lunes, 21 de septiembre de 2009

CUANDO LA METEO SE EQUIVOCA

Algún amigo meteorólogo me tiene dicho que la meteorología es una ciencia exacta…
Quizá sí, pero lo que es seguro que no es exacta es la interpretación de los datos que esta nos brinda.
Lo tengo comprobado, esto va por temporadas. En ocasiones las predicciones meteorológicas se cumplen hasta en la hora, y sin embargo otras veces patinan 180º. ¿Será que coincide en épocas de vacaciones, cuando los becarios cogen el relevo?
A principios de septiembre se dio el caso. Había que bajar un velero de 32´ desde A Coruña hasta Baiona, para lo cual me acompañaron “la patrona” y una pareja de amigos, Eva y Pedro.
El parte meteorológico anunciaba vientos del Oeste flojos para las primeras horas, lo que suponía que durante las primeras millas, hasta las Islas Sisargas, tendríamos un poco de viento de proa. Hasta aquí prácticamente lo único que se cumplió.
Posteriormente se anunciaba un giro del viento hacia el NW, y más tarde seguiría girando hacia el N, llegando incluso a entablarse del NE, arreciando ligeramente hasta 20 nudos. Así las cosas esperaba una agradable travesía, con un viento que iría aumentando según se iba abriendo hasta llevarlo en popa.
Por otro lado anunciaban mar de fondo del NW de 1 a 2 metros, que se cumplió, aunque más bien era de 2 a 3 metros.
Zarpamos de A Coruña un miércoles por la mañana, con día soleado, estimando una duración de travesía de unas 20 horas, 24 a lo sumo, así que tenía previsto arribar a Baiona durante la mañana del jueves, temprano. Por lo que no me preocupaba demasiado el hecho de que se anunciase la entrada de un frente de lluvia, previsto para última hora del jueves. La primera parte de la travesía fue agradable, hasta poco después del paso de las Islas Sisargas, paso que hicimos por dentro, entre las islas y tierra. Con un viento de entre 10 y 12 nudos de proa, ayudados por la vela mayor y un motor al que le costaba alcanzar los 5 nudos, a duras penas nos permitía sobrepasar los 4,5 nudos, teniendo en cuenta además que se iba desacelerando, obligando constantemente a ir aumentando las revoluciones. Por lo tanto el avance era lento, pero tenía la esperanza de que según fuésemos virando hacia el Sur y el viento rolando hacia el Norte, este nos empujaría lo suficiente para aumentar la media de velocidad navegando sólo a vela.
Pero no fue así.
El viento fue arreciando, sí, pero según íbamos variando el rumbo hacia el Sur, el viento también lo hacía, así que por la Ley de Murphy (el único que nunca coge vacaciones) el viento fue exactamente de la proa durante toda la travesía. Lo peor, a parte de la penosa velocidad, es que iba aumentando la mar del viento de una dirección totalmente distinta de la mar de fondo, que también iba en aumento, lo que provocó el mareo de parte de la tripulación.
Llegados a la altura del Cabo Vilán, con el sol ya bajo sobre el horizonte, el cielo se fue cubriendo de nubes, la temperatura demasiado baja para la época del año y el viento se quedó, permaneciendo una mar desordenada que aumentó aún más el malestar de la parte de la tripulación que venía tocada. Justo en ese momento nos alcanzaron y rebasaron otros dos veleros de unos cuarenta pies que se dirigían a toda máquina también hacia Baiona, lo que hacía más patente nuestra baja velocidad. Así las cosas decidí entrar en el puerto de Muxía. Un paseo por tierra firme, una buena cena caliente y unas horas de sueño tranquilo era lo que necesitaba la tripulación.
Mano de santo.
A eso de las ocho de la mañana dejábamos el puerto de Muxía bajo un bonito amanecer para continuar travesía, con la tripulación en principio repuesta y bien abrigada, pues el fresco era notable. Rápidamente el viento y la mar fueron increscendo, obviamente de la proa, por lo que íbamos haciendo bordos cerrados con el fin de buscar la protección de los cabos y para que la mayor colaborase lo más posible, ya que la ola y el viento nos ralentizaban demasiado. Pero al paso de Cabo Fisterra ya no había protección posible, aún así hicimos una bordada interminable hacia la boca de la Ría de Muros y Noia para volver a virar hacia fuera y librar los bajos de Corrubedo. Las horas se hacían interminables, con los constantes cabeceos y bandazos que en ocasiones nos bajaban la velocidad a menos de 3 nudos, mientras el viento arreciaba a 25 nudos del SSE y el cielo se cubría completamente, cada vez más amenazador. Algún miembro de la tripulación volvía a recaer en el mareo y todos en el cansancio.
Tras el paso de los bajos el bordo nos permitía arrumbar hacia la punta norte de las Islas Cíes, que a duras penas se distinguía en la distancia por la mala visibilidad.
La tarde se nos echó encima y también el frente lluvioso que acabó cerrándose en una lluvia intensa que molestaba en la cara acabando completamente con la visibilidad.
Ya entre las islas Onza y Cíes Norte, sólo quedábamos dos tripulantes en cubierta y el viento arreció hasta 30 nudos (de la proa, “of course”), lo mismo que la mar, lo que nos obligó a meter un rizo en la mayor.
Estaba empezando a anochecer y por la proa apareció, entre la niebla, Punta del Caballo, el extremo norte de Cíes con sus acantilados ¡por fin!
En cuanto estuvimos al resguardo de las islas la mar desapareció y, aunque anocheciendo, las nubes bajas quedaron enganchadas en sus cumbres, dejando de llover.
Ya de noche cruzamos el estrecho de Estelas, último “escollo” a pasar antes de adentrarnos en la Ría de Baiona. A las 23:00h amarrábamos en los pantalanes del MCY y nos fuimos a cenar, cansados de una travesía incómoda que se prolongó más de lo previsto, en parte debido a las malas condiciones que nos fuimos encontrando, no anunciadas aun ni en los partes VHF. Nada excepcional, pero no las más adecuadas para el tamaño del barco y sobre todo para la justa potencia de su motor.
Curiosamente para lo malo si que acertaron, pues el frente de lluvia y viento llegó del Sur puntualmente en la tarde del jueves, como estaba previsto.
De todas formas el barco debía estar en Baiona el viernes, para participar en el Trofeo Príncipe de Asturias, así que no quedaban muchas más posibilidades. Quizá hubiera sido mejor haber continuado la primera noche, pero… Mala suerte, esta vez la meteo falló.

2 comentarios:

mera dijo...

Meteorología para coches. Manual de estilo de la aemet. Recomendado. Paciencia. Llegaremos a ser buenos, un abrazo.

Anónimo dijo...

Hola Jorge. A ver si nos cuentas algo de la Transat 650. Un abrazo,
íñigo.