sábado, 27 de octubre de 2007

CARPINTEROS DE RIBERA EN GALICIA

Las carpinterías de ribera las podíamos encontrar en cualquier parte del litoral gallego, de la Península o del mundo entero, pero esta tradición de construcción naval se ha ido perdiendo, aunque afortunadamente no del todo, gracias a la labor de diversas asociaciones y actuación de algunas administraciones locales, con la creación de escuelas taller que sirven para la recuperación de un oficio al borde de la extinción.
Su función actual no sólo es la construcción de nuevas embarcaciones, sino la recuperación de antiguas tipologías, la restauración de viejas unidades, así como la labor de reparación y mantenimiento. Antiguamente se ocupaban de la construcción de embarcaciones tradicionales, en principio a vela y luego a motor, básicamente dedicadas a la pesca, pero fueron sucumbiendo ante la crisis del sector y la competencia que suponía el desarrollo de nuevos materiales y técnicas constructivas.
Uno de los astilleros que desapareció fue el que había en el pueblo en el que vivo, básicamente dedicado a la construcción de pesqueros, donde, de chaval, me gustaba ver todo el proceso de construcción de los barcos, desde la colocación de la quilla hasta que lo botaban. Este proceso constructivo se inicia con la selección de la madera, utilizándose especialmente la de roble para las piezas estructurales (roda, codaste, cuadernas, etc.) por su dureza y por la curvatura de las vetas. Las cuadernas se curaban tradicionalmente al vapor. En cambio, para las piezas de gran longitud (quilla, sobrequilla, durmientes, etc.) suele usarse el eucalipto. La madera se corta en épocas concretas, así para las del casco se hace durante la luna menguante de Diciembre y Enero, cuando tienen menos savia y humedad, mientras que para los palos y vergas se cortan en Mayo, cuando tienen más elasticidad.
Es importante el secado de la madera, bien al aire libre o en secaderos donde se puede controlar mejor el grado de humedad. Previamente al inicio de la construcción propiamente dicha, se trazan las formas del barco sobre la mesa de gálibos, y era frecuente que los maestros carpinteros realizasen medios modelos, o maquetos, realizados a mano y a escala, que guardaban celosamente. En muchos casos, estas formas se trazaban por intuición, evolucionando por el método prueba-fallo, de ahí el valor de los maquetos que habían dado buen resultado. Una vez hecha la estructura, esta se suele pintar con una pintura naranja característica a base de minio de plomo, aunque algunos constructores empleaban brea disuelta en gas-oil. Para el forrado del casco se emplean tablones de madera de pino, pero también es frecuente utilizar madera de elondo o sapí para construcciones de mayor calidad. Esta fase de la construcción requiere gran maestría, pues de ello depende la impermeabilización final del casco. El forrado puede hacerse “a tingladillo” o “a tope”, sistema este último más empleado en Galicia, donde las embarcaciones no se suelen calafatear, lo que da idea de la calidad de acabado que alcanzan los maestros carpinteros. A la hora de ejecutar la cubierta también suele utilizarse el forro de madera de pino, y el elondo o la falsa teca para los casos de mejor calidad.
Este método tradicional ha ido evolucionando hacia el empleo de paneles de contrachapado marino fenólico, en una o más capas, encoladas con resinas epóxicas.
Finalmente llega el carenado, empezando por un cepillado y lijado concienzudo para posteriormente proceder al pintado, con el fin de proteger el casco. Por último se remata el acastillaje de cubierta, los acabados interiores, así como las instalaciones, motorización y arboladura si la tuviese.
Un proceso artesanal que se ha visto amenazado por la evolución de la construcción en fibra, aluminio o acero, generalmente menos costosa y que a la larga requiere menor mantenimiento, aunque obviamente no tienen el encanto y confort de la madera. Si se perdiesen las carpinterías de ribera, con ellas se irían el olor a viruta y serrín, las herramientas tradicionales, los sonidos característicos de la construcción en madera, con sus aserrados y martilleos, así como el crujir de los barcos al navegar. Pero sobre todo se perdería un oficio ancestral que aún nos puede ser útil, sobre todo a los románticos del mar. En esta línea destacar la labor de uno de los astilleros familiares que aún siguen trabajando en nuestras costas, y muy bien. Me refiero a los Astilleros Hijos de J. Garrido(en los que todavía hay astillas) en O Grove, Pontevedra, en cuya cartera de trabajo abunda la recuperación y restauración de viejos veleros, como es el caso, entre otros, de uno de mis barcos preferidos (que incluí hace algún tiempo en uno de los post del blog). Se trata del Ketch de 20m. “La Peregrina”, que volvió a renacer de la mano de su propietario y capitán Javier Babé, experimentado navegante, bajo cuyo mando, este magnífico velero, sigue surcando los mares en una segunda vida.


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