martes 24 de abril de 2007

Pagando por sufrir...

Otra buena forma de dar la vuelta al mundo en regata es pagando un buen dinero por embarcar a bordo de uno de los barcos de la BT Global Challenge.
Lo "bueno" es que se hace la circunnavegación en sentido contrario al de los vientos dominantes, que son en dirección Oeste-Este. Así que sin duda no te salva nadie de ceñir a lo bestia durante un montón de millas y días.
Pago por navegar... pero qué bien, cuanto sufro!!!
Sin duda toda una experiencia. ;-) Y como se suele decir... para muestra, un botón.

lunes 23 de abril de 2007

23 de Abril

Día en que San Jorge sale a la caza de "Dragones Marinos"... ;-)
¡¡¡FELICITATS ALS HOMÓNIMS!!!

"Com mana la tradició,
un llibre i una rosa vermella..."

Brasil 1 Volvo Ocean race

Un barco en el que participaba un amigo, en esta última edición de la Volvo Ocean Race, junto al "sailmonster" Torben.

La "Samba" del Brasil 1 ;-)

Si es que van como locos...!!!

Sube el volumen, dale al Play y a disfrutar...

Si es que van como locos...!!!

viernes 20 de abril de 2007

Un buen fin de semana de navegación

A iniciativa de un foro náutico se organizó una salida de fin de semana para disfrutar de una estupenda navegación por las Rías Altas gallegas, en concreto por la Ría de Ares-Sada y hasta la recogida Ría de Cedeira.Algunos llegaron al barco, un Bavaria 44, la noche del viernes, el resto de la tripulación lo hizo a primera hora del día siguiente. Después de meter algo en la despensa, la nevera y llenar los depósitos ya estábamos listos para zarpar.



El sábado amaneció con una bruma cerrada que poco a poco fue abriendo. El viento NE, por el contrario, empezó soplando con timidez y arreciando hasta los 20 nudos ya fuera de la ría. Eso sí, siempre de proa, por lo que tuvimos que ir dando bordos de ceñida, ya desde la salida de la ría, y durante ocho horas en nuestro ascenso por la costa hasta la Ría de Cedeira, a unas 30 millas hacia el N.Por suerte la mar no llegó del todo a convertirse en marejada, pero casi.Mientras ceñíamos escorados nos cruzamos con varios veleros que participaban en una regata "a dos", bajando en popa y que sin duda nos miraban con la sorna que produce el ir navegando cómodamente a favor del viento mientras otros remontan penosamente en contra. La misma sonrisa que debió esbozar el comandante de una fragata de la Armada mientras decidía desde el puente si nos cruzaba por proa o por popa. A dicho comandante le diría que tenga más cuidado al afeitarse, pues se le veía una tirita en la mejilla ;-) Al principio los turnos al timón se prolongaron, sin duda debido a alguna sustancia resinosa en la rueda que hace que sea difícil de soltar ;-), o quizá porque aún había que cogerle la medida al barco y con 20 nudos infundía algún respeto, que afortunadamente se le perdió el segundo día. De todas formas cuatro fueron los timoneles que nos llevaron con mano firme el sábado. Todos, en cambio, nos condujeron el domingo. De ninguno el barco se quejó. ;-)
Sin más novedad entrábamos, a última hora de la tarde, en la escondida Ría de Cedeira y poco después abarloábamos a un pesquero amarrado en el puerto, a un paseo del pueblo. Pero pasear siempre sienta bien tras ocho horas de ceñida, sobre todo si luego te espera una pequeña degustación de "bichos marinos" varios, desde tiburón hasta pulpo, regados con un poco de albariño.
El domingo amaneció un día aún mejor. Desayuno a bordo, un poco de charla con práctica del "nudo del argentino" incluida, una vueltecita por los alrededores para desentumecer los músculos y a eso de las once estábamos embocando la salida de la ría, hasta abandonar el socaire de los montes y conectar con un Nordeste madrugador que en algún momento llegó a los 28 nudos, pero que en popa se llevan mucho mejor.




Al salir de la ría, una vez superados los bajos que la franquean por el Sur, navegamos a un largo con el viento a 120º por la aleta, rumbo que nos fue metiendo mar adentro hasta que trasluchamos para volver a acercarnos a la costa. Aún así tuvimos que ponernos durante un rato a orejas de burro (sin atangonar el génova) para librar el Cabo Prior, lo que supuso una prueba de pericia para nuestros timoneles.
Prueba ampliamente superada con éxito, pues no es fácil mantener el barco equilibrado en popa cerrada con viento y algo de mar.Como es lógico, en un grupo heterogéneo, hubo distintos grados de sensibilidad al timón, tanto en ceñida como en popa, pero todos pasaron por la rueda, y dadas las condiciones, he de decir que con gran habilidad.
Debido al rumbo y a la velocidad, y a diferencia del día anterior, pronto estuvimos a la altura del Cabo Prioriño, orzando para adentrarnos de nuevo en la Ría de Ares-Sada, a cuyo resguardo amainó la mar y el viento, deslizándonos a rumbo directo hacia el puerto de partida en una agradable navegación, donde poco antes de llegar fuimos recibidos por un comité de bienvenida formado por una manada de delfines mulares, algo dispersos debido a que tenían que dividir sus atenciones entre tres barcos, pero que de todas formas fue muy de agradecer como colofón de un buen fin de semana de navegación.
Por mi parte también agradezco a la tripulación el haberse desplazado hasta aquí para compartir estas singladuras, demostrando que Madrid se está convirtiendo en cuna de navegantes, habiendo sumado más horas de navegación en nuestro haber. Todo un placer.

jueves 19 de abril de 2007

Latitud 55º 59´S / Longitud 67º 16´W.

CABO DE HORNOS
El legendario Cabo de las tormentas, mito e infierno de tantos navegantes desde la época en que era ruta de los Clippers hasta hoy.



El brazo de tierra más meridional del planeta que se interna más allá de los “40 rugientes”, al Sur del cual sólo se encuentra la Antártida, separada de este por el Pasaje de Drake. (sin contar, tampoco, las Islas de Diego Ramirez).
Zona en la que los vientos dominantes, generalmente fuertes, soplan del Oeste formando olas que dan la vuelta al mundo sin encontrar obstáculo, hasta que se topan, desde el Pacífico, con la corta plataforma continental. Si a esto le sumamos el efecto contrario de la corriente, hace que la mar llegue a arbolar en olas gigantes, a veces hasta de más de 30 metros. Siendo además, con frecuencia, punto de reunión de borrascas. En fin, el típico lugar de veraneo ;-)









Hoy día es paso habitual de alguna de las grandes regatas a vela, hito que aún se celebra con alborozo y con el que poco a poco sigue aumentando el número de “caphorniers” que adquieren el derecho de colgarse un pendiente en la oreja, junto al de, como marca la tradición, orinar a barlovento. Estas latitudes son el hogar del Albatros, ave talásica que también según la tradición marinera, representa el alma de los navegantes que murieron en el intento de cruzar el Cabo de Hornos, donde en honor de los cuales hoy se erige un monumento alegorico.











Quizá esas leyendas e Historia que lo envuelven sean el imán, a pesar de todo, que haga que a mí, como a tantos otros, nos siga atrayendo, aunque sólo sea la idea de navegar algún día guiados por la luz del Faro del fin del mundo.


miércoles 18 de abril de 2007

Y van tropecientas

Pues sí, hace tiempo que perdí la cuenta de las veces que he bajado y subido a lo largo de la “Costa da Morte”… y no me canso de doblar una y otra vez sus cabos, evitar sus piedras o cruzar sus rías, solo o acompañado, como esta última vez en que de nuevo me acompañó mi hermano, que a falta de piloto automático bien está… ;-)
(es broma, macho.) Como es menester aprovechamos un Nordestito para bajar un coqueto Bavaria 30, del que destacaría su habitabilidad y velocidad para tratarse de un crucero de 9,45 m., con el que tardamos 20 horas en hacer unas 120 millas. No está nada mal.
Entre pitos y flautas, como siempre, salimos del Puerto de Sada a medio día con poquito viento, entablándose más tarde en 18-20 nudos de popa. El recorrido, como tantas otras veces: Islas Sisargas por dentro, Punta Nariga, El Roncudo, Cabo Vilán, Cabo Touriñán, al través del cual anocheció. Después Fisterra, Corrubedo, Islas de Ons y Onza por fuera y meterse en la Ría de Vigo por el Canal Norte, entre Cabo Home y las Islas Cíes, amaneciendo ya en la ría y llegando al R.C.N. de Vigo a las 08:00h.
Tranquiliza, ver pasar por encima, aunque sólo sea de vez en cuando y en simulacros, al helicóptero del S.A.R. Si las cosas se pusieran verdaderamente feas, se la jugarían por tí. Espero no tener que necesitarlos núnca. Ya bastante trabajo tienen. Lo malo de hacer esta ruta en días de diario son los pesqueros, auténticos dueños del mar, por derecho o no, y sus aparejos, con los que minan la costa, señalizándolos casi siempre, por no decir siempre, de forma nada ortodoxa. Así que es habitual encontrarse palangres o nasas señalizadas con botes de lejía descoloridos por boyas. Unas veces medio hundidas, otras en cambio en el extremo de metros de cabo flotante, prácticamente imposibles de ver, convirtiendo la navegación litoral en una lotería, sobre todo de noche, siendo más grave yendo a motor. Motivo por el cual conviene llevar siempre a bordo un neopreno, gafas de bucear, linterna sumergible y un buen cuchillo. El agua está fresquita por aquí.






Afortunadamente, en esta travesía poco usamos el motor y no cogimos ninguno, pero de todas formas ahí están. Creo que les saldría más económico señalizarlos convenientemente antes que perder tantos aparejos como deben perder por causa de las hélices y los cuchillos. Tampoco entiendo por qué, estando reglamentado, no les obligan a cumplirlo. Mientras tanto, por mi parte no lo dudo dos veces, aparejo que enganche con la hélice, aparejo que tendré que picar.
¡“Pobriños mariñeiros”!...

martes 17 de abril de 2007

CON SABOR A MAR...

En unos días en los que el mar está cada vez más lleno de plástico, y no me refiero a la basura, que también y mucha, sino a los barcos, con su olor a fibra. Lleno de ruidosas motos acuáticas o afiladas motoras de diseño y cubiertas forradas de colchonetas con olor a bronceador.
Unos días en que las marinas cada vez son más asépticas, protegidas de los coches por barreras automáticas y del mar por espigones de bloques de hormigón. Con sus restaurantes de moda y terrazas llenas de sombrillas donde se escuchan conversaciones sobre titulaciones, modelos y precios.
En los que los faros están automatizados y las sirenas son de gas en botes desechables.
Parece que se está perdiendo ese halo marinero, romántico sin duda, de olor a madera embreada y agua salada, del sonido de las velas de lona al flamear, del rechinar de cabos de cáñamo o esparto al tensarse, de los cantos insondables de ballenas, del crujir de las tablas de cubierta o del sonido de las campanas de bronce en la niebla… La imagen estereotipada del farero ermitaño que cada noche enciende puntual su faro, o de las tabernas portuarias con sus metopas de viejos barcos en las paredes, con olor a cerveza agria y tabaco de pipa, donde se podían escuchar viejas historias de naufragios y de mar.




Si Melville, Conrad, Poe o London levantaran la cabeza…
En estos días que corren, y pecando de romántico soñador, se echan de menos, quizá aún sin haberlas vivido, todas esas cosas, esas imágenes, esos sonidos y olores con sabor a mar.








viernes 13 de abril de 2007

Otro "Loco" también sobre viejos cacharros...

Aunque no incluido en mis "siete magníficos", no cabe duda que falta uno más en la lista, como los tres mosqueteros que eran cuatro, no Alexandre sino el gran Vito Dumas, otro de los primeros "mounstruos" solitarios y sus "Lehg", nombre de dos de sus famosos barcos que ya lo delatan como Argentino, con esa grandilocuencia caracteríastica, ya que además de un tipo de barco noruego son las iniciales de Lucha, Entereza, Hombría, Grandeza. Sin duda las cuatro palabras lo definían.
No obstante flota una leyenda negra sobre este gran navegante que llegó a adquirir cierta fama de cenizo, quizá por sus numerosos infortunios en el mar, hasta el punto de extenderse la superstición según la cual trae mala suerte incluso llevar algún libro de él a bordo.
Personalmente creo que el problema viene de su osadía al enfrentarse a los océanos con tan pocos medios, cargado sólo con grandes dosis de voluntad y resistencia.









LEHG






LEHG II

Motivo más que suficiente para quitarse el sombrero ante este navegante que recorrió los océanos en solitario entre 1931 y 1955, héroe nacional en su patria y alguno de cuyos barcos descansan actualmente en el museo de Luján.








"Antes de abandonar mi barco, lo abarqué con la mirada, a él, que fue mi compañero de pesares y alegrías, y como último adiós al que ya nunca volvería a surcar las azuladas aguas de los mares y juntos ser bañados por las tormentas de los trópicos." V.D.

jueves 12 de abril de 2007

NAVEGANDO POR LA CORNISA CANTÁBRICA

Una nueva incursión en el Cantábrico para llevar un 37´ desde el Puerto de Sada hasta el bonito pueblo de San Vicente de la Barquera, junto con tres tripulantes reclutados entre familia, amigos y allegados.
Aunque siempre es importante la previsión meteorológica, en esta ocasión había que salir el Lunes 2 de Abril o el Lunes 2 de Abril, así que salimos el Lunes a media mañana, con sol y la ría plana, hasta que sacamos el hocico doblando el Cabo Prior, a partir de donde fue aumentando la mar y el viento de proa llegando a los 30 nudos, como así estaba previsto, y sólo empezó a amainar pasado el imponente Cabo Ortegal con sus Agullóns.CABO PRIOR
Entre medias habíamos dejado atrás Punta Candelaria, cerca de la entrada a la espectacular, no por su tamaño sino por su belleza, Ría de Cedeira, además de la costa en cuyos acantilados, los segundos más altos de Europa, se encuentra casi colgando la pequeña aldea de San Andrés de Teixido, del que el dicho popular recuerda que “vai de morto quen non foi de vivo”, así que si alguno de nosotros aún no había ido, ahora ya cumplió.
PUNTA CANDELARIASAN ANDRÉS DE TEIXIDOACANTILADOS DE LA SIERRA DE LA CAPELADA
Entre Ortegal y la Estaca de Bares la mar se adecentó notablemente, lo mismo que el viento, aunque roló hacia el Este, con lo que seguíamos navegando con viento de proa, a motor y la vela mayor algo recogida. CABO ORTEGAL
AGULLÓNS DE ORTEGAL
A partir de ahí arrumbamos hacia el Cabo Peñas, ya en Asturias, y la costa se fue separando de nosotros, hasta volver a converger con ella en Peñas. El atardecer se fue echando encima a la vez que las condiciones se iban calmando, pero para romper la monotonía, a un tablón se le dio por cruzarse en nuestro camino. Primero escuchamos algo golpear el casco, inmediatamente pusimos punto muerto, pero el motor se paró. ¡Vaya por Dios! No vimos ningún aparejo de pesca, pero sí un trozo de tablón flotando por popa, en mi opinión no lo suficientemente grande como para parar el motor. Volvimos a arrancar y al darle avante despacio de nuevo se detuvo. Buenooo… esto empezaba a olerme a tener que meterse en el agua. Nada en la sentina del motor. ¿se habrá dañado la hélice? Una última intentona, y al dar avante apareció “la madre del cordero”, el resto del tablón que habíamos partido, un madero de unos dos metros salía flotando por popa.
Ahora el motor volvía a funcionar bien, y a mi hermano, siempre tan práctico él, se le ocurrió que deberíamos recogerlo por si finalmente resultaba haber algún daño presentarlo como prueba al seguro. Tras un par de intentos lo subimos a bordo y seguimos camino.
La noche estuvo agradable, con el frío normal, y tranquila al menos durante la primera guardia, ya que durante la segunda al parecer nos metimos entre un guirigay de unos cuarenta pesqueros que andaban a la xarda (caballa), con sus luces de faena y focos de cubierta cual verbena dando vueltas. Cuando me desperté y volví a subir a cubierta ya estábamos abandonando la fiesta. Bueno al menos ha servido para manteneros entretenidos. No hay como meterse entre cuarenta pesqueros faenando para mantenerse despierto ;-) CABO PEÑAS
Con las primeras luces del amanecer ya nos encontrábamos en Cabo Peñas, justo antes de Gijón, y alguno de los pesqueros, de vuelta, nos alcanzaban por popa, a carreras hacia sus respectivas lonjas.
Con la aparición del sol llegó una suave brisa del Sur que nos permitió desplegar también el génova. Momento realmente agradable, sentado en el balcón de proa navegando rumbo Este por la estela del sol. ¡qué placer! El resto del día transcurrió tranquilamente simplemente haciendo millas navegando a cierta distancia, paralelos a la costa asturiana. Únicamente destacar la cantidad de troncos y maderos varios que nos encontramos flotando a la deriva, debido a las últimas riadas producidas por las lluvias recientes en la zona. A última hora de la tarde arribamos a la estrecha bocana del puerto de San Vicente, justo en el momento del repunte de la pleamar, pero aún así entramos con mucho cuidado. Una vez dentro, se abre una aparente bahía que en realidad es un estuario, que con marea baja se convierte prácticamente en un arenal, reduciéndose la zona de agua a poco más que la parte del muelle pesquero y un par de estrechos canales de desembocadura fluvial, en uno de los cuales debía quedar fondeado el barco. Esperamos casi una hora a que viniese un chico local para indicarnos el camino, ya que el canal no estaba señalizado, pero dado que la marea empezaba a bajar, decidimos seguir el canal con el plotter ayudados con la sonda y dos tripulantes en la proa.
A pesar de los casi dos metros de calado del barco, llegamos a las boyas del fondeo sin excesiva dificultad, y digo boyas porque debido a la estrechez del canal debía quedar amarrado de proa y popa. A destacar la exactitud del plotter (y del diferencial) que nos indicó con toda precisión el camino.
Una vez baldeado y arranchado el barco, y de cambiarnos, desembarcamos a bordo del “bote saltarín” del chico local, que nos dejó en tierra, donde celebramos el final de la travesía y la entrega del barco cenando ya en compañía del nuevo armador. ¡Qué bien entra un solomillo y un Rioja cuando llegas del mar!
(sino también ;-).

domingo 1 de abril de 2007

La toma de La Rochelle

Hace ya algunos años de este viaje, del que guardo agradable recuerdo, quizá no del todo ejemplar en cuanto a lo que allí aconteció, pero más perdimos por culpa de los franceses en Trafalgar.
La verdad es que no recuerdo bien qué año corría, creo que fue el verano en el que Indurain ganó su tercer o cuarto Tour de France. Así que debía ser el 93 ó 94. (Dato que también ayudó en nuestra contra. ;-)
El caso es que el barco en el que navegaba por aquel entonces, un Sun Fast 52, averió su mástil, por lo que el armador lo organizó para que subiéramos el barco hasta La Rochelle y cambiar allí el mástil dañado por uno nuevo.
Así que partimos a la toma de la Rochelle, (con permiso del Cardenal Richelieu) a bordo del “FastFe”, barco abanderado en una de las Islas del Canal, con seis tripulantes.
Como el mástil estaba tocado no pudimos izar vela durante todo el trayecto de ida, aunque tampoco es que tuviésemos mucho viento, apenas un poco en algún momento de la travesía. Eso hace que no tenga casi nada que contar de esta primera parte de la travesía, salvo un pequeño susto con un cachalote. Durante la tarde del segundo día, ya en medio del Cantábrico, con calma chicha, yo estaba de guardia, y la modorra flotaba en el ambiente ayudada por el ronroneo del motor. Por casualidad iba mirando hacia la proa cuando a pocos metros vi salir del mar un chorro de agua pulverizada. Sobresaltado, dudando de lo que había visto, corrí hacia la proa, y allí estaba, en nuestra trayectoria, un cachalote al parecer adormilado flotaba entre aguas. Corrí de nuevo hacia popa para quitar marcha, poner el piloto en “stand by” y variar el rumbo. Apenas hizo falta, en el poco tiempo que me llevó hacer eso, su gran cola se levantó sobre la superficie del agua y se sumergió hacia la profundidad. No recuerdo si había alguien más conmigo arriba en ese momento, pero después de las carreras sobre cubierta, alguno que otro asomó por el tambucho preguntando qué diablos pasaba. Al explicar que había visto a “Moby Dick” ;-), fruncido de ceño y vuelta a la siesta. Bueno, pero la próxima vez no hagas tanto ruido…(¡!)
Llegamos de noche, pasando entre las islas de Oleron y Ré, después de las cuales el lío de luces entre balizas de canales, faros y las propias luces de tierra, era sibilino.
Suficiente para hacer dudar a cualquier navegante sobre cual de ellas era la enfilación para entrar por el estrechísimo canal de La Rochelle, una vez que habíamos calculado la hora de entrada para coger la pleamar. En todos los grupos es fácil que siempre haya un tonto. Nuestra tripulación no iba a ser una excepción. El nuestro, de los que se equipa de pies a cabeza en Coronel Tapioca, se puso a discutir con el navegante sobre el rumbo a seguir, basando sus afirmaciones en los datos de su magnífica guía Michelín, y eso que teníamos cartas francesas, las mejores que he visto en cuanto a cantidad y claridad de información, incluso formato y calidad de papel.
En fin, lo último que necesita un navegante en un momento así, es tener al lado un tonto con una guía de restaurantes y carreteras, que encima no sabe interpretar. Entre su equipamiento de C.T. había comprado una luz de destellos de señalización de hombre al agua que al parecer aguantaba más de dos días funcionando. Mal sabía que estuvimos a punto de comprobarlo.




A pesar de todo finalmente conseguimos dar con la enfilación que nos guió por el canal hasta la bocana de Port les Minimes, una vasta marina con 3.300 amarres.
¡ C´est La France!
Al día siguiente localizamos al constructor de palos, que nos organizó el plan de trabajo. Teníamos que esperar a la pluma para quitar el palo dañado, llevarlo a una nave para desmontar todo su acastillaje, y montarlo en el nuevo.
Desde el primer día tuvimos encima a un operario de la marina empeñado en que formalizásemos todo el papeleo, llegando a ser un poco pesado incluso borde, así que le fuimos dando largas, diciéndole que tenía que llegar el armador, y en cuanto nos fuese posible iríamos por las oficinas, lo cual era cierto.





Al tercer día dispusimos de la pluma y previamente ya habíamos retirado las drizas, desmontado la botavara y todo lo desmontable, pero para desarbolar teníamos que cambiar el barco de sitio.
Aconsejados por el constructor de palos, cambiamos de ubicación el barco, ya desarbolado, aún dentro de la marina, después de haber aprovechado para hacer gasoil. Momento en que tuvimos un nuevo encontronazo con el borde operario portuario. Tuvo suerte de que le pagásemos el combustible, pero inmediatamente desaparecimos en medio de un bosque de más de 3.300 mástiles, menos uno, el nuestro. Así que ya podía empezar a buscarnos. Por fin llegó el armador, acompañado por nuestro vueltamundista patrón de regatas, para supervisar el nuevo palo. El siguiente día lo pasamos trabajando en la nave desmontando y montando todo el acastillaje, y esa misma tarde se fueron el armador, el patrón y dos de los tripulantes, junto con la guía Michelín. ;-) Dispusimos de un día de descanso que aprovechamos para conocer un poco la ciudad, con su curioso sistema de compuertas para el puerto antiguo, que permite que en su interior permanezcan a flote los barcos aún con marea baja. El sexto día pinchamos el nuevo palo, algo más alto que el anterior y con una jarcia firme diferente, sin crucetas retrasadas como el otro, por lo que antes de partir de Galicia habíamos hecho la obra de adelantar los cadenotes y sus refuerzos internos.
A diferencia del anterior, el nuevo no tenía tensores para los obenques principales, sino que una vez sujetos estos, se utilizaba un sistema hidráulico para levantar el palo desde abajo y se calzaba con unas cuñas en la coz, de forma que permitía controlar y conocer la tensión de la jarcia en newtons y en Kp.
El gato hidráulico no funcionó bien, eso hizo que tuviéramos un día más para preparar la travesía de vuelta, día en que Indurain volvió a ganar el Tour y que nosotros celebramos izando una bandera española con su nombre, cosa que a la gabachada no pareció gustar demasiado. Ya se sabe, con ese chovinismo tan pronunciado que tienen…, pero lo que más les desconcertaba es que el barco tenía bandera inglesa.
El día antes de zarpar llamamos a un amigo meteorólogo y navegante que nos pronosticó sol y moscas para la siguiente jornada. Esa noche hubo una tormenta con aparato eléctrico como no había visto nunca.
Desde que cambiamos el barco de sitio no nos volvió a visitar el operario de la marina, y la verdad es que con el ajetreo nos olvidamos de él, tanto nosotros como el armador.
En esos días éramos algo más jóvenes, y decidimos usar la American Express Oro que nos dejó el armador, en lugar de para liquidar los gastos de la estancia, en darnos un homenaje de despedida en un buen restaurante de la parte antigua de la ciudad.
Para nuestra sorpresa, a la hora de “la dolorosa”, resultó que no admitían American Express, ni oro ni fucsia, ni nada… ya me veía fregando “le vaisselle”, pero por fortuna, uno de nosotros disponía de una normalita Visa, que nos sacó del apuro.
Como son muy profesionales, el constructor de palos, se empeñó, el día de la partida, en que saliésemos a probar el palo acompañados por el ingeniero. La verdad es que resultó muy útil e instructivo en cuanto al reglaje y tensiones que debíamos utilizar en las distintas condiciones. De regreso al puerto el ingeniero debió quedar algo sorprendido, pues entramos a vela, y sin detenernos del todo, aprovechamos una pasada sobre una zodiac amarrada en el pantalán de espera para desembarcarle en marcha, y con la misma, viramos y salimos por la bocana. Au revoir Port les Minimes!!! Hay que aprovechar la marea!
Del operario nos despedimos con un amable ¡Que Dios te lo pague, mon amí! Salimos navegando con buen viento por el canal hacia la bahía formada por las dos grandes islas, en un buen día.
Después de unas horas, ya en mar abierto, escuchamos una llamada por el VHF, por supuesto en francés, para nosotros desde Port les Minimes. ¡O la la!
La primera (y absurda) reacción fue decir. No contestéis, no contestéis…
La siguiente llamada era para una supuesta patrullera francesa.
Caray!, cómo se las gastan, total por tres días de amarre, ya que el resto del tiempo fue en un puesto del “palero”.
En estas andábamos, cuando nos dimos cuenta que de los cuatro tripulantes que regresábamos a bordo, faltaba uno. Inmediatamente después escuchamos unas risitas en el baño de proa. ¡Será cabronazo! Nuestro cuarto tripulante perdido, “M”, estaba ahí escondido con un walki talki. Lo curioso es que en la semana larga que estuvimos en La Rochelle no habló ni j de francés, en cambio ahora le salía hasta acento… ;-)
Sobrepuestos del susto seguimos navegando a vela rumbo a Cabo Ortegal, en unas jornadas agradables y distendidas, con buen ambiente a bordo, ayudados por el buen tiempo. Galicia nos recibió con una importante surada. Nos aproximamos a Ortegal en un atardecer oscuro, con rachas fuertes de ceñida, y después de rizar la mayor y cambiar a un génova pequeño, descendimos la costa gallega navegando a este rumbo con viento fuerte y algunos chubascos importantes, alguno de los cuales no nos dejaban ver ni la proa. Esa madrugada arribamos al puerto de Sada, cansados pero con un reluciente mástil nuevo recién traído de La France.

sábado 31 de marzo de 2007

De nuevo a solas con el "Opium"

Después de unas cuantas singladuras con este barco, pequeño de eslora (con sus 7,60 m.) pero grande en prestaciones marineras, he llegado a establecer una relación con él. Si fuese una persona, podría decir que nos llevamos bien.
Este jueves de Marzo nos hemos vuelto a llevar mutuamente por la, ya conocida para nosotros, “Costa da Morte”. Después de que al “Opium” le hiciesen unas cuantas reparaciones y mejoras en la marina de Ares, ha vuelto de mi mano hasta su puerto base en Riveira, a unas ciento y pocas millas al Sur, en el límite entre las provincias de La Coruña y Pontevedra.
Lo bueno de navegar solo es que no tienes que ponerte de acuerdo con nadie para zarpar, basta con que el barco esté listo y la meteorología lo permita. Este jueves se dieron estas condiciones, nuevamente en un hueco entre dos frentes.
Aunque no se trata de una gran travesía, y de haberla realizado en más ocasiones de las que puedo recordar, me sigue fascinando esta costa, y es divertido jugar con la meteorología a la hora de establecer “tácticas” de navegación. Algo así como hacer “encaje de Camariñas” ;-)
En esta ocasión la previsión se cumplió con bastante exactitud. Salí de Ares a media mañana con viento Norte de unos 17 nudos, con nubes pero sin lluvia. Al salir de la ría el viento aumentó a 20 nudos y las olas crecieron hasta los tres metros aproximadamente, y navegamos a un descuartelar rumbo a las Islas Sisargas. Con la particularidad que esta vez pasaría estas islas por dentro. A pesar de que aparentemente es una sola isla, este pequeño archipiélago está constituido por tres islas: La Grande, La Malante y La Chica, formando un bonito fondeadero en su lado Sur, y separadas de tierra por una lengua de agua de media milla, aunque el paso navegable es un estrecho de 0,2 millas, entre piedras que velan y que no. De entre las que velan, mi favorita es la “Pedra do Lobo”. Deja que te acerques mucho, pero con cuidado, porque puede morder ;-) Saliendo de este estrecho, hay que esquivar unos bajos, “la Carreira” y “el Barizo”, y dirigirse hacia el siguiente Cabo, Punta Nariga, con uno de los faros más nuevos del litoral español, sino el que más. En el parte meteorológico se anunciaba que los vientos del Norte irían rolando hacia el Noroeste a lo largo del día, a la vez que amainando en intensidad, llegando a ser del Oeste al final. Esto hizo que navegase casi todo el tiempo con el viento de través a pesar de ir virando poco a poco hacia el Sur.
Uno puede pensar que va solo, pero no es exactamente así, cuando no te acompaña un pesquero, te cruzas con un mercante, te escolta una fragata de la Armada o te custodian desde tierra los enormes molinos de viento. Eso si no te siguen los delfines o te sobrevuelan las gaviotas, mascatos y cormoranes.
Por la noche, en cambio, me dejo guiar por los “electroduendes”, a los que pude captar con mi cámara, no sin cierta dificultad, pues no se están quietos ;-)















La tarde, ya desde Sisargas, quedó muy agradable con la apertura de un gran claro. La mar se fue tranquilizando lentamente y el viento se mantuvo entre 10 y 15 nudos.
Al paso por Vilán nunca puedo dejar de retratar a mi Cabo favorito, como si fuese un monumento, que lo es. Tampoco me puedo resistir a los atardeceres y puestas de sol en el mar, pero esta tarde unas nubes aparecieron desde el Norte para salir en la foto.

Si buenas fueron las condiciones hasta aquí, a partir de Cabo Fisterra, ya de noche, llegaron a ser hasta “aburridas”. La mar tan tranquila que mientras esperaba que el viento se fuera al Oeste, me dejó navegar en popa cerrada manteniendo las velas en orejas de burro sin atangonar, sólo mediante el desplazamiento de mi peso en la bañera, un juego que me mantuvo entretenido un buen rato.
Lo peor que uno puede hacer para que no le invada el sueño es quedarse quieto. Ya de madrugada, superados los bajos de Corrubedo, llegué a una de las zonas que siempre me mantienen más en tensión, la entrada desde el Norte a la Ría de Arousa.
Un laberinto de islas, bajos y canales aderezado con un montón de pesqueros que a esas horas deambulan por ahí.
Por precaución dejé la Isla de Sagres por babor, metiéndome por el Canal del Norte hacia la luz verde del pequeño faro que hay en las Piedras del Sargo para pasar por el Paso del Carreiro, que ya es estrecho, pero que tuve que compartir con un par de pesqueros que salían. Ellos se lo conocen muy bien, pero a mi me pone un poco nervioso coincidir con ellos en tan poco espacio y sin luz. A partir de ahí, todo mi cuerpo se relajó, ya estaba dentro de la ría, así que me dediqué a arranchar el barco, preparar la maniobra de atraque y recoger velas. Todo listo cuando a las 07:00h. entré en el Náutico de Riveira y amarré el Opium en su plaza del pantalán. ¡Hasta la próxima, amigo!

lunes 26 de marzo de 2007

Rumbo a Falmouth

Todo empezó con un mal entendido. Una noche de finales de Enero del 2005 recibí una llamada… Diga?... al otro lado del aparato una voz me hablaba en perfecto inglés.
Creí que era un amigo gastándome una broma… pero me sorprendió su perfecta pronunciación, hasta que entendí que realmente se trataba de un inglés. Estaba en La Coruña con un barco que traía desde Turquía, pero no podía continuar hasta Inglaterra. Después de darme todo tipo de explicaciones concluyó diciéndome que le habían dado mi número y quería que le subiese el barco, así que quedamos en vernos al día siguiente en el puerto.
Como mi inglés es del tipo “toro sentado”, avisé a un amigo para que me acompañase a la cita, después de la cual acordamos subirle el barco hasta Falmouth, en un determinado margen de tiempo.
Y así fue como en Marzo nos juntamos cuatro amigos para salir hacia Inglaterra a bordo del “Manika”, un Oceanis 35, únicamente equipado con una radio VHF.
De los tres tripulantes, sólo uno tenía experiencia, con el que ya había hecho muchas millas. Con el segundo también había navegado unas cuantas, y por ultimo, un amigo de los que se apunta a un bombardeo, pero todos con ganas de navegar, así que estupendo!
Zarpamos en una mañana gris, aunque luminosa, sin apenas viento.
Con el motor y la mayor, como tantas veces, remontamos la costa gallega hasta Cabo Ortegal, punto en que empezamos a dejarla atrás para adentrarnos en el Cantábrico poniendo rumbo a la Isla de Ouessant, extremo más occidental de la Bretaña francesa.

En el mapa meteorológico de isobaras teníamos una borrasca en el centro del Atlántico Norte, desplazándose hacia el Oeste, por lo que esperábamos vientos portantes de componente Sur que aparecieron, tímidamente al principio, anunciados por los delfines y que nos permitieron, por fin, navegar a vela. Así transcurrió la primera jornada, rematada con una noche de viento suave y poca mar, muy agradable si no fuera por el frío.
Durante el siguiente día navegamos a buena velocidad empujados por 15-17 nudos de viento de popa. Cogimos rápidamente el ritmo a bordo, divididos en dos guardias cada cuatro horas. Con lo que pronto estuvimos en medio del Golfo de Vizcaya sin ningún contratiempo.
A la mañana siguiente el viento ya había arreciado hasta unos 20-25 nudos, del Sur clavado, con él la lluvia y según ganábamos latitud, también el frío, hasta el punto que en el interior del barco veíamos el vaho de nuestra respiración.
Ese día me encontré mal, con escalofríos y constantes arcadas, creo que debido a un corte de digestión, por lo que apenas pude salir a cubierta hasta última hora.
En la otra guardia también hubo una baja, en este caso creo que debido a lo que los “gabachos” llaman “mal de mer”.
Al anochecer ya estábamos en 30 nudos de viento y la mar creciendo. El parte meteorológico en el VHF, desde Brest, causó cierta inquietud a bordo. Aviso de temporal del Sur fuerza 9 para el Canal de la Mancha… ¡Vaya! hacia ahí vamos. En ese momento debíamos estar a unas 60 millas al SW de Ouessant, y hubo quien propuso que nos metiéramos hacia Brest, pero no me pareció una buena idea. De noche, con viento y mar, acercarse a una costa tan peliaguda en cuanto a piedras y corrientes, como es la de la Bretaña francesa, y además sin conocerla, no era la mejor opción. Así que eché mano del refranero español… “Donde hay patrón, no manda marinero”. Continuaremos hacia Inglaterra y correremos con la mar y el viento de popa.
Como el viento seguía arreciando, recogimos un poco de mayor y algo de génova. Tampoco teníamos tanta prisa, e iríamos más cómodos. Aún así manteníamos 10 nudos de velocidad. ¡No está mal este barquito!
Afortunadamente ya me encontraba completamente recuperado, no así el tripulante de la otra guardia, pero de todas formas esa noche entraríamos en el Canal y no pensaba abandonar la cubierta.
Al contrario que otros paisanos antepasados que vinieron por aquí, nosotros, sí que hemos venido a luchar contra los elementos… je, je. Esperemos tener mejor suerte que ellos. (el chiste no ha hecho mucha gracia a la tripulación ;-)
La verdad, prefiero cruzar el Canal en estas condiciones que con niebla, más aún sin radar.
Aunque durante la preparación de la travesía estudié las corrientes locales, que varían constantemente en cuanto a dirección e intensidad dependiendo de la hora de la marea, en este momento, con el despendole que llevamos, me traen un poco al fresco. Poco después de media noche ya divisamos el faro de la Isla de Ouessant, y orzamos un poquito hacia sotavento de ella, para buscar el parapeto de la costa bretona, al menos en cuanto a la mar, remontando un pequeño tramo esa costa hasta encontrarnos a unas 30 millas al NW de la Isla de Batz, momento en que trasluchamos para cruzar el Canal lo más perpendicularmente posible.
No encontrábamos momento para trasluchar con la que había montada. Aprovechamos un planeo para hacerlo y todo fue bien, incluso sirvió para quitarnos un poco el frío de encima, que no era poco.
Ahora arrumbábamos hacia Cabo Lizard, ya en la costa inglesa.
Encontramos menos tráfico del esperado, un poco más abundante del lado británico, donde nos cruzamos con varios mercantes y porta contenedores, alguno de ellos enorme, pero la mayoría ya con luz de día. Durante el amanecer del cuarto día fue amainando el viento, y con él la ola, hasta quedar en unos 20 nudos de nuevo. El día se presentaba con buena pinta, incluso con sol, lo cual contribuyó a levantar el ánimo de la tripulación. Supongo que la proximidad de la Gran Isla también ayudó.
Por la mañana pudimos desplegar toda la vela de nuevo y el viento roló un poco hacia el Oeste, lo que nos permitió llevar ya rumbo directo hacia la Ría de Falmouth. El cuarto tripulante volvió a asomar la cabeza por el tambucho. Como nuevo!
Momentos de buen ambiente en bañera, comidita, y como al despiste, se fue vaciando la cubierta. Bueno, al menos uno ha tenido el detalle de quedarse frito en la bañera, que por lo menos hace un poco de compañía. De todas formas se está muy agradable. A primera hora de la tarde se divisa Cabo Lizard por la amura de babor, ya estamos llegando!
La noticia vuelve a revivir a la tripulación y mientras nos aproximamos, disfrutamos de la visión de la costa de Cornualles, tan parecida a la gallega. Finalmente, a última hora de la tarde, nos adentramos en la Ría de Falmouth, Ría bastante estrecha y que se bifurca en dos ramales. Por la ley de Murphy remontamos el que no es, pero como dicen que preguntando se llega a Roma, decidimos interrogar al primer velero que nos cruzamos. Efectivamente, era por el otro lado. La “crew” inglesa del otro barco nos sonríe con guasa, y es que por aquí, desde lo de la “Armada Invencible” aún guardan cierta ironía inglesa para con los españoles. En fin, vuelta atrás. Si es que no sé para qué preguntamos, no tiene pérdida, es como el WC, siempre al fondo a la izquierda.
Con la última luz de la tarde arribamos definitivamente a Falmouth Marina, un sitio precioso ya casi río arriba.
Amarramos en el pantalán de espera hasta que nos asignan una plaza y de cabeza a disfrutar de una ducha caliente de las que te quedas dormido bajo el chorro. Acto seguido paseo hasta el pueblo donde ya sólo estaban abiertos dos típicos pub, así que una pinta en cada uno y de vuelta a la piltra.
Mi mejor recuerdo, no obstante, de este pintoresco pueblo, fue el impresionante desayuno inglés a base de “beans, bacon and eggs” que nos metimos entre pecho y espalda a la mañana siguiente, en un agradable local de su “high street”. El día posterior y cómo perdimos el puntual tren que nos debería llevar hasta Plymouth para coger el ferry de vuelta a España, es ya otra historia.