llevó a cumplir con creces ese sueño y ahora, su barco descansa en el fondo del atlántico, formando parte de otro de los “paraísos” perdidos.
Ramón se ha quedado sin su Paradisse, pero quedan grabadas en su retina y su memoria las imágenes y vivencias de su aventura, y a buen seguro que no le faltarán barcos y amigos con los que volver a salir a la mar.

Ahora Ramón, disfruta de un buen solomillo, para reponerte del mal trago ;-) . Un abrazo.

Podéis saber más de su travesía en su blog:
http://atlanticoprat.blogspot.com/

jueves 9 de julio de 2009

DE FORMENTERA A SADA (III)

Descansamos un par de horas, un paseo por el pueblo para estirar las piernas a la espera de que abriesen la gasolinera mientras gran parte de la tripulación seguía descansando a bordo, rellenamos el tanque de gas oil y tres tripulantes se acercaron al pueblo para reponer vituallas, pues en estas fechas ya no te dejan quedarte amarrado mucho tiempo ni en el pantalán de espera de la marina ni en el de la gasolinera, así que esperé amarrado a una boya frente a la playa de Cascáis. Los recogimos y a la una continuábamos viaje hacia el norte.
Una vez dejado atrás Cabo da Roca abrió el día y aumentó el viento del SW empujándonos a vela durante otra tarde anti estress… Leyendo tumbado en la cubierta de proa, escuchando el agua apartarse a nuestro paso, pensaba en los pantocazos contra el viento y las olas mediterráneas que, afortunadamente, habían quedado atrás. Hoy el Atlántico nos regalaba una deliciosa tarde de navegación a vela que todos agradecimos, volviendo a experimentar el placer de navegar…, pero a veces antes de llegar a esto hay que aguantar momentos menos gratos, como si fuera una tasa que nos impone el propio mar, diciéndonos que para disfrutar de las maduras, hay que estar también a las duras. Pasado el estrecho entre Cabo Carvoeiro y las Islas Berlengas el viento se fue debilitando en un atardecer lánguido. Un frente de nubes altas apareció por el oeste y poco a poco fue tapando el sol, ocultándolo antes de que se metiera por el horizonte. Siguió otra noche tranquila, pero el cansancio acumulado ya se iba haciendo notar y los cambios de guardia se hacían con rapidez. Apenas un miembro de la guardia entrante pisaba la cubierta, la guardia saliente desaparecía por el tambucho de cabeza a sus literas.
El miércoles fue un día sin altibajos con brisa del oeste y mar rizada que nos permitía seguir ganando norte con rapidez. Días así transcurren entre conversaciones, lectura, siestas, comidas y muchas tazas de té, de lo que constantemente se encargaba Luís. A última hora de la tarde entrábamos en aguas gallegas con recibimiento de delfines locales, que no pillé. La tarde de cielo encapotado venía abriendo por el horizonte, y por estribor una bruma muy gallega nos dejaba ver el Monte Tecla, en la desembocadura del Río Miño. Por la proa Cabo Silleiro, que doblamos antes de que oscureciera completamente, para adentrarnos en la pequeña Ría de Bayona, y a las 23:00h amarrábamos en los pantalanes del MCY de Bayona. Para los que recalen por aquí aconsejarles que pidan un amarre sin “finguer”, pues los marineros del club intentarán colocarles en uno con “finguer”, ya que cuestan el doble.
Por lo demás es un lugar de recalada totalmente aconsejable. Buen trato, buenos servicios y un entorno inmejorable.
Como viene siendo habitual, búsqueda de un sitio para cenar, que a esas horas se hace cada vez más difícil, como si estuviéramos en Europa, pero finalmente, y por los pelos, conseguimos que nos sirvieran algo en el mismo sitio que la vez anterior, “La Boquería”

Todo listo para zarpar a las 11:00h de la mañana del jueves 2 de cara a la última etapa de la travesía a lo largo de la “costa da morte” Mañana encapotada, con algún claro, y con suave brisa del Norte, en principio, que debía rolar hacia el Oeste. Navegamos a través del paso de Estelas hacia la cara interior de las Islas Cíes, tramo en el que nos cruzamos con la misma manada de calderones blancos que en la travesía anterior. Las islas lucían espectaculares y tranquilas, invitando a fondear en alguna de sus playas de arena blanca, pero debíamos continuar hacia el norte. Al paso por el canal norte de la Ría de Vigo el viento empezó a irse poco a poco hacia el oeste y aumentando ligeramente en intensidad, justo para navegar de ceñida con génova y mayor, saliendo entre las Islas Cíes y las Islas de Onza y Ons, con un cielo cada vez más azul. Una vez librados los bajos de Corrubedo, caímos unos grados a estribor para arrumbar directamente hacia Cabo Fisterra, que apenas se distinguía en la lejanía, en otra agradable jornada de navegación. Las buenas condiciones de la mar nos permitieron, al alcanzar el cabo, pasar pegados a tierra, por dentro del islote del Centolo, dejando los bajos de La Carraca por babor. Desde la base del acantilado se puede apreciar mejor la grandiosidad del cabo. Poco después franqueábamos el siguiente, Cabo Touriñán, con una mar como una balsa de aceite que reflejaba los últimos rayos de sol, antes de que un nuevo frente nuboso cubriera el cielo durante la noche. Anocheció al paso por Cabo Vilán, que recortaba su escarpado perfil en la oscuridad. Esa noche permanecí a caballo entre las dos guardias, durmiendo aproximadamente una hora en cada una de ellas.
Se distinguían perfectamente alineadas las luces de los faros del Roncudo, Punta Nariga e Islas Sisargas, las cuales pasamos a eso de las tres de la madrugada y desde donde ya se podía distinguir el destello de la Torre de Hércules.
Al despuntar el día ya navegábamos dentro de la Ría de Sada, con el espigón del puerto a la vista por proa. Serían poco más de las siete cuando entrábamos por la bocana, justo cuando los primeros rayos de sol reflejaban en los edificios del puerto de Sada. Tras unas 1.050 millas y casi trece días de navegación, amarrábamos el “O Comillas” en los pantalanes de la Marina Sada, donde se le dará un buen repaso al barco. Por nuestra parte, caras de sueño y cierto cansancio acumulado, pero contentos por haber culminado otra satisfactoria travesía. Como siempre mi agradecimiento a toda la tripulación que me ha acompañado durante la travesía. Ha sido un placer y, hasta la próxima ocasión.

DE FORMENTERA A SADA (II)

Bueno y rápido fue el trabajo del velero inglés que antes del anochecer tuvo reparada la vela.
Ese mismo día se incorporó a bordo el incondicional tripulante Jesús, y a la mañana siguiente se habrían de sumar dos tripulantes más para la etapa que nos llevaría hasta Cádiz, los hermanos malagueños Paco y Ángel (2), armadores de un precioso Sparkman & Stephens 29´. La predicción meteorológica anunciaba que seguiría el viento de poniente pero con menos intensidad y menos mar.
Abandonamos Almerimar el viernes por la mañana, con 24 horas de retraso respecto del plan previsto.
Pronto pudimos navegar a vela con unos 17 nudos de viento de ceñida que nos obligaba a dar largas bordadas y que sirvió para poner a prueba la reparación de la mayor, con muy buen resultado. Se notó la presencia de Jesús a bordo, que nos preparó unos apetitosos huevos rellenos para comer. La navegación fue bastante agradable hasta el final de la tarde, a la altura de Almuñecar, en que el viento volvió a arreciar y tuvimos que volver a enrollar el génova. A pesar de avanzar con motor y mayor, seguíamos dando bordos, aunque más cerrados al viento, para que la vela ayudase al motor a remontar la mar y el viento de proa. Siempre repiqueteando hacia tierra en busca de menos mar. Así que en vez de dirigirnos a rumbo directo hacia el Estrecho, tuvimos que ir más o menos bordeando la costa de Málaga. Amaneció aproximadamente a la altura de Marbella. Ciertamente gozamos en esta travesía de atardeceres y amaneceres formidables. También tuvimos, cómo no, las habituales visitas de los delfines. A medida que nos acercábamos al Estrecho se iba intensificando el tráfico. Y por fin doblamos Punta Europa, bien pegados al faro, con 23 nudos de viento en contra y algo de ola pero con una buena corriente a favor. Entre petroleros, mercantes, remolcadores, barcos de pasaje, otras embarcaciones de recreo y embarcaciones de salvamento marítimo que buscaban a un buzo desaparecido, aquello era un auténtico lío, hasta que dejamos atrás la bahía de Algeciras, en que tráfico, viento y mar se fueron normalizando. A última hora de la tarde salíamos del Estrecho, dejando el faro de isla Tarifa por nuestra aleta de estribor, con la mar llana, pero con unos choques de corrientes tan fuertes como nunca los había visto. Por momentos navegábamos por una mar que parecía planchada, de repente entrábamos en remolinos que hacían oscilar la proa o cruzábamos un trozo de mar picada. Parecía como descender por un río de aguas bravas, pero al anochecer, al través de Punta Camarinal salimos de la zona de influencia de las fuertes corrientes. Por la proa el brazo de tierra de Cabo Trafalgar que se incrustaba en un horizonte rojo. La noche fue tranquila y rápida, remontando la costa gaditana. Empezó a clarear después de pasar las balizas frente al castillo de San Sebastián, amaneciendo cuando ya nos encontrábamos en el canal de entrada al puerto de Cádiz. Serían las 07:30 h cuando amarrábamos al pantalán de espera de Puerto América, puerto al que, sin estar del todo mal, no creo que vuelva.
Ahí desembarcaron Jesús, Paco y Ángel (2).
El puerto se encuentra en una zona de contenedores un poco apartada y descuidada, así que nos dirigimos al centro para desayunar y dar una vuelta por el casco viejo de “la tacita de plata” en busca de un ciber y de un almacén de alimentación que estuviera abierto, pues era domingo.
Fue una escala rápida y a las doce y media o una, después de repostar, salíamos de nuevo por la bahía rumbo a Cabo San Vicente.
No habría pasado ni una hora cuando, al salir de la bahía, Oriol pescó con nuestro curricán una hermosísima Corbina (parecida a una Lubina) que sirvió de plato fuerte a la hora de comer. ¡Deliciosa! Otra bonita puesta de sol seguida de una noche tranquila y a la mañana siguiente teníamos punta Sagres por la proa, que rápidamente dejó a la vista el Cabo San Vicente, con bienvenida de los delfines portugueses incluida. Esa tarde despejó el cielo con una brisa del SW que nos brindó otra jornada de navegación agradable y ociosa con la mar rizada. El día transcurrió sin novedad, sólo el cruce con algún mercante a última hora, y una nueva noche con la luna en cuarto creciente poniéndose por el oeste. Esa madrugada, a las 06:30h (hora española) amarrábamos en el pantalán de espera de la marina de Cascáis.

miércoles 8 de julio de 2009

DE FORMENTERA A SADA (I)

De nuevo de vuelta en casa tras la última travesía desde el bendito, maldito, Mediterráneo, que primero nos engatusó con sus placenteras navegaciones hasta llevarnos lejos, para después sacudirnos en los morros.
Otra cosa fue como nos trató el Atlántico, suave y noblemente en todo momento.
Otro paseo por las nubes me devolvió a Formentera vía Barcelona, donde hice una corta recalada aérea para pasar una noche y una mañana en casa de mi sobrino y su chica, con tiempo para pasear por algunos lugares de mi infancia. Ya en el aeropuerto de Ibiza me reuní con los dos primeros tripulantes que me acompañarían durante toda la travesía. Luís y Jaime, padre e hijo.
Desde donde, a bordo de un Transmapi, saltamos a la isla de las salamandras por la tarde del domingo 21 de junio, para embarcar en el “O Comillas”, un cansado Bavaria 49 del 2003.
Un repaso rápido al barco y después comida-merienda-cena en “El Gallego”. Fugaz medio tour por la isla, un poco de musiquita caliente de “Los Músicos del Mar” a bordo de la goleta “Arabian Nights”, cervecita y al barco a descansar. Esta vez pretendía que todo fuese más tranquilo que en la ocasión anterior. Nos levantamos con el sol. Había bastante que hacer antes de zarpar, pero dado el parte meteorológico, no teníamos excesiva prisa en hacerlo, pues las buenas condiciones de viento tampoco tenían previsto madrugar.
Visita a bordo del electricista para los últimos arreglos. Reconocimiento más profundo al barco y su equipamiento, tareas de puesta a punto y sólo faltaba ir al supermercado para una comprita sólo con vistas a la corta navegación de unas diez horas.
A última hora de la mañana llegó el tercer tripulante que formaría parte de la tripulación durante el total de la travesía. Ángel, gallego que llevaba ya un mes en la isla.
Sería la una y media cuando abandonamos el puerto de La Savina. Largamos velas y enseguida navegábamos sólo a vela con una brisa de entre 12 y 15 nudos del Sur, que fue arreciando según avanzaba el día, hasta llegar a 20 nudos por la tarde. La singladura fue de lo más placentera, buen tiempo y buen viento del través que nos llevó hasta Denia en unas ocho horas. Por el camino nos cruzamos con el Open 60 “Estrella Damm”, posiblemente entrenando para la próxima Barcelona World Race. A última hora de la tarde, con el cielo encapotado sobre la costa levantina, aún arreció un poco más el viento al acercarnos a Cabo San Antonio. Esa noche, amarrados en los pantalanes de Marina de Denia, recibimos al cuarto tripulante que se embarcaría hasta Sada, Oriol, con el que ya éramos cinco, y todos nos fuimos a cenar para celebrar mi cumpleaños. Sin duda el buen día de navegación ya fue todo un regalo.

Zarpamos de nuevo a media mañana del martes 23 para recorrer las aproximadamente 230 millas que nos llevarían hasta Almerimar.
Una suave brisa de componente sur predominó durante todo el día, y el cielo encapotado al principio fue dejando paso a una tarde soleada que propició un ambiente distendido a bordo. Como siempre, el atardecer y la puesta de sol captó nuestra atención. Lo mismo que el nuevo amanecer, que se produjo ya rebasado Cabo de Palos con mar calma. El miércoles aún fue mejor, con un poco más de brisa de ceñida que nos propulsó a lo largo de todo el Golfo de Vera, desde Palos hasta Gata. Se respiraba relax a bordo. La música se mezclaba con el sonido del agua a través del casco mientras navegábamos a buen ritmo. Al final de la tarde, al aproximarnos a la costa del parque natural de Cabo de Gata-Níjar aún arreció más el viento rolando a la proa y empezando a formarse esa ola corta mediterránea que tan mal le sienta al barco, frenando nuestro avance, y que nos obligó a recoger el génova y encender el motor. Tampoco ayudaba el hecho de que la obra viva del casco estuviera notablemente sucia. Buscamos el resguardo de la costa para facilitar nuestro avance con menos ola y anocheció poco antes de llegar a la altura de San José, después de una copiosa cena a base de espagueti.
Nos costó lo nuestro rebasar Cabo de Gata, cada vez con más viento y ola de proa. Sería la una de la madrugada cuando, ya con el cabo por la popa, en un pantocazo se rasgó la vela mayor mientras soplaban unos 25 nudos de viento.
Recogimos la vela lo que pudimos, pero parte de ella tuvo que quedar fuera. El viento siguió creciendo hasta los 30 nudos, con rachas de más, y la ola, cada vez mayor, detenía al barco una y otra vez. Unas nueve o diez horas nos llevó recorrer las 30 millas, a través del Golfo de Almería, que nos separaban del puerto de Almerimar. Desesperante avance…
Amaneció a la altura del faro de Pta. del Sabinal, parecía que no llegaríamos nunca! Muy extrañado de que con un motor de 105 cv a 3.500 revoluciones apenas alcanzásemos los 3 nudos… Por fin llegamos a Almerimar a eso de las diez de la mañana. Repostamos gas-oil y nos dirigimos a un puesto de atraque. Arriamos la destrozada vela mayor para llevarla a reparar a la velería de Colling. Día para descansar y recomponer el barco después de la dura noche, a la espera de la mejora de la meteorología y de que estuviese lista la mayor.
Achicamos sentinas, tensamos transmisiones del timón, reposición de líquido refrigerante y aceite del motor. Inmersión para limpiar las palas de la hélice, sucias de cuquillos, corales y demás incrustaciones, así como de la pala del timón y salida de aguas del casco que estaba realmente sucio, y aunque sólo en parte, la limpieza hizo que mejorase sensiblemente el rendimiento del motor.

miércoles 17 de junio de 2009

TODO LISTO PARA LA PRÓXIMA TRAVESÍA

Faltan pocos días ya para iniciar la próxima travesía desde Formentera hasta Sada a bordo de un 49´, el “Comillas”, que nos espera con ganas de retornar a Galicia, después de haber cruzado el Atlántico hasta Newport y vuelta, haber bajado hasta el Mediterráneo, por donde deambuló un tiempo, ahora vuelve a casa. En alguna etapa aún queda alguna plaza libre, pero de todos modos vamos bien de tripulación. Si todo sigue bien, saldremos de Formentera hacia Denia el lunes 22, para desde ahí, el 23 empezar el descenso por el Mediterráneo hacia el Estrecho, que espero que en esta ocasión nos trate mejor que en la última ;-), y nuevamente a remontar el Atlántico, primero hasta Cádiz, después Cascáis, Bayona y finalmente Sada, a donde estimamos llegar el 2 de julio. Ojalá Eolo y Neptuno sean benévolos con nosotros…

lunes 15 de junio de 2009

EL TELEFONICA AZUL DE NUEVO MUERDE “EL POLVO”

En la salida de la novena etapa de la VOR, entre Marstrand y Estocolmo, el Telefónica Azul, patroneado por Bowe Bekking, se ha vuelto a comer una roca… Es algo que le puede pasar a cualquiera, pero en una competición de esta índole, con proyectos en los que se inyecta mucho, casi demasiado, dinero para hacer fichajes estelares entre los mejores navegantes, parece que no debería ser tan habitual.
Si la próxima edición la hacen con barcos de radiocontrol probablemente sería más barato y seguro. El navegante del Telefónica Azul, Simon Fisher, creo que aún sigue pidiendo perdón. A otros, por mucho menos, los han apeado del barco.
No sé qué tiene Bowe Bekking contra los barcos españoles… Primero perdió el Movistar, durante la última etapa de la edición anterior. En la actual edición, en la salida de Quingdao para la 5ª etapa se dio contra la primera piedra y ahora en la 9ª, saliendo de Marstrand se han comido la segunda.
Al menos su perro aún lo saluda. Con su presupuesto podían optar por la primera o segunda plaza del podio, pero visto lo visto, vale con que demuestren que los barcos españoles saben navegar sin irse dando con las piedras.
Parece ser que ha costado mucho desempotrar el barco del bajo rocoso, gracias a la ayuda de guardacostas y demás barcos han conseguido volver a tierra, sanos y salvos para evaluar los daños. Con una fuerte vía de agua, un winche roto, una orza de deriva rota, y quién sabe qué más daños en su quilla, parece mucho más que probable que el Telefónica Azul pierda sus opciones de subirse al segundo escalón del podio en esta vuelta al mundo. Lo siento, sobre todo, por el amigo Pepe Rives, que no para de comerse un marrón tras otro desde que navega con Bekking.
¡Mucho sentidiño, chicos! Espero que se pueda arreglar y terminar esta, ya demasiado larga, vuelta al mundo.