miércoles, 18 de julio de 2007

navegando solo pola costa da morte

Video de cosecha propia hecho con la cámara de fotos durante una travesía el pasado Enero a bordo de un Kelt 7.5.
A ver si aprendo cómo ponerle música ;-)

lunes, 16 de julio de 2007

AGUA, NIEBLA Y FRIO.

A última hora de la tarde de este pasado viernes, tras una más que improvisada partida, zarpé, junto con cuatro tripulantes a bordo de un 50 pies, desde el puerto de Sada para bajar hasta la Puebla del Caramiñal, en la Ría de Arosa. Unas 100 millas. La previsión meteorológica no era nada halagüeña, vientos del Sur fuerza 4-5, marejada y mala visibilidad por brumas, nieblas y chubascos. Por desgracia se cumplió. Parece mentira que estemos a mitad de Julio, pero el Norte es así. Desde la salida navegamos con motor y toda la mayor debido al viento de proa, haciendo unos 6-7 nudos de velocidad, anocheciendo mucho antes de llegar a las islas Sisargas.
Durante las primeras horas de travesía el tiempo se contuvo, con claros, nubes, viento de unos 15 a 20 nudos del SW e incluso algunas estrellas. Fue antes de Cabo Vilán cuando el viento arreció hasta 25-30 nudos rolando al Sur, la mar creció y empezó a lloviznar, más tarde a llover. Gracias al tamaño del barco la navegación fue bastante cómoda y rápida, entre 6 y 8 nudos, debido además de al buen motor del barco a que el ángulo del viento nos permitía que portase la mayor. Pero la constante lluvia de proa con el transcurso de las horas nos hizo ir bien mojaditos, incluso que mi móvil “muriese ahogado” :(. El panorama era más propio del invierno, con la negrura que nos envolvía, viento fresco y agua persistente que apenas nos permitía mirar hacia proa.
Después de pasar Cabo Touriñán la niebla se fue cerrando, hasta el punto que pasando a unas dos millas de Cabo Fisterra no vimos ni su haz de luz, sólo el perfil de la costa y el “racon” del faro en la pantalla del radar. Apenas otro barco por la zona.
Al paso del cabo, comenzó tímidamente a clarear, puse un punto de destino en el plotter por fuera de los bajos de Corrubedo y me fui a dormir. Al cabo de algo menos de tres horas me desperté, justo llegando a la altura de los bajos. Doblamos el “Meixón de Vigo”, piedra sumergida situada entre la Isla Sagres y la Isla de Sálvora, para pasar por el “paso del Carreiro”, pegados al faro que se alza sobre las Piedras del Sargo.
A partir de ahí, ya dentro de la Ría de Arousa, con una mañana plomiza, el viento y la mar desaparecieron completamente, y la temperatura volvió a subir. Dejamos por babor la Isla Rua, isla rocosa del interior de la ría con su faro, y deslizándonos sobre un mar plano y brillante seguimos adentrándonos en la ría hasta doblar la Punta del Cabio y enfilar la bocana del puerto de la Puebla del Caramiñal. A ver si empieza el verano para navegar en atardeceres naranja y noches estrelladas con brisas cálidas…dándole tregua a la ropa de abrigo y al traje de aguas.

miércoles, 4 de julio de 2007

Dornas versus Drakkars

Este tipo de embarcación tradicional gallega, que aún se utiliza para la pesca en algún rincón de las rías, y que afortunadamente ha renacido para la práctica de la navegación a vela de recreo, es la única embarcación de origen nórdico existente en el Sur de Europa, sin duda un recuerdo de las incursiones de los "vikingos" a las aldeas costeras de Galicia. Su estructura de tablazón solapada y aparejo tan similares a los antiguos Drakkars vikingos, junto con la elegancia de líneas, que comparte con sus antecesores.















El pescador gallego de hace muchos siglos, hay datos para pensar que anterior al siglo XII, supo adaptar este "regalo" de la tecnología nórdica a sus intereses, creando una embarcación difícil de superar en su funcionalidad, facilidad constructiva y economía de materiales, y hasta nuestros tiempos nos ha llegado con lo que parecen ser variaciones mínimas. Con poco más que madera para tablazón y arboladura (de los bosques cercanos), clavos, unos pocos herrajes (del vecino herrero), unos metros cuadrados de paño, algo de cordaje, brea y aceite un carpintero de ribera amante de su oficio creará una obra de arte, ejemplo de lo mucho que se puede "sofisticar la sencillez". Si hubiese que definir la característica principal de las dornas, la simplicidad sería la más apropiada.
Nada falta, pero nada sobra.
En cualquier caso da gusto ver que en las rías gallegas, sobre todo en las bajas, cada vez es más frecuente ver la imagen de sus velas trapezoidales sobre el mar y que este tipo de embarcanción tradicional de aspecto ligero, delicado y sin embargo tan resistente, se va recuperando, evitando que esta parte de nuestra cultura marítima se pierda para siempre.


DRAKKAR

Todos tenemos la imagen de un barco vikingo. Pero quién ha visto alguna vez navegar a un Drakkar?
A los Drakkar, nombre que le pusieron los islandeses y que significa "dragón", los vikingos los llamaban Knörr o Snekkar.
Aquí vemos un ejemplo de una de estas maravillas de la ingeniería naval navegando. Poco que envidiar a los actuales de la America´s Cup ;-)

domingo, 10 de junio de 2007

Marejadilla...

Como la vida misma..., te lleva..., pero por delante ;-)

Las olas que me llevan

Otra diferente manera de disfrutar con las olas, dejándose llevar por ellas...

miércoles, 6 de junio de 2007

EL MAR

Alguna vez me he sorprendido preguntándome qué es lo que me atrae tanto del mar, por qué me absorbe de esa manera. Cómo veo yo el mar? Qué será lo que tiene?...
Casi nunca soy capaz de responderme, quizá porque son tantas las respuestas…, quizá porque son muchas sensaciones, y como tales difíciles de explicar. O será acaso que son muchos mares los que me han enganchado. Y no me refiero geográficamente, ya que están todos en mi memoria. Está el mar de la playa cuando era pequeño. Cuando aún no sabía nadar, y las olas de la orilla podían conmigo, el agua estaba fría y me imponía un gran respeto, pero aun así me atraía hasta vencer mis miedos y acabar en el agua.
Una vez explorada esa franja de agua en la que no perdía contacto con el suelo firme, me podían las ganas de ir más allá, como si el mar tirase de mí. Más o menos con la técnica natatoria controlada, sentía curiosidad por el mundo bajo la superficie, y comenzaron las primeras zambullidas, primero sólo la cabeza, después el cuerpo entero. Qué enigmático lugar.
El mar entonces representaba el verano, la diversión, lo desconocido que incentivaba mi espíritu de aventura.
Pronto tuve la oportunidad de estar sobre él, aun no podría llamarse navegar, lo cual abría muchas más posibilidades de acercamiento, y fui consciente de una nueva y mágica sensación… flotar sobre el mar. Caramba!! Pero además puedes desplazarte por su superficie!
Los remos me parecían un gran invento, y aunque requerían cierta técnica de coordinación y algo de esfuerzo, era más el ansia por adentrarme y separarme de la costa. Como algo que siempre está ahí pero que no percibes conscientemente como algo aprovechable, descubrí el viento. Esto disparaba las posibilidades de desplazamiento sin apenas esfuerzo. Con él experimenté otra nueva sensación, la de dejarse llevar por la superficie del mar. Una primera intuición de lo que sería navegar.
Me gustaba y me gusta el viento, llega, me acaricia y se va, aunque no le veo. Pero a partir de entonces, además, me resultaba útil.
Mientras jugaba por las rocas, en las pozas que dejaba la marea, encontraba gran cantidad de vida. Si eso era así en las pozas, qué no habría en la profundidad del vasto mar? Las posibilidades de juego iban creciendo, nadando, buceando, flotando, casi navegando y también pescando.
Con la edad empecé a conocer historias y personajes cuyas aventuras se desarrollaban en el mar, ampliando mis horizontes y alimentando la imaginación en un escenario enorme de infinitas posibilidades que poca gente conocía a fondo. Esto lo hacía aún más atractivo.
Empecé a sentirlo como un entorno familiar, en el que me sentía a gusto y donde me divertía. Entonces ya me hacía soñar.
Ahora no sólo era el mar de la playa, era el mar del océano, del mundo entero. Como una gran autopista, pero con vida propia, siempre cambiante, que me permitiría ir a tantos lugares…
Mi vida en tierra transcurría como la de cualquier persona, pero en los momentos malos ahí estaba el mar, sereno o embravecido, azul, verde o gris, dinámico hasta hipnotizar, como el fuego, capaz de atraer mi atención durante horas hasta abstraerme de mi mismo. También los momentos buenos, eran mejores estando cerca del mar. Poco a poco, sin apenas darme cuenta, se iba creando una simbiosis, casi una dependencia, pero que a diferencia de otras, esta sacaba lo mejor de mí. Estaba claro ya que me gustaba el mar y todo lo que le concernía.
Más tarde, sin embargo, me fui decantando más hacia una de sus facetas, la navegación. Un mundo en sí misma, compleja y básica a la vez, que me exigía esfuerzo pero me recompensaba con creces y gracias a la cual he conseguido experimentar de forma más intensa una de las mejores sensaciones, la libertad.
Quizá es un tópico, pero es real. Es un estado primitivo, de relación directa con la naturaleza, casi de supervivencia. Es como volver a los orígenes, a lo que realmente importa y necesitas. Desarrollar las propias habilidades y valerse por uno mismo.
Me viene a la cabeza una canción de José Luís Perales…;-), pero que le vamos a hacer…la sensación de libertad es la que más destacaría.
Otro tópico es que el mar imprime carácter, y también estoy de acuerdo. En ocasiones me relaja y otras veces en cambio me hace subir la adrenalina a tope. Pone a prueba la paciencia, y también me desespera. Te lleva al límite de resistencia tanto física como mental, entonces aguantas un poco más y descubres que ese límite es relativo, que se puede estirar. Después de superado te llena de satisfacción.
Me gusta esa parte indómita, salvaje y básica del mar, relacionado con la meteorología, la astronomía y la geografía, pero no como ciencias en sí, sino como elementos entrelazados con el mar y cuyo conocimiento ayuda a desenvolverse en él. El mar es matemática, es química y es física, pero sobre todo son sensaciones. Navegar ha sido para mí, hasta hace poco, una válvula de escape de la rutina en tierra, de los convencionalismos, de la técnica profesional, de las normativas y del papeleo administrativo… pero por desgracia, en los últimos tiempos, todos estos aspectos de la vida en tierra han ido invadiendo también el mar.
Desde hace un tiempo, mi relación con el mar ha cambiado, quizá es más intensa y en cualquier caso diferente, pero me sigue emocionando, tanto ese instante al bajar una gran ola a toda velocidad con viento fuerte, con las velas en tensión y la proa levantando cortinas de espuma, como simplemente estar en el mar.