Oficialmente está claro, se otorga esta potestad a los pilotos o capitanes de M.M. y a los que anteriormente se denominaban patrones de cabotaje, hoy patrones de altura cuya titulación tiene el rimbombante nombre de técnicos superiores en navegación, pesca y transporte marítimo, dejando fuera de esta competencia a las titulaciones náuticas de recreo.
La gran mayoría de los casos de alquiler de embarcaciones de recreo con patrón se refieren a veleros y, sin embargo, se da la paradoja de que oficialmente en los programas de formación de las titulaciones profesionales no se atiende a este tema. Así podría darse el caso, por ejemplo, de que navegando a vela bajo el mando de un capitán de la M.M., o un patrón de cabotaje, su falta de pericia a la vela provocase una trasluchada involuntaria que hiriese a alguno de sus pasajeros y sin embargo estarían actuando dentro de la supuesta legalidad. Es cierto que algo así puede ocurrirle a cualquiera, pero podría alegarse en su contra que el patrón no tenía formación específica para gobernar una embarcación a vela, algo que por el contrario sí se contempla en las titulaciones de recreo.
También es verdad que al margen de esa titulación profesional la persona pueda tener conocimientos y experiencia en navegación a vela, pero eso no quedaría acreditado con su titulación.
Por otro lado, la formación en cuanto a temas de seguridad que reciben tanto capitanes de M.M. como patrones de altura es muy superior a la impartida en las titulaciones náuticas de recreo, amén de otras materias que no afectan en nada a esta modalidad de navegación. Por lo que considero positiva y justa la existencia de un borrador de ley (por aprobar) para cubrir estos supuestos, según el cual con la titulación de Capitán de Yate, junto con acreditación de dos años de experiencia y cursos complementarios en cuestiones de seguridad y comunicaciones se estaría en posesión de un título profesional enfocado específicamente hacia la náutica deportiva y de recreo, con ciertas restricciones, pero que cubriría la gran mayoría de las demandas de este sector.
A menudo los profesionales de la M.M. han puesto la proa a lo que ellos consideran “intrusismo” en el sector, pero que en realidad ha sido la postura del “perro del hortelano” que ni come ni deja comer, ya que en la mayoría de los casos las retribuciones que podían percibir en este campo son, lógicamente, muy inferiores a las que perciben en el ejercicio de la profesión para la que están específicamente preparados, salvo en el caso de los yates de grandes esloras.
Podría pensarse que las preferencias de los posibles clientes se decantan hacia este tipo de profesionales, pero últimamente tampoco es que se goce de excesivo “prestigio” en vista del número tan elevado de incidentes marítimos que han tenido lugar:
- 4 de mayo de 2008: El buque de pasaje “Mona Lisa” embarranca en aguas de Letonia con 650 pasajeros y 350 tripulantes a bordo.













Y así varios buques más sólo en lo que va de año. Lo mismo se puede decir de los numerosos casos, de todos conocidos, de pesqueros hundidos o con problemas serios.





En consecuencia, y aunque pueda parecer que tiro piedras contra mi propio tejado, en la mar, nadie está en situación de sacar demasiado pecho, y en cualquier caso la experiencia es un grado, al igual que la prudencia.
En cuanto a la náutica de recreo, hasta no hace mucho era un campo en el que se encontraban amantes del mar y de la libertad que este representaba, conscientes, en la mayoría de los casos de sus limitaciones, hasta que la “titulitis” y el control de la burocracia terrestre ha ido ganando terreno, en gran parte debido al acercamiento a este medio de un número cada vez más elevado de buscadores de nuevas emociones que les hagan olvidar su rutina diaria en tierra, y a los que lo mismo les vale tirarse de un puente amarrados por los pies, colgarse de un parapente o lanzarse por los rápidos de un río a bordo de un kayak, desconociendo en la mayoría de los casos el medio en el que se meten.
Por otro lado están también los que se acercan a la náutica deportiva con pretensiones de aparentar de presunto estatus social. (¿)
Y puestos a clasificar tópicos, nos podemos encontrar también con los amantes de la teoría, fruto del estudio y las numerosas lecturas de temas náuticos (lo cual me parece muy bien, que conste), y por último una clasificación hecha por un colaborador de Thalassa, Juan Poyatos, que he leído recientemente y que me ha hecho gracia, la cual transcribo a continuación.
Hay dos tipos diferentes de humanos viviendo entre los pantalanes. Están los enamorados de su barco, sus formas, sus prestaciones o su comodidad, sus interiores cuidados, su modernidad o su clasicismo. Estos individuos adoran el ambiente del club, el bar del puerto, la pesca o las regatas. Viven los 365 días del año entre el pantalán y el bar, cuidando siempre su barco y descuidando su hígado y sus pulmones. Pasan el tiempo pensando en como prepararlo o mejorarlo para las regatas, la pesca, o los viajes. Esta especie de humano de puerto revisa una y otra vez el rating de su velero o el motor de su lancha, lee libros de expertos navegantes y anda normalmente por los pantalanes con una sonrisa indeleble en la cara. Se les ve felices en el varadero o en el bar, siempre sin la mujer y normalmente en grupos reducidos de individuos de la misma especie. Es la especie llamada: “Homo portulensis”.
Pero hay otra especie de humano que habita entre los barcos, son los que aman el mar más que a su propio barco. Estos hombres y mujeres simplemente adoran estar allí, en el azul. Son individuos que suelen utilizar, o han utilizado, todas las formas posibles de explorar: buceo, piragua, vela, motor, pesca, lo que sea; para ellos lo único que importa es vivir con la piel llena de sal. Estos otros habitantes de los puertos hablan poco y hacen mucho; navegan, regatean o pescan de verdad. Son los llamados: “Homo nauta veritas”.
Estas dos formas de ver el mundo náutico, estas dos especies de humanos, no viven enfrentados, sino que se confunden y entremezclan constantemente. De hecho se sientan juntos a charlar en el bar y resulta difícil diferenciarlos.
De todas formas, tampoco hagáis demasiado caso de mis reflexiones. Cada uno es muy libre de acercarse al mar por los motivos que sea, y me consta que aún son muchos los que lo hacen por amor al mar, a la navegación y, a pesar de todo, a la libertad.