sábado, 17 de octubre de 2009

SIEMPRE HAY UNA PRIMERA VEZ

No sé muy bien por qué, pero cuando paso un tiempo en tierra me vienen a la memoria historias de años atrás, algo así como treinta en este caso. Síntoma de que me voy haciendo mayor quizá... ;-) pero tampoco tanto, eh!
Aún a riesgo de ser un poco “abuelo cebolleta” voy a recordar la que creo fue la primera vez que me dejaron el cargo de un barco navegando de noche y mis sensaciones.
Me sorprende lo bien que lo recuerdo, salvo en algunos detalles. Será porque las primeras experiencias se quedan gravadas a fuego.

Ya había navegado de noche antes en el barco de mi padre, pero con él.
Aquella ocasión era diferente. Formaba parte de la tripulación de un Contention 33, un barco de regata de la época, diseño de Doug Peterson. Participábamos en el Trofeo Conde de Gondomar. El trofeo constaba de una regata larga, de unas 120 millas, desde Bayona hasta una baliza fondeada frente a Póvoa de Varzim, en Portugal, y vuelta. Un día de descanso y al siguiente hacíamos dos regatas de triángulo (aún no se estilaban los bastones barlovento-sotavento). Los dos últimos días se hacían dos regatas costeras de media distancia.
La tripulación la formábamos cinco chavales de entre 15 y 17 años y un patrón experimentado, marino mercante y snipista, Paco, ya fallecido. Tenía fama de duro y de mal genio a bordo, pero con buen rollo. Aunque nos caía algún grito, bien porque nos lo merecíamos, bien porque era su forma de ser al navegar, íbamos con ganas y aprendiendo de cada milla.
El día de la salida para la regata larga soplaba un fuerte viento nordeste, típico de julio, que a lo largo de la costa portuguesa se convertía en norte. Como llevaba soplando un par de días, se había formado una mar considerable y navegamos en popa, con rumbo sur, a toda velocidad dando buenos planeos.
El Contention era un barco con mucha V en su obra viva y de popa estrecha, lo que lo hacía buen ceñidor, pero indomable en las popas con viento y agotador a la caña del timón.
Tengo la imagen del barco que navegaba cercano a nosotros por nuestro costado de babor cuando rompió de cuajo la mecha del timón y salió flotando la pala por su popa. Navegaba con spi y tardó segundos en pegar una orzada espectacular que los tumbó palo al agua por la banda de babor primero, y en cuanto se adrizó, se volvió a tumbar violentamente por la otra.
Visto lo visto nos apresuramos a arriar nuestro spi, que nos hacía ir dando campanadas de banda a banda y era sólo cuestión de tiempo que nos la diésemos también nosotros.
Una embarcación de la Cruz Roja acudió pronto en ayuda del otro barco.
Nosotros izamos un génova III y lo atangonamos a orejas de burro, ganando en estabilidad pero, aún así, había que andarse con ojo.
Llegamos a la baliza de Póvoa de Varzim a última hora de la tarde, aún con luz de día. Y menos mal, porque encontrarla de noche, con aquel carajal, era complicado. Por entonces no usábamos GPS.
Nos pertrechamos con ropa de abrigo y nuestros precarios trajes de agua. Cambiamos la vela de proa por un foque II y metimos un rizo a la mayor antes de empezar a ceñir para desandar lo andado, contra unos 30 nudos de viento de proa y una mar cabrona y fría que se te colaba por el cuello a partir ya del tercer o cuarto roción.
La escora era fuerte y los pantocazos continuos.
En cuanto viramos, en vista de la nochecita que nos esperaba, Paco organizó las guardias y mandó a la mitad abajo a descansar, quisieran o no.
Tardó una hora u hora y media en anochecer completamente. Paco ya llevaba ocho o nueve horas al timón y decidió bajar a dormir. Dijo:
- Jorge, coge aquí. Sólo si hay algo importante me despertáis.
-¿Qué coja yo?
- Tu ya has llevado el barco de tu padre, no?
- Sí…
- Has navegado ya de noche, no?
- Sí… pero…
- Pues eso, coge el timón.
Me invadió una sensación de responsabilidad, algo de orgullo y cierto acojone.
De los tres que habían bajado a descansar sólo salió uno, los otros dos estaban mareados como piojos, medio abrazados a un cubo con vómitos que colgaba de la base del palo.
Hay momentos de esa noche que recuerdo como si fuese ayer.
En la oscuridad, por sotavento, apareció el palo de bandera de un palangre, recorriendo la banda medio sumergida del barco hasta dejarlo atrás, que me dio un buen susto.
Al poco empezamos a ver luces de otros barcos, la mayoría supongo que pesqueros, pues por entonces andaba bastante pez en esas cuestiones. Uno de ellos se nos iba acercando a rumbo de colisión y yo no sabía muy bien qué hacer, pero aunque nos planteamos despertar al patrón, un poco por miedo, un poco por dejarlo descansar, decidimos no hacerlo y ya veríamos cuando estuviese más cerca. Navegábamos a unas 4 ó 5 millas de tierra y optamos por dar un bordo hacia el mar de una hora, después otro hacia tierra del mismo tiempo y así sucesivamente.
A eso de las tres de la madrugada volvió el patrón a cubierta y hubo cambio de guardia. Me encontraba empapado, cansado y aterido de frío, como todos.
Uno de los mareados mejoró y salió a cubierta, el otro no, y de los que estábamos fuera bajamos dos, el otro prefirió aguantar fuera antes que entrar en aquella coctelera.
Ciertamente el interior era un auténtico caos, entre sacos de velas y el génova III sin doblar y me tumbé como pude en una de las literas altas, con la cubierta a un palmo de mi cara, un tanto agobiante y difícil para relajarse completamente debido a la escora y los pantocazos.
Descansé malamente aproximadamente una hora, pero creo que apenas llegué a dormirme. El cubo de vómitos se había vertido y el olor en el interior era nauseabundo. Me entró una nausea que pude aguantar lo justo para sacar la cabeza por el tambucho y vomité en la bañera. En un minuto la ola siguiente ya la había limpiado.
Así las cosas preferí salir a cubierta, recuerdo que la noche se me hizo interminable, ahorrando toda la energía posible moviéndonos lo justo.
Con la primera claridad del amanecer la sensación térmica era de frío intenso, empapados hasta los huesos, pero la luz del alba y el hecho de que hacía un rato que estábamos de nuevo en aguas gallegas animaba bastante. También el que pudiésemos ver a un par de contrincantes nos hacía recordar que íbamos en regata, pues durante la noche daba la sensación de que navegábamos solos.
Ya con el sol brillando bastante alto llegamos a Bayona, no recuerdo en qué posición, pero creo recordar que en tiempo real entró primero un Swan 44 irlandés, Moonduster, me parece que se llamaba, y en tiempo compensado había ganado el half tonner de última generación Cutty Sark, patroneado por Javier Gándara o José Mª.Lastra, no lo recuerdo bien, pero da igual. El caso es que llegamos, ensalitrados hasta las pestañas, muertos de sueño pero satisfechos y, por lo menos en mi caso, consciente de todo lo que había aprendido de la experiencia. Contento también de haber patroneado el barco, al menos por unas horas, durante la navegación nocturna.
El recordar esas sensaciones me ayuda ahora a comprender mejor a los que pasan de nuevas por ese trance; los miedos, dudas e inquietudes de su primera vez.

4 comentarios:

Fatima dijo...

Qué agradable y reconfortante lectura, acompañada de un buen café, para el domingo por la mañana, tan lejos del agua salada.
Graciasssss.

Sólo una pega eh, lo describes tan bien q me está dando olor al cubito por aquí!!

caius dijo...

Gracias abuelo cebolleta, como sigas con relatos como estos, lograrás que rescatemos el desafío manchego del pantano del Vicario y volvamos a la copa américa... Un abrazo.

Fernando dijo...

La verdad es que de las situaciones mas "incomodas" se sacan las experiencias mas inolvidables, creo que yo hoy navegue de noche también, gracias, hasta ahora solo lo había hecho a motor.
Por cierto cuando quieras te cuento las fotos que saqué en algún viaje, porque ver nunca las llegue a ver, yo era de Olimpus.

Un saludo,
Fernando

Nautijorge dijo...

Gracias Fátima... ¿no se te derramó ni una gota del café con el movimiento?... je,je
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Caius, malos tiempos para la lírica... pero si lo hacéis acordaros de mí ;-)
Un abrazo.
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Hola Fernando.
Sí, incómodo fue un rato, como para quitar la afición, pero los que estamos bien infectados con el virus este de la navegación nos volvemos un poco masocas, porque enseguida estamos con ganas de otra.
Además, con 15 años se aprende más de todo, y si se pasa mal aún se queda más garavado.
En cuanto a lo de las fotos veo que ya sabes lo que jode... ;-)
Unha aperta.