sábado, 24 de enero de 2009

¡CRAKAAA!!!

Gracias Santyfb por este enlace de los faros bretones, que ya había visto pero había olvidado, y viene muy a cuento para el tiempo que está haciendo aquí.
¡Espectacular!

miércoles, 21 de enero de 2009

A LA LUZ DE LOS FAROS

Hace ya mucho tiempo que colecciono faros, al menos en imagen, como otros coleccionan sellos o bastones, a mí me fascinan los faros.
Ese nexo de unión entre la arquitectura y el mar, la ingeniería y el romanticismo, la función y el símbolo. Al igual que los puentes, su belleza radica en su función, y aún así, en ambos casos hay quien los ha diseñado y construido feos, aunque son los menos porque es difícil.
Tienen un no sé qué que inspira, una presencia que impone, se funden con el paisaje pero no pasan desapercibidos porque son hitos y porque, en el caso de los faros, su función es hacerse ver.
Es curioso que en el tiempo que llevo con el blog nunca había escrito nada sobre ellos, al menos en general, y la verdad es que hay mucha literatura al respecto, histórica, técnica, artística y novelesca, así que no sé muy bien cómo enfocarlo más que como un ejercicio de reflexión por la atracción que me provocan.
Algún amigo me dijo una vez, “son claramente símbolos fálicos, así que háztelo mirar…”, pero no creo que vayan por ahí los tiros ;-) En primer lugar diría que influye mucho su ubicación, en muchos casos enraizados sobre las rocas del acantilado, otras veces se alzan directamente sobre el agua, imperturbables a los embates del mar, majestuosos en la calma, casi siembre asociados a los cabos o rocas que los sustentan.
Pero creo que sus orígenes, su ingeniería y sobre todo su utilidad también tienen mucho que ver.
Hay faros cuya leyenda, historia o tradición marinera me ha marcado desde siempre, como el faro de la Fastnet Rock, el de Cabo de Hornos o Cabo Leeuwin, el faro de Finisterre, la torre faro de Brenton Reef, el faro de la Islas Needles o los de la Bretaña Francesa, hitos de paso, testigos de temporales y naufragios. Otros me han influido más por su proximidad o familiaridad, amén de su belleza, empezando por la nominada para ser reconocida como patrimonio de la humanidad Torre de Hércules, así como los faros de los cabos Ortegal, Estaca de Bares, de las Islas Sisargas, Punta Nariga, Roncudo, mi favorito Vilán, Touriñán, el mítico Fisterra, Corrubedo, Islas Sálvora, Ons y Cíes o Cabo Silleiro, último o primero en las travesías hacia o desde el sur. Más allá, las luces de los faros de Cabo Carvoeiro, Isla Berlenga, Cabo San Vicente, Trafalgar, Isla Tarifa, Punta Europa, Cabo de Gata, Palos, La Nao, San Antonio, Berbería, La Mola, Punta Cala Figuera, Cabo Blanco, Isla del Aire, Cabo Creus… y tantos otros. Sus señales me han servido de referencia en la mar, cuando no de entretenimiento en las largas guardias nocturnas, identificando mentalmente su período y su frecuencia. Otras veces sus sirenas de niebla me han helado la sangre, pero siempre me ha tranquilizado su presencia, o el efecto contrario cuando no alcanzaba a divisarlos donde se suponía que debían aparecer. Primer guiño de tierra al acercarse a la costa en la noche, último signo del hombre al adentrarse en la mar, sustitutos nocturnos de la luz solar, pitido guía en la niebla de los ya obsoletos radiogoniómetros, señal en la pantalla del radar de los que tienen racon que confirma que ahí, en la oscuridad de la costa, hay algo construido por el hombre.
Asociado a su imagen iba la del farero, envuelto en ese halo de romanticismo, algo ermitaño, centinela del mar, pero la política o la economía decidió sustituirlos por los automatismos. En alguna parte leí que en Argentina o Chile consideran que es más patriótico mantener a los fareros en su puesto, y ahí está por ejemplo la familia del farero de Cabo de Hornos, aislados pero orgullosos de su cometido, alguien tiene que cuidar de la luz del faro del fin del mundo…
Mi nostálgica admiración hacia los que cuidaban de la luz de los faros y que por tanto, a su vez, velaban por los navegantes.
No conozco personalmente a ninguno, pero sí disfruto con las historias que de vez en cuando relata un compañero bloguero desde “su faro”: (http://desdeunfaro.blogspot.com/), antes torrero, ahora, según él, contador de nubes…entre otras cosas, amén de buen narrador.Silleiro y Sálvora, dos de "sus" faros... ;-)

martes, 20 de enero de 2009

TEMPORAL EN LA COSTA CORUÑESA

Ya este fin de semana salimos a la mar con una previsión meteorológica de vientos de fuerza 6-7 y puntas de 8, alerta naranja por olas de 6-7 metros y un frío que ya se hacía notar, con lo que la navegación fue de lo más bonita y emocionante aún sin salir de la ría, con el Cadenote Uno galopando en ocasiones por encima de los 11 nudos. Sin embargo no era más que el inicio de lo que se avecinaba para esta semana, alerta roja para la costa gallega con vientos de hasta fuerza 10 y olas de entre 7 y 10 metros, acompañado de fuertes chubascos de granizo y un frío que ha hecho bajar la cota de nieve a los 300m. Si bien estos temporales son bastante habituales por aquí durante el invierno, obligando con frecuencia a la flota pesquera a permanecer amarrada en puerto, de vez en cuando llega alguno que se hace notar más; recordemos que en marzo del año pasado la baliza Odas situada frente a La Coruña registró una ola de 21 metros, temporal que causó serios desperfectos en el paseo marítimo de Riazor. Los efectos de estos temporales a veces son dramáticos, pero la imagen agreste de nuestra costa batida por el viento y la mar es de gran belleza. Difícil plasmar la sensación del viento frío dándo en la cara y el sonido de las olas al romper, pero como muestra alguna fotillo hecha esta tarde desde la boca de mi ría, entre chubasco y chubasco. Da gusto oír el viento golpear en las ventanas durante la noche, entre relámpagos y chubascos, al calorcito del hogar. Otra cosa sería que nos pillase en el mar… brrrr!

domingo, 18 de enero de 2009

Por fin Unai Basurko ha llegado a casa

En la mañana del pasado sábado, como estaba previsto, Unai Basurko a bordo de su Pakea Bizkaia ha sido recibido en la Ría de Bilbao por cientos de personas a su llegada después de casi 60 días en la mar, tras su periplo en la Vendée Globe. Obligado a abandonar la competición por una rotura, ha conseguido llegar navegando de vuelta aún con el barco "tocado". Según palabras del propio Unai, "por los mares del sur no se puede navegar con medias tintas".
Ahora toca descansar, tanto a Unai como al Pakea Bizkaia, después se desmontará y mimara el barco para tenerlo pronto de nuevo en forma, y supongo que con alguna modificación o mejora.

Nuevamente, lo tantas veces dicho, ¡Enhorabuena Unai por conseguir lo conseguido!

MEGAPUERTOS Y PIJOYATES por A.Pérez-Reverte

Hay algo equivocado en la idea que los españoles tenemos de la navegación deportiva: competiciones transoceánicas, yates fondeados en lugares lujosos, regatas con la familia real al completo y nietecitos rubios incluidos, ropa supermegapija de marca y mucha America’s Cup, que es como –tan idiotas para estas cosas como para otras– llamamos ahora a la Copa América de toda la vida. Esa idea errónea se ve reforzada por nuestro sistema de puertos deportivos, y por la imagen que de ellos dan ciertas organizaciones ecologistas, bloqueando proyectos que, ejecutados con honradez e inteligencia, serían beneficiosos para todos. Y así, España, pese a estar hormigonada de costa a costa, es paradójicamente uno de los lugares peor dotados en puertos deportivos de la Europa mediterránea. Y cuando se construyen, es para dejar fuera a los auténticos navegantes. A la gente de mar con vocación y ganas. Para advertir la diferencia, basta mirar afuera. En cualquier época del año, haga frío o calor, con sol o nublado, con viento o sin él, te asomas un fin de semana al fiordo de Oslo, a los alrededores de la isla de Wight o a la bahía de Hyeres, por ejemplo, y encuentras el mar lleno de velas de todos los tamaños; de familias que navegan lo mismo en barcos de esloras grandes como en veleros de cinco o siete metros, o pequeños balandros. Se trata allí de una afición real a los barcos y la navegación, practicada lo mismo por fulanos canosos con pinta de patrones curtidos, que por señoras intrépidas y tranquilas amas de casa, o niños de pocos años que, con sus chalecos salvavidas puestos, manejan con soltura cañas y escotas. Todo eso crea un ambiente marino auténtico, de lo más agradable. La sensación de que esa gente ama el mar y lo disfruta. Aquí es diferente. Excepto los admirables pescadores deportivos, que salen con sus barquitos en cualquier tiempo, los navegantes españoles suelen ser de verano y domingo soleado con poco viento. Sobre todo en el Mediterráneo. Si navegas en invierno por las costas españolas, cuando ves una vela que viene de vuelta encontrada sabes que, en nueve de cada diez casos, se trata de un inglés, un holandés o un francés. Pero ésa no es la cuestión. En los barcos españoles, lo usual son las esloras largas, de doce metros para arriba. Es frecuente, incluso, cierta proporción inversa: a menos horas navegadas, más enorme es el barco. Y si se trata de barcos a motor, ni te cuento. Lo nuestro es barco grande, ande o no ande. Con el resultado de que los pantalanes están llenos de yates a motor y veleros ridículamente enormes, que nadie usa más que un mes al año; pero que sirven para pasear por el club con ropa náutica a la última, ir quince días a Ibiza o, como mucho, fondear a dos millas del puerto, los domingos de sol, con la familia y los amigos. Ése es el tipo común de propietario que ocupa puntos de amarre en los puertos españoles. Y lo que es peor: el personaje a cuya imagen y semejanza esos puertos se han construido en los últimos veinte años, y se van a seguir construyendo, ahora más que nunca. Porque ésa es otra. Puesto que de momento el ladrillo tierra adentro se ha ido a tomar por saco, algunos de los sinvergüenzas que mataron a la gallina de los huevos de oro le han echado el ojo a los puertos deportivos. Toda esa posibilidad de cemento y dinero –negro, como de costumbre– los pone calientes. Y como se da la oportuna casualidad de que nuestros puertos están bajo la jurisdicción de las mismas autoridades autonómicas con las que esos pájaros se comen las gambas a la plancha, todo es cosa de reconvertir objetivos. De pronto, sospechosamente, las concesiones que antes tenían modestos clubs náuticos y pequeños puertos locales, donde aún se respetaba el barquito pesquero o el velerillo de poca eslora, se han vuelto presa codiciada para una increíble cantidad de golfos ladrilleros, con sus padrinos, que buscan adjudicarse ampliaciones y concesiones portuarias en las que, naturalmente, las palabras navegación y deportiva son lo de menos. Mucho punto de amarre, en cambio, para grandes esloras, que son las que dejan pasta: de cien mil euros para arriba por barco. Figúrense. Así, a los promotores –que además lo ignoran todo sobre el mar– les da igual que esté allí un español que un jubilata extranjero, que al final suele ser quien afora. Y a los usuarios de toda la vida, que les den. Si antes resultaba difícil para los patrones humildes encontrar amarres, a partir de ahora será imposible. Ya lo es. A eso añadan el calvario del papeleo, la burocracia infame y la absurda normativa que el Ministerio de Fomento exige a la navegación deportiva en España. El resultado es que esa jábega de golfos está consiguiendo hacer verdad lo que antes era mentira: que el mar sea un lugar para ricos y domingueros, y que ni siquiera un modesto barquito de vela esté al alcance de todos.
Patente de Corso (Arturo Pérez-Reverte)

miércoles, 14 de enero de 2009

PAKEA BIZKAIA EN A CORUÑA

Después de su escala en Bayona, tras enganchar una red con la quilla, Unai Basurko con su Pakea Bizkaia, acompañado desde Cascáis por Jaime, ha dado un salto hasta La Coruña, esperando buenas condiciones meteorológicas para llegar hasta Getxo y aprovechando para hacer una visitilla a los amigos. Unai en la velería de Cadenote
Con tal motivo he tenido ocasión de echar un vistazo a las “heridas” del Pakea Bizkaia y algunos detalles de su maniobra, estructura y compartimentación; en muy buen estado general salvo algunos destrozos en el solent y desgaste natural de las velas, a pesar del gran gramaje de las que estaban en cubierta en ese momento (mayor, trinqueta y solent) , rotura y bloqueo de una de las orzas de deriva, pequeñas roturas que se han ido reparando sobre la marcha y la que ocasionó la retirada, el anclaje de la caja del timón de estribor, que lo ha dejado completamente inutilizado, imposible de reparar en condiciones con el barco en el agua. Cubierta del Pakea Bizkaia Vista desde proa del palo, con la orza de deriva de estribor inutilizada Detalle de la orza de sable dañada Timón de estribor inutilizado Detalle del anclaje roto que afectó además al piloto, al sensor del timón y de los depósitos de lastre
El Pakea Bizkaia es sin duda un barco espectacular, bonito y marinero. Tiene un diseño con menos francobordo y manga en popa que los demás IMOCA Open 60, lo que seguramente le haga navegar mejor en ceñida, pero es quizá, desde mi punto de vista, peor en vientos portantes, y da mayor sensación de indefensión en mares gruesas.
Desde luego se nota la diferencia de presupuesto con otros participantes en la Vendée de última generación, pero por lo que se ha visto eso no marca tanta diferencia ante las duras condiciones del gran sur, que hace pagar tributo tanto a los modestos como a los grandes presupuestos, muchos de los cuales con daños y consecuencias mucho más graves que las sufridas por Pakea.
Su menor manga en popa hace también que la bañera de maniobra sea algo más reducida, pero suficiente y cómoda para un navegante solitario. Vista de la bañera desde el interior
En cubierta destacan los nuevos paneles solares y generador eólico, además del gran huevo del inmarsat situado a proa del palo. El sistema de anclaje directamente a cubierta de la botavara le permite eliminar los esfuerzos de esta sobre el mástil de carbono y, gracias a su sistema giratorio, permitiría realizar fácilmente un aparejo de fortuna en caso de pérdida del palo, del cual me llamó la atención el gran espesor de sus caras en la base. Detalle del anclaje a cubierta de la botavara En el agujero se aprecia el espesor del carbono en la base del palo Mástil de carbono, Jarcia firme de PVO.
Bajo cubierta, el pequeño copit central, zona habitable del barco donde Unai pasa la mayor parte del tiempo. En el espartano interior encontramos la equipada mesa de cartas, dos literas a ambas bandas, una pequeña cocina cardan, la caja del motor y los winches de control de la quilla. Mesa de cartas del Pakea
Litera de babor con poster del puente de Portugalete... portugalujo, portugalujo... ;-)
Para hacer cositas ricas y calientes, nada de sobres liofilizados. Winches de trimado de la quilla.

El Pakea, a diferencia de la mayoría que utiliza un sistema hidráulico, lleva un sencillo pero eficaz sistema de trimado de la quilla pendular a base de cabo, poleas y winches. Simplificando se reducen los problemas. El sistema de desmultiplicación para mover la quilla se encuentra en un compartimento estanco, de difícil acceso, situado entre el copit central y el pañol de velas. Entre mamparos sistema de poleas para la quilla pendular
Pañol de velas
Más hacia proa de este último, otro compartimento, también estanco, donde sólo va estibada una pala de timón de repuesto. Por último, a proa de todo un pequeño pañol anticolisión relleno de espuma para evitar que se llene de agua en caso de choque con algún objeto. Pañol de proa, con pala de timón de respeto
Puño de driza de la mayor del Pakea Bizkaia.

Mañana el Pakea Bizkaia zarpará para recorrer las últimas millas de retorno a casa después de más de 56 días en la mar, estimando su llegada para la mañana del sábado. Allí a buen seguro se le hará un gran recibimiento, como se merece.
Buen trabajo Unai, y más suerte para la próxima, porque la habrá.