Un comentario algo técnico, para los navegantes a vela. Haciendo caso al refranero español, “cuando las barbas de tu vecino veas quemar, pon las tuyas a remojar”…
En días como estos, en los que el viento sopla fuerte, hay que tener especial cuidado con la jarcia. La maniobra más trivial puede traernos problemas importantes, sino que se lo pregunten al amigo Javi, que la pasada semana, en una maniobra que sin duda ha realizado un montón de veces, se llevó un buen susto que pudo tener mucho más graves consecuencias si hubiera desarbolado completamente.
Con viento fuerte, a la hora de trasluchar, conviene cazar la vela mayor bastante al medio para reducir su recorrido en su cambio de banda y largarla rápidamente en cuanto la botavara cambie de banda para amortiguar el tirón, a la vez que se reduce la tendencia a orzar del barco. Pero en su caso hubo un descuido que no solemos tener en cuenta, como vigilar el amantillo de la botavara, pues puede engancharse en una cruceta y con el golpe brusco de la mayor al trasluchar hace trabajar a la jarcia de una manera para la que no está pensada y que la botavara empuje contra el mástil, pudiendo producir averías como las que se aprecian en estas fotos.

De este incidente podemos aprender todos. Creo que una buena medida es poner un mosquetón en el extremo del amantillo de botavara para desengancharlo con facilidad en cuanto hayamos izado la mayor, más aún si contamos con trapa semi rígida.
Pero este no ha sido el único caso de esta semana, pues he estado trabajando en otro mástil averiado en similares condiciones, sólo que en este caso la abolladura del mástil se produjo a la altura de la fogonadura, además de tratarse de un barco de regatas, en los que es más habitual realizar maniobras más al límite y rápidas.

A pesar de que en este segundo caso desconozco las circunstancias en las que se produjo la avería, nos sirve para recordar que con viento fuerte la jarcia sufre y por tanto debemos extremar las precauciones en cada maniobra, pues de desarbolar completamente no sólo corre peligro la cubierta y el casco, sino la propia tripulación. Así que atención a la jarcia cuando hace viento, pues aunque pague el seguro nos puede costar un disgusto.
Dibujo explicativo a la cuestión de Ángel