domingo, 13 de mayo de 2007

Una práctica de vela interesante

Este fin de semana hemos salido de prácticas de navegación a vela, Alberto, Daniel, Javier, Jorge, Rodrigo y un servidor, por la Ría de Sada y más allá… y lo cierto es que han resultado interesantes, no sólo por la compañía, sino por la fortuna de haber disfrutado de un muy buen viento, con rachas superiores a los 40 nudos el domingo.
Aunque el sábado salimos por delante de La Coruña, el domingo bastó con asomarse a la boca de la ría para saborear algún que otro salseiro y coger olas tanto de proa como de popa. Algo que todo el que esté iniciándose en este vicio debería experimentar, sobre todo estando dentro de la seguridad de una ría, lo que sólo sucede cuando hay aviso de temporal. Bueno, el temporal haberlo ya lo había, pero en este marco permite “jugar” con él. Más afuera, con certeza, la cosa no estaba para juegos…
También es cierto que navegamos en un barco que inspira seguridad con sus buenos 44 pies de eslora, pero en cualquier caso fue divertido, y con toda la ría para nosotros solos… a excepción de los mercantes que la escogieron como refugio.
De todas formas tanto el viernes como el sábado también tuvimos un buen viento para disfrutar por la ría, incluido un agradable fondeo para comer en una bonita cala junto a Lorbé.
En definitiva, un estupendo fin de semana de navegación a vela, y una buena oportunidad para navegar con viento duro que todos superaron con creces y que será sin duda provechosa para que cada uno añada en su “petate” de experiencia.
La tripulaciónHaciendo el indio... ;-) Buen viento y bonita mar.


























jueves, 10 de mayo de 2007

Una travesía algo accidentada

Al final del verano del 2005, unos amigos, por turnos, y yo transportamos un First 36.7 desde Palma de Mallorca hasta La Coruña en una travesía un tanto accidentada. Tras una noche de mucha lluvia y viento en el puerto de Can Pastilla, amaneció un día soleado, con viento del Norte. A eso de las 11 de la mañana, después de cambiar el estay y poner un enrollador de génova, salimos del puerto poniendo rumbo a pasar por el norte de la isla de Ibiza, hacia la costa alicantina, navegando a un través. El primer día ya hubo problemas, se rompió el enganche del piloto automático, pero antes de llegar a la altura de Ibiza, y de que se hiciera de noche, se pudo arreglar. Durante ese primer día el viento osciló entre 15 y 20 nudos, N-NW. Al amanecer amainó mucho, encontrándonos a unas 15 millas al través de Cabo de la Nao, obligándonos a recoger génova y encender el motor. Navegamos así hasta estar a la altura de Sta. Pola, momento en que saltó un poniente de unos 10 nudos que rápidamente aumentó a 17. Antes de llegar a La Manga del Mar Menor se convirtió en un SW de 20-23 nudos, navegando de ceñida con bastantes rociones (salseiros, que le llamamos en mi tierra). Al virar en las islas Hormigas, y después de pasar Cabo de Palos, roló un pelín más hacia S-Sw y se estabilizó un poco por debajo de los 20 nudos, permitiéndonos ceñir más cómodamente apuntando casi hacia Cabo de Gata.
Cuando hace sol, el mar está azul y la temperatura es buena, aunque se navegue en ceñida con viento y la mar picada, la sensación anímica siempre es mucho mejor que con un día frío y gris en las mismas condiciones. Eso es lo bueno del Mediterráneo. Parece una perogrullada pero no sé explicar el ánimo. Es como cuando por una banda tienes el cielo plomizo y la mar gris y por la otra ves el cielo despejado y la mar de su color; según mires a un banda u otra el pecho se te expande o se comprime.
Esa noche entramos en el pequeño Puerto de San José (Almería), después de dar unas cuantas bordadas pegados a la costa del Parque de Cabo de Gata. Espectacular. A la mañana siguiente, cambio de tripulante, y entre la marcha de uno y la llegada de otro, una comprilla en el pueblo y después hubo que coger un taxi, con un bidón de 25 l. hasta una gasolinera que estaba a 10 km., pues el surtidor del puerto se había estropeado. Espera, solucionar un par de problemillas más y finalmente pudimos zarpar a última hora de la tarde, ya con otro amigo como tripulante. Unas 28 horas después entrábamos en el Estrecho, de noche con unos 10 ó 12 nudos de viento de Levante, en popa cerrada con toda la mayor y génova atangonado. El mar planito (curiosamente habíamos escuchado en el parte aviso de temporal en el Estrecho (?)). Estando al través de Punta Europa sólo andábamos 5-6 nudos. Y aunque desde ahí hasta la salida del Estrecho en Tarifa sólo hay unas 15 millas aproximadamente, el viento fue arreciando sin prisa, pero sin pausa. Íbamos diciendo, ¡mira 8 nudos!,(la ola también iba creciendo poco a poco), ¡mira 9 nudos!, mira, mira ¡record! un planeito de 11... Bueno, pues sin apenas darnos cuenta planeábamos a 14 nudos, con olas encrespadas (por el choque de corrientes) de unos 4m. Pasamos raspaditos al faro de Isla Tarifa, pues no podía arribar más (si se me llega a ir de orzada ahí, nos comemos la lámpara del faro ;-). Pensé que era el efecto embudo del Estrecho, pero salimos con unos 40 nudos de viento, una mar considerable, y fue a más. No podía soltar el timón, y mi amigo no era muy experimentado, así que seguíamos con todo el trapo, confiando en que al alejarnos del Estrecho amainaría un poco para poder recoger vela. En estas andábamos, ya serían las 2 de la madrugada, cuando vino por detrás una ola mucho más grande que las demás, y perdí el control del barco, irremediablemente se me fue de orzada. Sólo pude decirle a mi amigo ¡Agarrate fuerte que se me va!!!. Y la ola nos tumbó 90º, atravesándonos a la mar y pasándonos por encima. Permanecimos tumbados unos segundos que parecieron muchos minutos. Cuando el barco se adrizó, afortunadamente mi amigo seguía en la bañera y el palo en su sitio, pero se habían roto las dos velas y la cubierta era un caos de cabos. Le dejé el timón para que tratase de mantener el barco a la capa, recogí todos los cabos del agua, encendí el motor, arrié como pude la mayor y enrollé todo lo que pude el génova. Estábamos cansados y empapados. Pusimos proa hacia Barbate, en donde entramos ya amanecido, no sin antes dar un pequeño rodeo para librar la almadraba que supuestamente hay delante del puerto, pero que no vimos. La vimos después dentro, en tierra, tras enterarnos que este año la habían recogido antes por la escasez de atunes. (¡))
El temporal duró dos días. En Barbate encontramos un tapicero que nos reparó el génova. Con la mayor no se atrevió, ya que era de kevlar, así que compré agujas para velas e hilo encerado y me tocó coser. (no terminé hasta poco antes de llegar a Cabo San Vicente ;-).
El dueño de un bar nos comentó que al parecer el depósito de la gasolinera del puerto tenía filtraciones de agua salada. Así que de nuevo con el bidón hasta la gasolinera más cercana. Menos mal que se brindó a llevarnos en su furgoneta.
Al segundo día, el viento ya había amainado a unos 25 nudos, y como era de popa, salimos, navegando sólo con el génova y muy cómodamente rumbo a Cádiz, aún con algo de mar formada. El viento y la mar fueron amainando más a lo largo de la mañana, y al medio día entrábamos en el Puerto de Sta. María, en donde de nuevo mi tripulante se tuvo que ir. Los imprevistos nos hicieron perder un tiempo del que él no disponía. Mientras esperé la vuelta de mi primer tripulante, llevé el barco hasta Puerto Sherry para rellenar de gasoil, seguí cosiendo un poco la mayor y a última hora de la tarde llegó, esta vez acompañado de un sobrino suyo, con lo que ahora éramos tres.
Cenamos y antes de media noche estábamos saliendo por la bahía de Cádiz con rumbo a Cabo San Vicente. La noche fue tranquila, el día siguiente también, y mientras tanto, cosiendo la mayor, que no rematé hasta que no estuvimos aproximadamente al Sur de Faro, donde la pudimos izar, con algo más de viento. Al pasar Cabo San Vicente, la siguiente noche, el viento roló a la proa y volvió a arreciar. A la altura de Cabo Sines ya estábamos hasta los mismíiisimos de ceñir contra la mar y el viento, y con unos 30 nudos de proa, la mayor se arrancó del palo ( al llevar dos rizos y el palo muy flexado, además de los pantocazos, la driza tiende a separar la vela del palo)(esta vez no se rompió la vela, sólo se le rompieron los patines). Ya era demasiado, estábamos mojados, fríos y cansados, así que decidimos meternos, esa tarde, en Sesimbra (al Sur de Lisboa). Por un par de días no cogimos inaugurado el nuevo y flamante club náutico y por tanto nos tuvimos que "duchar" en el pantalán con agua fría, y esto ya no era el Mediterráneo... ;-)Por si fuese poco, amarrados al pantalán, casi se nos hunde el barco (exagerando algo ;-). Al tratar de cerrar un grifo de fondo, este se rompió y empezó a entrar agua a borbotones. La sensación de ver el verde mar a través del casco es un poco inquietante. La cantidad de agua que es capaz de pasar por un agujero!. Menos mal que el anterior armador era un tipo previsor, y tenía los espiches amarrados con cinta junto a cada salida del casco. Si me hubiese tenido que poner a buscarlos…
Esa noche, repusimos fuerzas y ánimo en una tasca del puerto cenando un arroz tamboril (arroz caldoso con rape y filantro) para chuparse los dedos. ;-)
Ahí mis tripulantes tuvieron que marcharse de nuevo, esto se había convertido en una travesía por relevos y a trompicones. Alquilaron un coche y aproveché para irme con ellos, llevándome la vela conmigo para dejarla en la velería, para lo que tuvieron que dar un “gran rodeo” muy de agradecer, y eso que pensaban irse en avión. Un amigo es un amigo, y estos más ;-)
Una vez reparada volví con ella y el armador del barco, por suerte también amigo desde chavales, con el que hice el resto de la travesía desde Sesimbra hasta La Coruña, ya sin incidentes, casi en su totalidad a vela. Como dije al principio, una travesía algo accidentada ;-)

martes, 8 de mayo de 2007

DE VUELTA Y VUELTA...

Una vez más me quito la “txapela” ante los NAVEGANTES oceánicos que circunnavegan el globo, y más aún en solitario.
Estos días ha finalizado, a falta de que llegue “ElHombreAustral”, la regata alrededor del mundo en solitario “Velux 5 Oceans”, con la llegada a Bilbao de un suizo, un japonés, un vasco y un inglés (como en los chistes), cuatro de los siete que tomaron la salida allá por Octubre del 2006.
Después del fuerte temporal que azotó a la flota ya desde la salida, en el Cantábrico, y que ocasionó diversos desperfectos en la mayoría de los barcos. Después del hundimiento de uno de los participantes a unas mil millas al sur del Cabo de Buena Esperanza, y de la desarboladura y posterior abandono del barco que acudió en su ayuda. Después de aguantar las duras condiciones del Océano Austral por los “50 aulladores” y doblar Cabo de Hornos, además de soportar posteriormente las insufribles encalmadas ecuatoriales, los “Doldrums”. Después de todo eso, recorriendo en solitario las aproximadamente 33.000 millas que separan Bilbao de Bilbao (y es que como se sabe, para recorrer Bilbao es necesario un mapamundi ;-), ya están de vuelta, contentos, satisfechos y llenos de orgullo. No es para menos.
Mención especial de Unai Basurko y su "Pakea" que completa su primera circunnavegación en solitario, quedando, ni más ni menos que en tercer lugar… ¡Anda la hostia, Patxi! Eso si que es salir a dar una vuelta pues… ;-) ¡Enhorabuena!
Por desgracia siempre hay obtusos terráqueos que politizan todo, pero… suerte para él que por lo menos ha estado 158 días, 18 horas y 25 minutos sin tener que aguantarlos. Apoteósico fue el recibimiento en su tierra, en un día desagradable de viento, lluvia y granizo, con tanta gente, miles dicen, que a pesar de todo salió a darle la bienvenida como se merece.
Pues eso, lo has conseguido!¡Bienvenido a casa, Unai!

domingo, 6 de mayo de 2007

Una Colaboración especial

MI PRIMERA TRAVESÍA

Todo empezó en la manchega llanura un día de junio, cuando mpm me dijo; este fin de semana me voy, tengo que traer un barco desde Formentera, me quieres acompañar?
Y pensé; quién yo? Si no sé nada de barcos, si soy manchega de pura cepa, si mis únicas experiencias, por llamarlas de alguna forma, han sido las patinetas de las Lagunas de Ruidera, el vaporcito de Cádiz y una buena caminata en compañía de dos buenos amigos buscando Puerto Sherry!!!
Pero respondí: claro que si!, y pensé, Dios, esto no me lo puedo perder; y de repente me dio un subidón y estuve varios días como flotando, imaginando como podía ser lo de navegar; en fin como un niño a la espera de sumergirse en una experiencia nueva e inolvidable!
Así, una mañana de viernes, salimos de Ciudad Real hacia Denia para coger un ferry que nos llevaría hasta Baleares. Como íbamos mal de tiempo y nos equivocamos de carretera, el viaje en coche fue más que rapidito (menos mal que no existía el carné por puntos… je je) y la subida al ferry fue espectacular, como de película de acción, ya estaba casi zarpando y levantando la pasarela cuando subimos corriendo de un salto; uff por los pelos!!! (no es coña) casi nos quedamos en tierra!!!
La travesía en los dos ferrys fue bastante tranquila, y yo ni que decir tiene, iba emocionadísima; que bien esto del ferry! Cómo será ver un ferry desde un velero y cómo será….y cuando me quise dar cuenta estábamos en Formentera, en La Sabina, en tierra; antes de seguir la aventura, una buena cervecita fresquita y un pincho de tortilla!
Acto seguido llamamos al armador del “FastFe” y en un plis plas estábamos delante del barco; ohhh!!! Cuantas emociones otra vez! Me va a dar un tabardillo! No doy de si para mirar todas las cosas del barco, el corazón se sale de emoción…!, y tras dejar las cosas en nuestro camarote nos dimos una buena ducha y nos dispusimos para disfrutar una noche inolvidable en tierra!!!
El día siguiente fue soleado y bonito, y después de un buen desayuno y una ducha para la resaca y el cansancio fuimos a comer a un lugar con unas vistas de la isla, maravillosas, acompañados del armador, su hijo, y dos amigos, hippis lugareños de pura cepa, de los que llegaron a la isla antes que el turismo y el consumismo, y a los que le debemos ( bueno, a uno de ellos) la letra de la canción “Depende” de Jarabe de Palo, o por lo menos eso se rumorea en la isla. Yo no pude disfrutar de la comida y me fui al barco a descansar, tenia que estar en perfectas condiciones porque esa noche salíamos con el barco!!!
Y por fin llegó el momento tan esperado, nos vamos de las islas, todos a bordo que zarpamos! ;-) Pero, hay un contratiempo, tenemos que remolcar a otro velero hasta Moraira. Bueno reunión de tripulantes; hay que estudiar las maniobras para zarpar y recoger al otro barco, y cuando ya está todo estudiado y hablado, manos a la obra que zarpamos!!! Que emoción!!!
De repente algo va mal; yo no tenia ni idea de que pasaba pero oí los gritos del armador diciéndome; vete a babor y empuja que chocamos con un barco! Y yo; a babor?, en fin, pusimos punto muerto y vieron qué le pasaba al mando del motor, pues la marcha atrás y avante no iban bien, ambas daban avante. Pero no era de extrañar, pues las había arreglado un librero de la isla que “sabia algo de mecánica” (creo que había leído un libro sobre el tema) y al parecer la chapuza no había salido bien.( yo aun no lo sabia, pero las chapuzas y averías son toda una tradición en el “FastFe”, como pude comprobar en otras travesías). Bueno, pues habrá que pensar otra vez qué hacemos, así es que después de mucho discutir y mirar el motor y las marchas, decidieron cómo hacer para poder sacar el barco del pantalán recoger al otro barco y zarpar sin dar mucho el cante; menos mal que ya era de noche y apenas había curiosos en le puerto!
A mi me encargaron una tarea sencilla en la complicada maniobra, y yo sin rechistar, que ya se sabe que donde hay patrón no manda marinero!
Y por fin y de verdad, al final conseguimos nuestro objetivo; qué cara de alivio se les quedó a los tres, yo tan feliz; estoy en un velero rumbo a Moraira! La travesía fue estupenda y tranquila, tal vez algo aburrida para los veteranos, pero para mi fue fenomenal, disfruté como una enana, solo me faltó ver delfines, pero eso tuvo que esperar un tiempo! Después de toda una noche y una mañana por fin llegamos a puerto y atracamos sin ninguna dificultad, pese a las dudas de los tripulantes. Un algo de picar para comer y vuelta a los coches y la Mancha.
Ya en el coche recordaba todo lo vivido y no me lo podía creer, y aun hoy sigo recordando mi primera travesía con un cariño especial!!!
Mal sabía yo, todavía, que la siguiente iba a ser tan diferente…

jueves, 3 de mayo de 2007

La vida es sueño

Supongo que casi todos a los que nos gusta la mar, y yo no voy a ser una excepción, nos hemos forjado una imagen más o menos definida de nuestro barco ideal con el que surcar mares desconocidos, o como generalmente se dice “dar la vuelta al mundo”… pero como este es redondo, eso nos dejaría en el punto de partida, que un tiempo antes hemos soñado con dejar. Aún así no está mal pensar en darse una vuelta por ahí, ver lo que hay y volver a lo conocido y familiar. La forma de plantearse este sueño creo que dice mucho de nosotros mismos, incluso el hecho de ni siquiera planteárselo.
De todas formas dicen que “querer es poder”, y si no podemos es que en realidad tampoco lo deseábamos tanto. Al final se torna en una cuestión de valor. Valor en dar el salto, en dejar la seguridad, laboral y familiar, arriesgándose hacia lo desconocido. Valor para esforzarse en conseguir lo que soñamos. Pero si no soñamos, el valor no sirve de nada.
Volviendo al barco ideal, en mi caso, pienso en un barco de unos 55 pies, envergadura como para tener autonomía, seguridad y confort suficientes, pero que pueda manejar, si fuera necesario, yo solo. Diseño intemporal, tirando a clásico. De desplazamiento medio, rápido pero no planeador, y sobre todo sólido.
El aparejo ketch me gusta, es versátil y reparte la superficie vélica haciéndola más manejable.
El material del casco lo tengo menos claro. Madera con resina, aluminio, o incluso una buena fibra… no sé, habría que verlo.
Para no entrar en detalles, mejor poner unas fotos del que podría ser mi barco ideal.
Con él poder navegar hacia Tierra de Fuego, recorrer el Canal de Beagle hasta Ushuaia, conocer la Isla de los Estados y doblar Cabo de Hornos hacia el Pacífico para subir hacia el ecuador hasta las Galápagos y a partir de ahí improvisar. Quizá saltar hasta Polinesia, un mundo de islas suficientemente grande como para perderse.
Ushuaia Isla de los Estados y Cabo de Hornos
Islas Galápagos
Seguramente influenciado por la lectura de los libros del maestro Moitessier, que dijo: “Sigo, sin hacer escalas, hacia las islas del pacífico, porque soy feliz en el mar y quizá para salvar mi alma”.
Y es que el mar invita a soñar… y al fin y al cabo, como decía Calderón de la Barca (nombre marinero donde los haya), la vida es sueño.
Bernard Moitessier

martes, 1 de mayo de 2007

LO QUE NO SE VE

Si hay algo que caracteriza a la America´s Cup es la gran inversión y esfuerzo que se realiza en el campo del diseño, tanto de cascos, apéndices, palos y velas, investigando en el desarrollo de nuevos materiales siempre más ligeros y resistentes. Nada se da por preconcebido, todo se cuestiona, proponiendo nuevas soluciones en respuesta a los problemas surgidos de la experiencia, buscando “grietas” en el reglamento hasta rizar el rizo, gracias a los grandes presupuestos que les respaldan. Miles de horas de trabajo previo que hacen que la competición entre los distintos equipos comience, en realidad, mucho tiempo antes de que los barcos toquen el agua y que continúa evolucionando hasta prácticamente el final de la competición propiamente dicha.
Convirtiéndose en una “lucha” tecnológica que discurre paralela a la puramente deportiva, hasta el punto que dichas innovaciones tratan de mantenerse en secreto hasta el momento en que la organización obliga a ponerlas en descubierto y que tuvo su momento álgido cuando en el 83 los australianos arrebataron por primera vez la copa a los americanos, en gran parte gracias al diseño de su revolucionaria quilla alada. Una vez que se ha fijado cual va a ser el campo de regatas, se estudian estadísticamente sus condiciones en cuanto a intensidades de viento y tipo de ola predominantes y en función de los cuales se determinarán las opciones de diseño de los barcos, siempre dentro de los parámetros que permita la fórmula del reglamento. En esto influirá mucho el presupuesto con que cuenten los distintos equipos, pues habrá que jugársela con un solo barco o bien se podrá evolucionar con la construcción de dos o más barcos.
Tanto en el diseño de los cascos como de los apéndices, quilla, bulbo y timón se cuenta con un software cada vez más sofisticado, apoyado con pruebas hidrodinámicas en canal y evolucionando gracias a los datos que los equipos van recopilando a bordo desde los primeros entrenamientos, que permitirán optimizar al máximo los diseños.










Lo mismo ocurre con la jarcia y las velas, estudiando con simulaciones informáticas los distintos modelos y probando en el túnel de viento para obtener el mejor rendimiento aerodinámico.












A continuación vendrá la fase de construcción, aplicando las técnicas más avanzadas y los materiales más sofisticados.
Para los cascos se busca la máxima rigidez con el menor peso posible, afinando al gramo hasta con la técnica de pintado.


En el caso de los bulbos, que suelen convertirse en la estrella, se trata en cambio de concentrar el máximo peso con la mejor hidrodinámica, de manera que serán clave tanto en la velocidad como en la forma de comportarse el barco.



En los mástiles se buscará la máxima resistencia y flexibilidad con el menor peso y mejor aerodinámica. Las velas serán el motor del barco, por lo que su estudio y elaboración serán importantísimos. Tanto su forma aerodinámica y propulsora, como su indeformabilidad y ligereza serán claves, empleando todos los equipos, para su construcción, la técnica 3DL, que permite realizar velas de una sola pieza sobre molde y sin costuras, utilizando las fibras más resistentes y ligeras con los laminados más impermeables al viento.










El acastillaje de cubierta también tiene su importancia, buscando la máxima efectividad y resistencia con el menor peso, en winches y poleas, empleando sofisticadas aleaciones metálicas e incluso, en esta edición, la Nasa ha desarrollado para el equipo norteamericano unas poleas con rodamientos cerámicos de gran rigidez y ligereza, que pueden alcanzar grandes temperaturas y se mantienen sin lubricantes, sólo con agua dulce.
No se deja nada al azar, incluso después de cada jornada los equipos de tierra chequean y diagnostican cada mecanismo y elemento de a bordo mediante ultrasonidos, para evitar sustos de roturas.
Esto es la guerra de las galaxias, que empieza con los ingenieros y termina con las tripulaciones, que son las responsables últimas de hacer andar a los barcos y elegir las tácticas más adecuadas.
Lo más parecido a la Fórmula 1 pero en el mar.