martes, 24 de mayo de 2011

EL CEMENTERIO DE BARCOS

Eran los tiempos en los que el plástico aún no se había apoderado del mundo, las cosas eran sencillas, o al menos así se veían desde la infancia, y cualquier cosa servía para dejar volar la imaginación…
Teníamos lugares especiales, más cuanto más prohibidos, aunque este no era el caso, pues por entonces los niños podíamos campar a nuestras anchas casi por cualquier parte.
Uno de esos lugares mágicos para mí era el viejo cementerio de barcos, en la rivera donde dejaban los pesqueros de madera, cuando ya habían terminado sus días de navegación, para que la lluvia, el sol y las mareas se fueran haciendo cargo de ellos, con las cuadernas medio enterradas en la arena como si navegasen escorados para siempre. Algunos parecían ya los restos de ballenas varadas en la playa, pero otros aún conservaban sus cubiertas de madera gris en relativo buen estado, lo suficiente como para que sobre ellas soñásemos con grandes singladuras y jugásemos a los piratas, dispuestos a pasar por la quilla al que osase a subir a nuestros navíos sin permiso.
Ese viejo cementerio de la infancia desapareció sepultado por un paseo marítimo, pero en la orilla contraria, donde el río se mezcla con el mar, aún quedan desperdigados algunos restos de los últimos pesqueros y botes de madera medio comidos por las algas, el lodo y el paso del tiempo. Sin embargo ya no se ven niños jugando sobre sus cubiertas…
Pensándolo bien después de los años, creo que aquel viejo cementerio de barcos fue mi primera escuela de navegación, aunque sólo fuera con mi imaginación. Qué mejor final para un barco que enseñar los secretos del mar a quien aún tenía intacta la capacidad de soñar.

10 comentarios:

Fernando dijo...

No se como empezar. Tu entrada me pilla en los días de los recuerdos, soy aficionado a la pesca y esta empieza a ser posible pillando el "bicho", ahora también donde el colectivo de mariscadoras nos ordena. Esto a veces me lleva los lugares de mi infancia, donde las horas pasaban mirando "pozas" y sus camarones, buscando anguilas en los castillas de piedras (que arte), cogiendo ... todo ese mundo que la bajamar nos deja. Pues bien el ultimo día estuve jugando al gato y al ratón con las miñocas en el "lombo blanco" de mi infancia, al fondo estaba "tu" cementerio de barcos ahora lo cambiaron. Y lo que me dejó "de lado" fué mi lombo blanco, que ya no es blanco ni lombo, ahora te entierras hasta las rodillas en el fango y no creo que haya muchos berberechos o almejas, blancos, porque así era su arena. Se lo tragó la "volución". lo curioso del caso es que hoy está abierto un debate con sentido "ecologista" sobre esta zona, yo diría un "te tiro la piedra y luego me la tiras tu" y nada de nada, porque lo que consiguen es intoxicarnos de tal forma que ya no sabemos quien tiene razón. Pero mi razón fue mi pena, la pena de enterrame hasta las rodillas en mi lombo blanco, donde allá a lo lejos quedaba el cementerio con los restos de "Mascato", aquel barco condenado al abandono porque lo pillaran con dinamita, allí pagaba sus culpas, sobre un manto de "dolorosos" berberechos que te impedían caminar descalzo.
Bueno, ya me deahogüe del mal rollo que me habían entrado, PERDÓN. Pero es que tu entrada me vino "al pelo".
Por cierto allí al lado del "Mascato" también había una preciosa "xunqueira" donde los juncos se juntaban con la arena fina y blanca (en la "ostreira" porque de allí salían las ostras para Madrid) y como había tanta de esta que mas daba ocuparla con un cementerio-taller de las primeras bateas de mejillón que llegaron a la Ría.

Nautijorge dijo...

Por desgracia o por suerte, amigo Fernando, ni nosotros ni los lugares de entonces ya no somos los mismos...
Como dijo una galleguiña "que nos quiten lo bailao". Lo lamento por lo que les queda a los que vienen detrás.
El tema de las bateas es otro que ya tocaré.

Nordes dijo...

A mi me fascinaba de niño ese cementerio, lo veía todos los días desde el colegio, desde los jesuítas.... Y no entendía bien como alguien podía "abandonar" un barco, para mi no eran viejos, eran abandonados... Así se ven las cosas desde la infancia :)

Nautijorge dijo...

Sí, es curioso cómo se ven las cosas desde la infancia, Nordés.
Por lo que veo, quien más quien menos ha tenido un cementerio de barcos en su vida :-)

Impavido dijo...

Hola

Me llamo Goyo y soy de Madrid.

Solo quería agradecerte el maravilloso trabajo que haces con este blog, es una autentica delicia leerlo.

Te invito a visitar mi humilde pagina, esta dedicada a los pequeños veleros.
Si no tienes inconveniente, en breve haré una reseña de tu blog.
www.balandros.com

Saludos de un navegante en agua de mesa

Nautijorge dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Goyo, anima a seguir con el blog.
En alguna ocasión ya entré en la sección de barcos pequeños, grandes navegantes. La verdad es que me resulta más interesante, asombroso y digno de mención que muchas páginas de superyachts.
Como dijo no sé quien, sólo existen tres tipos de personas: los vivos, los muertos y los navegantes.
Así que un saludo, navegante.

Nordes dijo...

Impávido.... pon un rss o algo, mi memoria es... adecuada a mi edad, jaja vamos que me gusta tu página, me gustaría seguirla, "mesetario" :P por ahora la pongo en favoritos :)

Isabel Martínez Rossy dijo...

Se pueblan de algas, van perdiendo la forma, carcomida de salitre y sol, hasta que son un esqueleto que poco a poco se diluye en el mar... También a mi me gustan esos cementerios

Edurne dijo...

¡Qué lujo de fotos! Me parece un lugar fascinante!

Nautijorge dijo...

Gracias Edurne.
Es la desembocadura del Río Eume, al pie de las fragas, en Pontedeume.