La pasada primavera tuve ocasión de conocer a una pareja que tienen una escuela de vela en Corcubión, cerca del mítico Cabo Fisterra. Muy buena gente que se dedica a enseñar y difundir el arte de la navegación a vela a niños y adultos allí donde el viento y la mar no se suelen andar con chiquitas…¿Por qué es tan bueno enseñar a desenvolverse en el mar a los más jóvenes?
Primero porque es divertido y saludable desarrollar una actividad deportiva en un entorno que nos debería ser más familiar. Pero además, la navegación a vela, remo o como sea, nos enseña a valernos por nosotros mismos a la vez que a actuar en equipo. Como suele decirse, la mar forja el carácter, algo de lo que cada vez andamos más necesitados en la vida cotidiana. Nos ayuda también a conocer mejor nuestro entorno natural y por tanto a cuidarlo.
¿Qué más se puede pedir?
La navegación a vela requiere el conocimiento de una técnica y del medio, lo que incluye algo de física, de oceanografía, geografía, meteorología, incluso si profundizamos más en el tema, de matemáticas. Herramientas cuyo conocimiento puede llegar a culminar en un arte, con todo lo que conlleva de creatividad e intuición. ¿Suena grandilocuente?, quizá, pero así es.
En la escuela de vela Cataventos (http://www.cataventos.net/) cuentan con los medios que buenamente pueden, aumentando su flota con buenas dosis de ingenio y trabajo, desde distintos tipos de embarcaciones de vela ligera, hasta un par de unidades para iniciarse en la vela de crucero, de las que destacaría el “le monstre”, un viejo mini de regatas oceánicas muy divertido que aguanta lo que le echen.


La ubicación de la escuela, en plena “Costa da Morte”, permite navegar tanto dentro de la protección y seguridad de la Ría de Corcubión, como si se quiere buscar condiciones más duras en las aguas de Fisterra.Empezaron poco a poco, pero espero que lleguen tan alto como la mítica escuela de vela de Les Glénans, cerca del finisterre francés en las costas de Bretaña.
En cualquier caso, por lo que se ve, los chavales se lo pasan bomba, y es como creo se debe empezar, divirtiéndose.

Resultó tan convincente en su primera temporada que se convirtió en el prototipo de todos los barcos de rescate construidos en Noruega durante los siguientes 30 años.
Después de 40 años de servicio leal, la “RS1 Colin Archer” fue vendida. La nave tenía un récord impresionante: Había salvado 67 barcos, 236 personas, y ayudó a 1.522 buques con más de 4500 tripulantes.
Por desgracia parece que aquí, esta tradición musical tan ligada al mar, se está perdiendo, salvo honrosos casos. No obstante la tradición de cantar sí que se está perdiendo.
Podemos ver en este video al mismo Eric Tabarly arrancándose con una canción tradicional bretona, “Fanny de Laninon”. Hay que decir que Tabarly fue mejor marino que cantante, pero lo importante es el sentimiento que evoca.



Además no sé si algunos fletner o palas complementarias de los timones de viento aguantarían esas velocidades.